El Montículo Cresap en el río Ohio

Muchos montículos Adena contienen capas múltiples, pues se expandieron poco a poco con el paso de los siglos a medida que se les añadía más tumbas. El Montículo Cresap en el río Ohio, a nueve kilómetros al sur de la adecuadamente bautizada Moundsville, en Virginia Oeste, exhibe ese tipo de crecimiento. En el verano de 1958, Don W. Dragoo, del Museo Carnegie de Pittsburgh, excavó Cresap en una operación de salvamento: Una compañía de carbón había comprado la tierra para montar una planta industrial. La compañía aceptó ayudar con la aportación de cuatro trabajadores y maquinaria para transportar la tierra. Sin embargo, con el fin de salvaguardar el contenido del montículo los excavadores emplearon azadas de mano y badilejos pequeños, arrancando dos o tres centímetros de tierra por vez y luchando en todo momento con las raíces de un algarrobo encaramado en lo alto de la cima. Aunque el montículo era relativamente pequeño 5 metros de alto y de unos 21 metros de diámetro en la base, el trabajo insumió 13 semanas, más del doble de lo que había proyectado Dragoo.
Valió la pena. Dragoo encontró los esqueletos de al menos 54 personas enterradas en tres concentraciones importantes, desde 1 metro por debajo del nivel del suelo hasta 4 metros por encima de él. Unos postes, que dejaron una marca indeleble en la arcilla una vez podridos, y los restos de un hogar indicaban que el montículo se había construido alrededor de una casa ya existente y desmantelada. Los entierros tuvieron lugar allí al menos durante dos siglos, desde alrededor del 200 a.C. hasta el 50 d.C., y abarcaron de simples pozos someros a estructuras de troncos de madera. Al registrar con cuidado las capas y estudiar los hallazgos que revelaron, Dragoo pudo montar un cuadro más preciso de las fases de desarrollo de los Adena. «Fragmentos de información que con anterioridad significaban poco ahora cobraban un nuevo sentido.» Ese montículo proporcionó una historia secuencial en microcosmos de las prácticas funerarias de los Adena, acentuando una creciente sofisticación. Los artefactos mortuorios procedentes de la base del montículo consistían de herramientas y rascadores de piedra desportillada, punzones de hueso y otros artículos utilitarios. Niveles posteriores y más elevados contenían colgantes de piedra, brazaletes y anillos de cobre, siluetas de adorno cortadas de la roca cristalina conocida como mica, que se separa con facilidad en capas finas, y otros productos que habrían sido adecuados como compañía funeraria sólo para los miembros reverenciados de la comunidad. Una capa superior del Montículo Cresap incluso contenía un así llamado cráneo trofeo un espécimen un poco pulido, tal vez el de un enemigo conquistado o el de un antepasado honorable acomodado en el regazo de un esqueleto.
Otros montículos en otras partes aportaron artefactos fascinantes que probablemente sirvieron como objetos ceremoniales para la religión de los Adena. Un tocado hecho con la parte superior del cráneo y los cuernos de un venado o un alce quizá permitiera que el chamán personificara a ese animal. El hueso del paladar del lobo había sido reducido hasta la forma de una espátula es evidente que para desempeñar una especie de mango con los incisivos aún en su sitio. Casi dos décadas después, Webb confirmó su sospecha de que tal vez se llevara en la boca como un tipo de máscara. Los investigadores que excavaban en el Montículo Ayers en Kentucky hallaron una mandíbula de lobo similar junto al cráneo de un varón adulto, con toda probabilidad un chamán.
En este caso, la conexión entre la máscara de lobo y el hombre con la boca mutilada parece sólida, pero los arqueólogos rara vez pueden tener una certeza absoluta acerca de quién era el dueño de los artefactos. Un buen ejemplo es el artículo ceremonial distintivo de los Adena, la pipa. La pipa de un hombre iba con él a la tumba, es de suponer que para servirle en la otra vida. Pero tal como ha señalado Don Dragoo, nada menos que 32 pipas se encontraron con un solo individuo en un montículo. «; Por qué?», pregunta.”; Ese hombre las fabricaba?; Era un modo de rendir tributo al individuo honorable al cual los hombres del clan le entregaban sus atesoradas pipas? ¿Sólo determinados sujetos tenían derecho a una pipa? » Preguntas como éstas constantemente irritan a los arqueólogos que estudian las antiguas culturas indias, pero, como dice Dragoo, «por desgracia muy a menudo la información disponible resulta insuficiente para aportar respuestas positivas». Por motivos aún inciertos, con frecuencia los montículos se levantaban en emplazamientos de casas derribadas. Una vez excavados, los agujeros para postes de dichas estructuras revelan planos de suelo circulares con un diámetro que iba de los 4,5 metros a los 18. Los edificios más grandes tal vez sirvieran como lugares de reuniones rituales. El ángulo de 11grados de los agujeros de los postes indica que las paredes se inclinaban un poco hacia fuera bajo un techo de paja o corteza de árbol, probablemente para impedir que el agua bajara por los costados y pudriera las láminas de corteza atadas a los postes.