Ceos, Delos y las cuevas cretenses

Micenas sobrevivió en ocasiones de forma harto extraña. Por ejemplo. en la isla de Caos, situada a poca distancia de la costa, al sur del Ática. hay un pequeño palacio micénico que ocupa la mayor parte de un reducido promontorio. En una de las salas en ruinas poco importante en tamaño y dignidad. había un considerable número de estatuas religiosas. Figuras inexpresivas de sesenta o más centímetros de altura Eran representaciones de diosas o sacerdotisas (una versión de la conocida dama con las serpientes) y configuraban el decorado de un santuario palatino del último período de Micenas. El palacio quedó destruido y las salas se cubrieron de cascotes. En el siglo IX A.C., y no antes, apareció la cabeza suelta de una de las estatuas y alguien la colocó en un círculo de piedras, sobre los escombros que entonces cubrían el suelo. No se efectuó ningún intento de excavar entre las piedras sueltas en busca de las otras estatuas o de los restos de la que hemos mencionado.

En Delos, en un muro clásico tardío, aparece cierto número de graffito de barcos. Uno de ellos corresponde casi exactamente al navío micénico representado en una sortija de oro encontrada en Moclo, y en la que una sacerdotisa o diosa es portadora, sobre las manos, de una planta sagrada. En el muro de Delos, una esbelta dama, de pie sobre la cubierta, difunde una luz o un influjo con la mano derecha. Se trata de Brizo, una diosa del nacimiento, que en Creta era venerada con el nombre de Britomartis. Brizo fue un nombre alternativo de Leto, madre de Artemisa y Apolo. Sabemos que Brizo gustaba de las ofrendas en forma de barco. La falda que viste en el dibujo es seguramente la antigua falda cretense. Es un misterio la forma en que se transmitió la construcción de su barco. El caso de este graffito es tan paradójico que quizá fuera preferible no tenerlo en cuenta, si no fuese por el depósito sagrado enterrado en el siglo VIII detrás de lo que sería el templo de Artemisa, en Delos. El depósito comprende material muy mezclado de diversas fechas, y la cerámica y los pequeños objetos hallados no son suficientes para proporcionar una sucesión arqueológica continua desde la edad del bronce, a menos que el edificio del cual proceden, que fue quizás un templo micénico, hubiera sobrevivido ininterrumpidamente, con la misma u otra utilización, hasta ser sustituido. La palmera del culto de Delos parece indicar cierta relación con el culto micénico a los pilares, y la loba, disfraz de Leto, con los cultos lupinos practicados en Licosura y otras partes del Peloponeso: todos tenían en común un estrato primitivo más o menos determinado. Pero ello no prueba, sin más, la continuidad. El depósito sagrado incluye algunos marfiles orientalizaste, tal vez llegados de Chipre, una curiosa placa de oro de una criatura parecida a la esfinge, aparentemente hitita, una doble hacha de bronce, fragmentos de cerámica algunas caracolas acaso submicénicas y una estatua de bronce del siglo XIII que representa un dios desnudo con un escudo redondo y un arma curva. Las figuras de este último tipo parecen ser de origen hitita; se han encontrado no sólo en los santuarios de Asia y Grecia, sino también en un lugar tan distante como Schcrnen en la Prusia oriental. Son una larga serie y, adaptadas a los mitos griegos, nos proporcionan las primeras representaciones de Zeus y, creo, también de Apolo. Personalmente me siento inclinado a creer que cl templo de Delos fue utilizado sin interrupción, si bien las pruebas de ello no son concluyentes.

Los lugares donde con mayor frecuencia se afirman que hubo una continuidad cultural son los santuarios rupestres, particularmente los de Creta. Es mucho más fácil realizar esta afirmación allí donde no es necesario demostrar la presencia ininterrumpida de habitantes o la permanencia de un edificio. De hecho, a menudo resulta que las pruebas arqueológicas están muy separadas unas de otras a lo largo de los siglos, y no es habitual que los objetos recuperados en cuevas provengan de excavaciones estratificadas. Ante cualquier objeto que carece de un contexto arqueológico detallado, debemos mostrarnos muy cautos. Un lugar excepcional en este sentido es la llamada «cueva de Dicte», en Psychro, en la meseta de Lasithi, en Creta. Pese a que tal vez el nombre esté equivocado, esto es, que no sea la cueva donde se cree que se crio el pequeño Zeus, con seguridad fue un lugar relacionado de algún modo con Zeus. Su única inscripción, en la escritura cretense lineal A, se encuentra en una mesa de ofrendas dedicada, tal vez, a la Gran Madre. Sus dos principales períodos de actividad son la edad del bronce y los siglos VIII y VII a.C., que se ajustan a la cronología de la cueva del Ida (no a la de Camares, también cercana al monte Ida). Desde el siglo VI en adelante estuvo casi olvidada, lo que resulta corriente tratándose de los lugares de culto arcaicos de Creta. No cabe duda de que fue utilizada en el período posminoico. El culto estaba dedicado a una diosa del nacimiento y a un niño y había ofrendas de guerreros, como las que se encuentran en otras cuevas cretenses.

memoryOfAges

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