La distinción genérica y abstracta entre Europa y Asia 

Esta distribución fundada en la necesidad histórica de secularizar el discurso filosófico y social “superior o dominante” ante el desafío de “neutralizar” y de “someter” a la “exterioridad” a ser controlada administrada. En este proceso Francisco María Arouet, Voltaire,(1694-1778),si bien rechazaba la tesis de Montesquieu sobre el valor de las “costumbres germánicas” por considerarlas propias del “mundo bárbaro”, creía confirmar una cualidad propiamente europea de la cual dejó constancia en Le siècle de Louis XIV (1752)Europa era una especie de “gran república “dividida en varios Estados de signos políticos diversos, pero todos unidos por el sustrato común de un derecho público con principios específicos diferentes a los del “resto del mundo”, y “cercanos” entre sí por el “fondo espiritual compartido “que le brindaba una forma de “civilización “singular. 

Europa era representada a modo de un “sistema de Estados” vinculados por una organización no despótica (“oriental”) del gobierno, solventados en su consistencia interna por una “identidad espiritual “que, a pesar de las guerras y los conflictos, la distinguían ante el “resto del mundo” en ideal de una “república literaria”, que subyacía más allá de las divergencias políticas o religiosas; una “sociedad de los espíritus “donde las ciencias y las artes se habían desarrollado en forma ejemplar; el espacio en el que las “academias” habían contribuido a desplegar la creatividad y el saber, donde los sabios y científicos habían podido intercambiar sus conocimientos y actuar en aras de la grandeza del “género humano”. De paso Voltaire también creaba en esta ocasión, a manera de recurso literario, el mito de la “civilización China “según coordenadas de un espacio referencial levantado para avalar su denuncia contra el cristianismo y la contradicción intrínseca de éste con respecto a su Europa idealizada. El autor francés se apartó en este aspecto totalmente de la poderosa tradición teórica que identificaba al “Viejo Continente” con la cristiandad, en carácter de antecedente o al menos de rasgo particular de “lo europeo”, repudiando el componente religioso que interpretaba un fenómeno negativo en tono de “barbarie”. Los “Ilustrados” pretendieron en la cuestión religiosa brindar una respuesta original a través del diseño de un sustitutivo culto eminentemente “racional y laico”. La religión de los nuevos tiempos debería permanecer encarnada en una “ética de vida “definida exclusivamente por argumentación racional, aspiración que en buena parte los habitantes del “lejano oriente” ya habían conseguido, demostrando en esta cuestión una evidente superioridad sobre Europa. La apelación a la “civilización china “se transformaba de esta manera en un recurso (ficticio) comparativo para criticar en forma radical y “objetiva” al cristianismo, utilizando tal contraste en la pretensión de liberar al continente europeo de esa mácula conformada por “supercherías intolerables”.

“El jesuita Mathieu Ricci fue, en las postrimerías del siglo XVII, uno de los primeros misioneros que llegaron a China. Los chinos estaban y están todavía en literatura y en filosofía a la altura en que nos encontrábamos nosotros hace doscientos años. El respeto por sus antiguos maestros les fija límites que no se atreven a rebasar. El progreso en las ciencias es obra del tiempo y de la audacia espiritual: pero siendo, como son, mas fáciles de comprender la moral y se quedaban rezagadas, de ahí que los chinos, que se han ciencias y el primer pueblo de la tierra en moral y civilidad, así como los más antiguo”. Voltaire es un claro ejemplo de lucha donde el guerrero queda ata con los mitos de la religión cristiana aplicando un racionalismo inapeable que, en el fragor de la batalla, claudica con aroma a pragmatismo y termina recurriendo a ficciones creadas para combatir los denunciados mitos aberrantes.

En similar sentido Voltaire aplicaría su criterio en oportunidad de publicar el Essai sur les moeurs et l’espirit des nations (1753), cuando se ocupó en recorrer “diversos aspectos” de la cultura y los comportamientos de las comunidades asentadas en los continentes del mundo. En su “viaje a través de la historia”, con las crónicas de viajeros y colonizadores utilizadas en muchos casos para describir las costumbres de los “pueblos exóticos”, el pensador francés intentaba confirmar que la temporalidad había tenido para las civilizaciones un sentido de “progreso” superador, verificándose esta “dirección hacia lo positivo” en las transformaciones espirituales, artísticas y políticas.

“Fácil es observar cómo han cambiado las costumbres en casi toda la tierra desde las invasiones bárbaras hasta nuestros días. Las artes, que endulzan los espíritus y los esclarecen, comenzaron a renacer en cierta medida en el siglo XII; pero las más cobardes y absurdas supersticiones, sofocando aquel germen, embrutecían a casi todos los espíritus, y tales supersticiones, difundiéndose en todos los pueblos de Europa, ignorantes y feroces, mezclaban por doquier el ridículo a la barbarie”. La aceptación de un “criterio de uniformidad”, según el cual lo “pueblos de la tierra” en su totalidad podían ser considerados a partir de la misma perspectiva, y de otro de “referencialidad”, por el que Europa establecía su primacía en prácticamente todos los componentes del paradigma civilizatorio (menos en aquellos que el pensador involucrado pretendía provocar cambios sustantivos) fueron dos aspectos fundamentales de la “nueva literatura” en su dimensión crítico constitutiva. Ese esquema con pretensiones de “racionalidad objetiva”, basado en la “uniformidad” y la “referencialidad connotativa”, que había tenido antecedentes formativos y funcionales en la denotación esencialista de los teólogos y pensadores cristianos, sería un recurso aplicado con notoria asiduidad en el futuro por los “racionalistas”, aunque con resultados no siempre contundentes. Esa metodología de configuración del discurso “universal”, que tendría a partir del siglo XVII una repetida historia, intentaba la peculiaridad de una concepción diferente a través de la pretensión de utilizar la novedosa disposición de una “racionalidad científica” y libre de “falsos ídolos”. 

memoryOfAges

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