La moral épica

El instrumento de esta fuerza es el propio hexámetro. El utilizado por Homero apareció posiblemente en Grecia oriental, pero ya en tiempos de Homero, en el siglo VIII a.C., había sido perfeccionado por muchas generaciones de poetas anónimos. De hecho, el propio nombre de Homero es un enigma. No podemos decir con certeza ni siquiera que el autor de la Ilíada y la Odisea fuera el mismo poeta. Mucho más tarde aún se componían poemas épicos y subépicos empleando el mismo verso. Los llamados himnos homéricos son, con certeza, posthoméricos (el último de ellos, de cierto mérito, el himno a Pan, fue escrito probablemente alrededor del año 500 a.C.), si bien conservan muchas características del poeta, el mismo interés por los lugares, la misma coincidencia con la realidad y, en ciertos pasajes, bastante talento de su misma índole.

La genuina poesía clásica y popular se transmite por la memoria y las adaptaciones, de cantor a cantor. Florece en una sociedad analfabeta y sus reglas y tradiciones morales reflejan el mundo moral de unas sociedades hoy casi desaparecidas. El honor lo preside todo y la riqueza equivale a un venerable prestigio. El príncipe protege a su pueblo y arriesga su vida. Los valientes mueren jóvenes. Las reglas de la sociedad, por ejemplo, el deber de la venganza sangrienta y la superioridad del valor físico, son absolutas. Los héroes épicos son como soldados de hojalata con corazón humano y la inteligencia de un niño. Para ellos es impensable una sociedad diferente. La magnanimidad es una regla que contrapone a otras normas. Pero, desde luego, las sociedades cambian siempre, nunca son totalmente estables. En la poesía de Homero los héroes son casi libres: las leyes pueden sentirse como injustas, pero no alterarse del todo. El final de la Ilíada, cuando Aquiles consiente en entregar el cadáver de Héctor a su padre, es de una inmensa fuerza, precisamente porque se resalta que la compasión se ha impuesto a las conflictivas normas de la comunidad. La fuerza de la Ilíada resulta dc esta tensión. Homero sabe, y sus personajes son casi conscientes de ello, que el mundo de la guerra de Troya es aterrador, infernal; sin embargo, el poema sigue su curso inexorablemente.

La poesía épica oral se vale de un vasto repertorio de frases convencionales que se adaptan, conformando nuevas frases y versos. El estudio de la manera en que reaparecen nos dice algo sobre cómo actuaba la mente de Homero. El rey griego Agamenón dice: «Llegará el día en que la sagrada Troya perezca» y Homero, más tarde, utiliza de nuevo esta frase. La pone en boca de Héctor, que parte a la lucha sabiendo que finalmente morirá. Hasta Aquiles sabe que ha de perecer. Ha elegido la fama y la muerte en plena juventud en el campo de batalla. Sin ese tono sombrío y sin la compasión que un vengativo héroe homérico apenas si puede mostrar, Aquiles sería intolerable. Con el fin de que Aquiles manifieste compasión, el padre de Héctor, Príamo, suplica que se le devuelva el cadáver de su hijo.

No es de estañar que resulta difícil hacia el origen de muchas de las convenciones homéricas Por Las sagas noruegas y la poesía épica irlandés y de Au central es posible comprobar que cada poema tiene un largo desarrollo orgánico y pierde hojas y ramas durante su transcurso, cada vez para un auditorio diferente y cada adaptación intenta dar sentido a un maternal dado. En la Ilíada hay algunas contradicciones evidencies, así, por ejemplo, cuando el mismo héroe como dos veces en una tarde. Tales contradiciendo se producen a causa de las reelaboraciones. Ni siquiera sabemos con certeza en qué momento se escribieron los poemas de Homero. Lo que parece x privativo de la obra homérica, toda la épica que se ha conservado en la literatura universal, es que tomó forma permanente, se supone que escrita, cuando la tradición de las composiciones épicas y de su transmisión oral se hallaba indisociablemente en todo su vigor. La tradición de la poesía épica, compuesta y transmitida de boca en boca, ya no florece cuando existe un público capaz de leer. Sin embargo, no exactamente la escritura lo que destruye la epopeya adicional; o al menos, no es algo que ocurra en el transcurso de una generación. Más bien se trata de la ley escrita, de la nueva organización social y de todas las transformaciones de una sociedad humana en que va implícita la expansión de la capacidad de leer y escribir. Al mar hacia atrás del mundo homérico nos resulta nebuloso. Se alza en cl límite de una gran indefinición. Tiene una frescura y una pureza que asociamos a los comienzos. Sin embargos nos de hacer justicia a la edad oscura. debemos considerar la Ilíada como su estrella no como el lucero del alba de una nueva época

 

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