El prejuicio que favorece a las ciudades de nombre conocido y que son históricamente famosas en la antigua Grecia

Este hecho afectó desfavorablemente a los prehistoriadores del pasado en la misma medida en que hoy afecta a los especialistas en el período clásico. Es satisfactorio excavar en un lugar mencionado por Homero, y casi todo está en Pausanias. La palabra «ciudad» puede ser un término equívoco para calificar un núcleo que a veces era más pequeño que un pueblo moderno, y nos engañamos flagrantemente al emplear un término idéntico para referirnos tanto a las aldeas fortificadas del Peloponeso como a Atenas. En otro sentido, exageramos la importancia de ésta, en gran medida porque es la capital moderna, y muchos arqueólogos y helenistas la prefieren a las provincias. Se conocen los emplazamientos de hasta las ciudades más pequeñas de la antigua Ática; en cambio, el resto de Grecia no estaba relativamente tan poco poblado como poco excavado está en la actualidad.
Los prehistoriadores, puesto que no se han visto tan obligados a depender de la literatura, técnicamente afinan más que los estudiosos del período clásico IS arqueología. En este siglo se han liberado finalmente y están más avezados a las disciplinas propias de la del fantasma de Homero y van perdiendo interés por la mitología. Sólo cuando los resultados del trabajo arqueológico comenzaron a emerger en profusión, independientemente de las sugerencias de los textos de Homero, fue posible ver en qué forma la Grecia prehistórica y el poeta se relacionan. Mientras que aquélla se estudiaba basándose en éste, prevaleció la confusión. Es probable que la arqueología clásica tenga que sufrir todavía un proceso semejante, dando menos importancia a nombres e interpretaciones prestigiosos y centrándose más en las pruebas físicas, en lo que las propias piedras quieran contarnos. Deberá ser un trabajo más sociológico que e1 que se ha acostumbrado a hacer.
Algunas de las cosas que todavía no conocemos, después de tantos siglos, sorprenderán quizás a los no especialistas: no poseemos un estudio completo sobre el uso de los mármoles griegos; las antiguas fuentes del bronce, e incluso del oro, en gran medida son aún materia de conjetura; apenas hay estudios estadísticos. La historia física de la casi totalidad de los grandes santuarios de Grecia, durante uno u otro momento crucial de su existencia, es dudosa. Las únicas cuasi excepciones a esa regla general son la Acrópolis de Atenas y, tal vez, Delfos. Cada generación de helenistas ha cometido sus errores estéticos. Las restauraciones de Minos encargadas por sir Arthur Evans en 1900 tienen, por decirlo en términos educados, un aire de belle époque: el dibujo que hizo su ayudante, Piet de Jong, de la sala del trono de un palacio de Micenas, parece una muestra del decorativismo más mediocre de la época. Como ejemplo de los errores de juicio estético del momento actual cabe citar que muchas de las recientes fotografías de esculturas griegas arcaicas dan a las piezas un aspecto escandalosamente bonito. Sólo ahora, cuando ya es casi demasiado tarde, empiezan a tomar sus justas proporciones Píndaro y sus valores; y en un momento en que deseamos valorar los antiguos poemas como tal poesía, comparable a cualquier otra, demasiado a menudo las traducciones son deficientes.
LAS CIVILIZACIONES DE LOS DE CRETA Y MICENAS
En la actualidad, y por la acumulación de pruebas arqueológicas, se han aclarado muchos aspectos de la vida entre los años 2100 y 1100 a.C., época del florecimiento de Cnosos y Micenas. Bastante antes de 2000 a.C. ya había indoeuropeos en Grecia. Pero algunos de los interrogantes más acuciantes permanecen sin respuesta. Las ásperas controversias sobre algunos temas y la tenue capa de pruebas, más sugestivas que sólidas, que cubre otros, han dificultado aún más la interpretación de los acontecimientos ocurridos durante esos 1.000 años. La escala de tiempo empleada por los arqueólogos (véase la tabla cronológica con que se inicia este libro), debido a la falta de fechas y conocimientos precisos es ligeramente diferente en Creta, en las demás islas y en la parte continental. Sin embargo, a finales del período, cuando Creta había alcanzado una gran influencia inter-nacional, ya se había unificado la escala temporal para todos los territorios y buena parte de Grecia empezaba a tener una historia única.
En el extremo sur de la zona continental apareció, relativamente tarde, alrededor de 1700 a.C., la primera dinastía micénica, el primer pueblo del que se sabe que habló griego, cuando ya existía la civilización de los palacios en Creta y su influencia se propagaba de isla en isla hasta el Próximo Oriente. La primera noticia micénica en la conciencia histórica moderna fue espectacular: el gran círculo de tumbas de fosa de Micenas. No se ha encontrado allí ningún palacio contemporáneo, quizá porque no existió ninguno. En la misma época, en otros lugares de Europa tampoco hubo palacios asociados a sepulturas de guerreros. De acuerdo con nuestros conocimientos, los primeros señores micénicos debieron vivir en tiendas o en chozas de madera. La ciudad cuyas ruinas han perdurado fue construida más tarde y no se fortificó hasta el siglo XIII a.C. Por esa época varias mansiones situadas fuera de Micenas fueron destruidas por el fuego; y se excavaban los profundos pozos existentes tanto allí como en Tirinto y en Atenas, bajo la acrópolis. Los palacios micénicos que mejor conocemos -Micenas, Pilos y Tirinto fueron edificados hacia el final del período micénico, no al comienzo de éste.