El archivo de Cnosos

El importante archivo descubierto en Cnosos nos informa hasta cierto punto de la economía de un palacio cretense. Las tablillas de arcilla están grabadas con la escritura llamada lineal B, lo que en Creta sólo se da en Cnosos, pese a haber sido también la usada, en el continente, en los palacios micénicos. La escritura lineal A todavía sin descifrar, y de la cual la lineal B podría ser una adaptación, se da en toda Creta entre los años 1700 y 1450 a.C. Parece como si los micénicos hubiesen tomado de Creta más de lo que ellos llevaron allí, lo cual es bastante característico de su aparición como pueblo en Grecia. El período de su denominación, que es el de las tablillas de lineal B de Cnosos (hacia 1400 a.C.), se caracterizó por las penalidades, los problemas militares, el progreso de los oficios y la decadencia del arte palatino. Los pintores de frescos en los muros de los palacios centraron su atención en los soldados y las escenas bélicas, mejoró la fabricación del armamento y se refinó el material cerámico, pero bajó la calidad de la decoración.

Las tablillas de lineal B de Cnosos revelan que la agricultura era la base de la riqueza. Las ovejas se contaban por cincuentenas, la lana se calculaba en múltiplos de un décimo del número de ovejas de un rebaño, o un cuarto del número de carneros. “El gobernante era un rey, pero en la distribución de grano o tierras había un consejo de tres miembros que recibía en conjunto una parte equivalente a la suya, y un notable, de rango cercano al del monarca, una similar a la de éstos. Puede que sea cierto, aunque no podemos comprobarlo, que este notable tuviera en sus manos el poder secular, y el rey el de índole religiosa. Había diversos rangos o funciones menores, así como cierto número de oficios y servicios especializados: pastores, cabreros, cazadores, leñadores, albañiles, constructores de embarcaciones, carpinteros, etc. Las mujeres molían y medían el trigo, pero eran los hombres quienes elaboraban el pan. La vida era lo bastante lujosa para que existieran orfebres, mujeres que atendían los baños y fabricantes de ungüentos. Los esclavos podían ser de propiedad individual y tener los mismos oficios que sus amos; las cautivas desempeñaban un importante papel como fuerza de trabajo. El pan, el aceite y el vino eran bienes habituales y, además de las especies ganaderas comunes, se criaba también la cabra cretense. Según parece indicar el grabado de una piedra de sello, esas criaturas patriarcales de altas cornamentas llegaron a usarse en parejas para tirar de los carros, lo cual no debe descartarse del todo. Se desconoce cuáles eran las hortalizas que se consumían en Micenas, pero sí sabemos de una gran variedad de condimentos, incluida la menta, y que en Micenas y Cnosos se comía queso.

La religión micénica

A pesar del considerable volumen de lo escrito recientemente sobre la religión micénica, es notable lo poco que sabemos con certeza acerca de ella. Las ofrendas funerarias, las máscaras de oro o la conservación en miel de los cadáveres, que era el destino de los muertos acaudalados, parecen indicar que existía una preocupación profunda por la vida después de la muerte. Los cultos de fertilidad en las cavernas cretenses, en las que se elegían estalagmitas de apariencia fálica para el culto, reflejan cierta faceta del sistema religioso. Tenemos conocimiento de otros santuarios construidos en pasajes rocosos de la montaña, de difícil acceso. Aún se conservan altares con la representación escultórica de los cuernos de toro de la consagración, e igual sucede con algunos símbolos sagrados, como la doble hacha, que probablemente pertenecía al dios del cielo, y las representaciones de un culto del pilar, cuyo ejemplo más famoso es la puerta de los leones, de Micenas.

El hecho de que tengamos listas de dioses procedentes de los archivos de Cnosos y Pilos, y que tales divinidades posean más o menos los nombres convencionales de los dioses griegos clásicos, apenas ayuda a profundizar en nuestros conocimientos. Al descifrar esta parte de las tablillas de lineal B, e incluso al interpretarlas, más de una vez ha habido que desechar hipótesis apresuradas. Sin embargo, es interesante que hubiera una diosa paloma, que Poseidón fuese importante y que la Ifigenia de la tragedia griega, a quien la mitología relaciona con Hécate, empezara su carrera como una poderosa diosa micénica. Las divinidades recibían ofrendas y tenían posesiones. Es posible que la frase «sirviente del dios», que aparece en las tablillas de Pilos, posteriores a las de Cnosos, signifique agricultor o trabajador del campo. Aun así, cabe decir algo más. Hay una serie de grandes sortijas de oro con un repertorio iconográfico común que, a mi entender, ilustran escenas míticas relacionadas entre sí y narran historias afines. Algunas de ellas aparecen también, en versiones más reducidas, en piedras grabadas. Una de ellas, magnífica, muestra una figura humana entronizada, con un águila a su espalda y una hilera de espléndidos animales imaginarios que avanzan sobre sus patas traseras portando ofrendas líquidas. Sobre la figura resplandece un cielo muy agitado, con rayos, una rueda solar, luna y estrellas; debajo hay unos escudos en forma de ocho. Difícilmente se podría pedir una ilustración más clara del poder monárquico sancionado por la divinidad. La sala del trono en Cnosos, en que el solio central se halla franqueado por los grifos de los muros posteriores, se refiere a lo mismo en términos heráldicos. Y sabemos también que la tradición de las salas del trono custodiadas por tales animales se remonta a 7.000 años atrás, a la ciudad neolítica más antigua de las conocidas en Europa y Asia, Çatal Hüyük, en los montes de Anatolia.

Sin embargo, la mayoría de las escenas de estas sortijas muestran a mujeres o diosas. Unas de las más refinadas presentan una estática danza de figuras femeninas sobre una montaña; otras escenifican ceremonias del culto, mientras que en algunas interviene una planta sagrada descubierta en un monte, o llevada en un barco, o revelada por una diosa. Una determinada escena parece referirse a un águila y un enjambre de abejas. Algunas veces se yergue en el aire un pequeño dios masculino, un trofeo de armas. En una de ellas, muy completa, una dama con una falda acampanada abierta, desnuda hasta la cintura, seguramente una diosa, aparece sentada bajo el árbol sagrado, en la cumbre de una montaña, sosteniendo tres amapolas. Otras tres damas similares, una de ellas diminuta, portan ofrendas de hojas y flores. Erguido en el espacio se halla el pequeño dios masculino. La escena está presidida por la doble hacha. Otra dama diminuta toma frutos del árbol. Es posible que la escena se derive, aunque en libre interpretación, de las pinturas monumentales de un palacio o de un santuario. Del peso y el valor de las sortijas y de su abundancia puesto que siguen apareciendo cabe deducir que expresaban algo de especial importancia. Estas sortijas son demasiado pesadas para ser usadas en la vida cotidiana y sólo se encuentran en tumbas de hombres.

 

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