El lugar de Grecia en Europa

De cuando en cuando, a lo largo de la historia, Grecia ha parecido pertenecer a oriente; desde luego deberíamos recordar que desde antes del siglo VII a.C. y hasta 1920, la costa occidental de Asia fue predominantemente griega. Otras veces se ha considerado que Grecia al presentarse frente al mundo persa o turco es la frontera de Europa. También debe considerarse que estas generalizaciones, aparentemente simples, poseen un sólido base geográfico puesto que, en realidad, repercuten en la historia. La mayoría de las ofrendas hechas en Dodona hasta la época clásica consistían en la sencilla cerámica producida más al norte por los balcánicos. Las relaciones de Atenas con Tracia, al noroeste, representaban un elemento esencial en la cultura y en la conciencia de ambos pueblos durante el siglo V, aun a pesar de que en la época clásica en Atenas los tracios fuesen considerados bárbaros (o quizá por eso mismo). Las relaciones de los griegos de los tiempos clásicos con sus vecinos del norte deben enfocarse a través de las ya existentes relaciones prehistóricas entre ambos, así como entre los griegos y sus vecinos del este. La paradoja que mejor ilustra este particular es el tesoro, en el centro de Francia, cuya pieza principal es una considerable vasija de bronce del siglo VI, completa y finamente labrada, del tamaño de un hombre, tal vez realizada en el sur de Italia por un espartano. La interrelación de los griegos con otros mundos en la época arcaica resultó a menudo más productiva que en tiempos posteriores.

Alrededor del año 2000 a.C., cuando para la arqueología se hace evidente un pueblo que hablaba griego y se puede identificar como griego, en toda Europa. Este sistema de clases, con una nobleza que se dedicaba a la guerra y a la caza y que habitaba en grandes mansiones, se mantuvo casi 4.000 años posiblemente hasta 1914. Las residencias características de tal sistema, con grandes pórticos, amplias salas y habitaciones interiores existían en Anatolia y en Europa oriental, así como en Grecia, desde antes del 2000 a.C.; pero fue en ésta donde las grandes salas se convirtieron en el centro de impresionantes palacios. Y, sin embargo, en aquel momento la arquitectura griega no destacaba en el contexto europeo y la misma Troya era menos importante que Stonehenge. Lo que se produjo en Grecia fue un fenómeno particular, pero nunca del todo aislado. Los micénicos de finales del siglo XVII a.C. habían tomado de oriente su orfebrería, así como el carácter sagrado del caballo y quizá también la domesticación de este animal; sus ornamentos de ámbar procedían del norte; sus armas, de Creta o del Próximo Oriente. Pero las armas se difunden rápidamente, y fue precisamente un casco micénico copiado en Germania, el prototipo del yelmo de guerra usado en occidente. Los micénicos medían su fortuna en armas: en una de las tumbas de fosa de Micenas se encontraron 90 espadas de bronce junto a sólo tres cuerpos. En la misma época en un lugar tan remoto como Bretaña, los ricos y poderosos cran enterrados junto a cantidades igualmente desmesuradas de dagas de bronce.

Pese a que en el resto de Europa no se han encontrado palacios como los de Grecia, en muchos lugares las sepulturas de los guerreros son igualmente ricas. Así, el tesoro de Borodino, del siglo XV, al noroeste del mar Negro, contiene lanzas de plata, hachas de jadeíta y cabezas de maza de alabastro. En toda Europa, a los soldados muertos se les sepultaba con plata, oro y adornos importados. Las copas de oro micénicas fueron imitadas en Cornualles. En Rumania había hachas de guerra de plata que, con seguridad, no fueron fabricadas para utilizarlas, y también se ha encontrado una daga de oro macizo que pesa unos 1.300 gramos. Desde Mongolia hasta Bretaña el comercio mundial se realizaba sin interrupción.

Que la Grecia de los micénicos tuviera unos horizontes tan extraordinariamente amplios se debe a su posición geográfica. Por ella, tanto en los tiempos antiguos como en los modernos el destino de Grecia ha sido constituir el umbral entre Europa y Asia, y cada vez que uno u otro de estos dos evidentes vínculos geográficos se ha debilitado, ha sido para revivir posteriormente. A comienzos del siglo v a.C. Grecia estaba casi, pero no en su totalidad, absorbida por el imperio persa, situación a la que Alejandro Magno dio la vuelta. Desde occidente, el imperio romano dominó Grecia por un tiempo, pero ésta revivió y, formando parte del imperio bizantino, se vio sujeta a las influencias orientales, mientras que al misino tiempo sus tentáculos culturales llegaban a la Inglaterra anglosajona. La relativa oscuridad de las relaciones de Grecia con el norte bárbaro es asimismo efecto de la geografía, de las montañas y los bosques. A falta de fuentes escritas, la medida de la aportación que Micenas hiciera a Europa seguirá siendo incierta, aunque seguramente consistió en algo más que las técnicas bélicas, el armamento o las incisiones ornamentales en las cuentas del ámbar. 

 

memoryOfAges

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *