Arqueología y comprensión moderna de Grecia 

En 1804 William M. Leake, oficial inglés portador de órdenes secretas de su gobierno para intrigar contra los franceses, fue cedido a los turcos a fin de estudiar las defensas de Grecia meridional. En el curso de su empresa hizo la primera prospección de las ruinas y yacimientos arqueológicos griegos. La expedición científica francesa a la región, algo posterior, efectuó un excelente trabajo de la misma naturaleza. Durante el siglo XIX aumentó el interés por conocer los detalles físicos de la antigüedad. La arqueología, aunque su nivel técnico era aún insuficiente, comenzó a abrumar la historia del arte con la diversidad de sus ejemplos y el gusto europeo, saciado de la época de Pericles, comenzó a aventurarse más allá. Hacia fines del siglo, el nuevo e inmenso prestigio de la arqueología prehistórica había comenzado a hacerse sentir. Entre 1868 y 1890 Heinrich Schliemann había realizado excavaciones en busca de la Troya y la Micenas de Homero, pero sir Arthur Evans, en 1900, lo hizo en Cnosos, intentando encontrar un mundo que para los griegos había sido meramente fabuloso, una escritura y una lengua pre griegas. 

excavaciones son más precisas, de mayor alcance, y se ocupan sobre todo del análisis de la información, más que de la recuperación de objetos. Incluso la historia del arte se ha concentrado en mínimos detalles de cambios estilísticos y en la atribución de obras complejas. Las líneas directrices del método de los historiadores del arte se establecieron antes de 1939, y ni siquiera la abundancia de nuevos materiales las ha alterado. Sólo varió gradualmente el centro de atención, que ha retrocedido en el tiempo desde el siglo v al VIII a.C., a medida que llegan a la madurez nuevas generaciones de helenistas familiarizados con el cada vez más abundante material perteneciente a épocas tempranas, particularmente con la escultura, que comenzó a aparecer en la propia Grecia en la década de 1890 y de la que siguen hallándose muestras. Los primeros estudios competentes sobre la escultura griega arcaica no se publicaron hasta el período que media entre las dos guerras mundiales. Como resultado de ello, la arqueología se ha vuelto desconcertante en sumo grado. A obras de arte que, Evans halló las pruebas que buscaba de una antigua escritura en dos semanas, pero transcurrirían más de cincuenta años hasta que la lengua correspondiente se descifrara, interpretándose como una forma primitiva del griego. Mientras tanto las excavaciones de Micenas y Creta se habían extendido mucho más allá del ámbito de los estudios homéricos y, aunque resulte difícil comprender una historia que carece de testimonios escritos, hoy sabemos lo bastante sobre la civilización palaciega de Creta, sobre los micénicos e incluso acerca de etapas muy anteriores de la prehistoria griega como para que nuestra valoración del arte y la civilización del siglo v a.C. que, por supuesto, no admiten parangón sea más ponderada.

En este siglo se han producido más cambios. Primero, en Europa se ha perdido la idea de que una educación clásica es aristocrática. Ya no es lo normal que un o una helenista sean un «caballero» o una «dama»; por lo tanto, han desaparecido silenciosamente varias suposiciones admitidas tácitamente por generaciones de estudiosos. Hay más interés antropológico hacia las sociedades antiguas; domina una visión más crítica de Platón, de los historiadores y hasta de los héroes épicos y los poetas dramáticos. Las si hubiesen sido descubiertas hace cien o doscientos años, tendrían una inmensa influencia y hubieran modificado la idea que se tenía sobre la antigua Grecia, cuando se pensaba que poseía un valor único, hoy no se les presta atención. Tanto la religión como la mitología han perdido claridad en un fárrago de estudios comparativos. Se discute la historia en publicaciones especializadas, pero no existe, desde el siglo pasado, una sola exposición convincente de la totalidad de la historia de los antiguos griegos, y no existe nada acerca de este tema que se halle a la altura de la Historia romana de Mommsen (1854-56) o de la Historia de la decadencia y ruina del imperio romano, de Gibbon (1776-88). Los análisis marxistas han sido más productivos aplicados a la historia de la Grecia tardía que a la de la temprana. Hoy, la arqueología realiza sus mayores esfuerzos intelectuales en un área en la que nadie mostraba interés hasta hace veinte o treinta años: el período oscuro entre la caída de Micenas y las primeras luces de la Grecia arcaica.

Algunos resultados de las excavaciones del siglo xx han sido consecuencia inevitable del tiempo y el dinero invertidos. Sabemos mucho más acerca de ciertos tipos de problemas, los centros de las grandes ciudades y la importancia de las fortificaciones, que nuestros predecesores. La mayor facilidad para viajar ha producido útiles estudios comparativos sobre establecimientos coloniales y comerciales, la arquitectura, el urbanismo, etc. La maquinaria antigua tiene sus expertos y aficionados. En Cualquier gran yacimiento se debería recordar que la arqueología se ha visto obligada a ocuparse do algunas cosas por la simple razón de que estibar allí. Hace cien años, quienes efectuaban las excavaciones eran más aristocráticos, excavaban donde querían y desatendían lo que desdeñaban; a menudo su elección obedecía a razones rebuscadas o falsamente estéticas, mientras que no hay duda de que actualmente se peca, en todo caso, por exceso de rigor. Las oportunidades desperdiciadas no se volverán a presentar. Así, hay muchas cosas de Olimpia que ya no sabremos jamás y son pocos los lugares, si los hay, en que la estructura de una ciudad antigua o incluso sus necrópolis se encuentren intactas. Si el trabajo que hoy se realiza para excavar cada uno de los cementerios de Mégara Hiblea, en Sicilia, llega a terminarse algún día, sería la primera vez que dispondríamos de una información tan completa sobre un establecimiento griego.

 

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