El estilo de vida de los Adena

Hogares de esas casas desvanecidas aportan trozos de bayas carbonizadas, huesos de animales y pedazos de comida con siglos de antigüedad. Además, las condiciones secas en algunas de las cuevas y refugios rocosos de Kentucky Ohio, donde es evidente que algunos Adena vivían parte del año, han conservado semillas y materia fecal. Examinados y analizados, esos restos revelan un pueblo que cazaba venados, alces y presas pequeñas, recogía plantas y bayas silvestres y practicaba una agricultura rudimentaria que les permitía cosechar calabazas y girasoles.

Una de las obras de tierra más sorprendentes y conocidas de los Estados Unidos el Montículo de la Gran Serpiente, que ondula a lo ancho de un cerro en el sudoeste de Ohio a menudo se atribuye a los Adena, aunque, como sucede con frecuencia con esta cultura desaparecida hace tanto tiempo, los expertos no pueden aseverar que fueran ellos quienes lo construyeran. Si la figura ondeada, cubierta de hierba de 6 metros de ancho y 1,5 de alto estuviera por completo desenroscada, se extendería casi medio kilómetro desde la cola muy plegada hasta la boca abierta. Es la serpiente efigie más grande que se conoce en el mundo. «; Era un símbolo de la antigua religión de la serpiente en el continente occidental?», se preguntó Frederick Ward Putnam, director del Museo Peabody de Harvard, quien al visitar en 1890el emplazamiento se encontró en un estado de ánimo reflexivo. «Apoyado sobre uno de los enormes pliegues de esta gigantesca serpiente, mientras los últimos rayos del sol, asomados por entre cimas lejanas, proyectaban sobras largas sobre el valle, pensé en las posibilidades del pasado; y experimenté la imagen de un tiempo distante, y con ella la necesidad de interpretar este misterio. Lo desconocido debe conocerse.»

Para conservar el montículo, Putnam recaudó 5.880 dólares de donantes privados en Boston. En 1900, Harvard cedió el emplazamiento de 60 acres al estado de Ohio. El Montículo de la Serpiente, que ahora es un parque público, atrae cada año a miles de visitantes… y un sinfín de especulaciones. El óvalo enigmático que hay cerca de la cabeza de la serpiente, definido de diversas maneras, desde una rana o un huevo a punto de ser tragados hasta la boca abierta de la serpiente al atacar, despierta la curiosidad de todos los que lo contemplan.

El cambio gradual en los Adena alrededor del último siglo a.C. como casi todo su entorno sigue siendo un misterio. Unos cinco siglos después de su aparición, la cultura Adena en Ohio al parecer se metamorfoseó gradualmente hasta convertirse en otra cultura constructora de montículos conocida en la actualidad como los Hopewell, en honor de la granja de Ohio donde se desenterraron por primera vez algunos artefactos. Da la impresión de que los Hopewell continuaron y desarrollaron las prácticas funerarias y otras costumbres heredadas de los Adena, más con el tiempo alcanzaron un nivel sin igual, logrando un sorprendente florecimiento que empequeñeció los formidables logros de sus predecesores.

Los Hopewell llevaron las habilidades de los Adena a cimas nuevas. Fabricaron adornos de metal y piedra de belleza insuperable. En contraste con los simples terraplenes circulares que a veces circundaban los montículos funerarios de los Adena, crearon recintos ceremoniales decreciente grandeza con formas maravillosamente variadas y con figuras geométricas de precisión matemática, plazas y avenidas que a veces se extendían kilómetros. Desde el corazón de su tierra en el sur de Ohio, los Hopewell, mediante el comercio y los viajes, adquirieron e intercambiaron ideas por casi todo el continente al este de las Grandes Praderas. Sin embargo, sus sociedades no constituyeron un imperio político, sino, tal como lo expusiera una vez Joseph R. Caldwell del museo Estatal de Illinois, una «esfera de interacción», un dominio de comercio e ideas compartidas.

La práctica de los Hopewell del montículo funerario y sus correspondientes ceremonias ayudó a unir a las diversas sociedades locales del sur de Ohio a través de tradiciones comunes, y generó una enorme demanda de parte de la elite de objetos ceremoniales y artículos funerarios…y de los materiales exóticos para fabricarlos. Esa demanda sólo se pudo satisfacer por el establecimiento de una extraordinaria red comercial que iba desde las Montañas Rocosas hasta el Atlántico y desde los Grandes Lagos y el Canadá hasta la costa del Golfo de México.

Los métodos de entierro de los Hopewell de Ohio no diferían mucho de los adoptados por los Adena en sus últimos años. Se calcula que tres cuartas partes de los entierros eran cremaciones; otros cadáveres se echaban en criptas de troncos de árboles. Al apilar la tierra de cesta en cesta alrededor de las tumbas, los trabajadores a veces dejaban su propia huella sin darse cuenta. Henry Shetrone, de la Sociedad Histórica de Ohio, escribió de dos casos en los que «encontró cargamentos individuales intactos, donde el trabajador cansado o descuidado los había dejado caer en el montón común con la cesta incluida».

 

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