EL EJERCITO EGIPCIO

La batalla más antigua en la historia de la humanidad cuyo desarrollo puede reconstruirse al detalle fue la que tuvo lugar cerca de la ciudad de Qadesh a orillas del Orontes, en 1285 a. C. Los combatientes eran Ramsés II y el rey hittita Muwatallis; lo que estaba en juego era el dominio de Siria. Al final, ambos ejércitos sufrieron graves pérdidas, pero ninguno fue aniquilado. Ramsés II obtuvo una victoria moral; pero la batalla quedó indecisa. Una de las ventajas que Egipto obtuvo de su singular posición geográfica fue la de una relativa seguridad. Las tribus nómadas de los desiertos, a ambos lados del valle del Nilo pronto dejaron de representar una seria amenaza para la civilización egipcia, altamente organizada y mucho más poderosa; tan sólo en los períodos de inestabilidad aquellas tribus constituyeron una amenaza que hubiera que tener en cuenta. La expansión colonial en la XII dinastía condujo a una serie de intensas campañas y a la construcción de fortalezas en Nubia; pero hasta la XVIII dinastía los egipcios no encontraron una verdadera oposición, y fue cuando bajaron a la arena miliar del Próximo Oriente, luchando por la conquista de Siria y Palestina.

La palabra mesha, «ejército», designaba originariamente tanto las fuerzas militares como las expediciones pacíficas enviadas para Ia extracción de minerales: «agrupación de fuerzas» sería su traducción más correcta. Durante el Imperio Antiguo, cuando surgía una emergencia, se reunía un cuerpo de hombres para apoyar a las pequeñas unidades permanentes y especializadas. La situación cambió en el I Período intermedio, pues la inestabilidad llevó a la creación de ejércitos privados a disposición de los monarcas y al empleo de tropas mercenarias extranjeras. El Imperio Medio ya conoció unidades militares permanentes y bien organizadas, que cuando la necesidad lo requería se completaban con una milicia local. La fuerza consistía principalmente en la infantería, con personal marinero incorporado a la misma. El II Período intermedio y la VIII dinastía fueron testigos de un avance sin precedentes en el desarrollo de las armas, la organización militar (aparición de los carros de guerra, organización de la infantería en compañías de unos 250 hombres), la estrategia y las tácticas. El ejército permanente y sus jefes profesionales empezaron a desempeñar un papel importante en la política. En el Período tardío, su núcleo lo formaron mercenarios extranjeros.

LAS MUJERES EN LA SOCIEDAD

La posición de la mujer en Egipto está claramente compendiada en los papeles que le asigna la primitiva decoración de las tumbas. En la cima de la jerarquía se halla la esposa, y en ocasiones la madre, del propietario de la tumba; aparece vestida de un modo sencillo, pero con elegancia, sentándose despreocupada con su marido a una mesa de ofrendas, en un grupo estatuario o en una falsa puerta. En ocasiones, acompaña a su marido cuando éste inspecciona las obras y trabajos; pero lo más frecuente es que aparezca al mismo tiempo que son presentadas las ofrendas a la pareja; esa distinción puede indicar que de la mujer se esperaba que normalmente estuviera en su casa. En el otro extremo de la jerarquía abundan las escenas o las estatuillas de criadas y mujeres ocupadas en labores domésticas, preparando el pan y la cerveza, hilando y tejiendo. Pero también ésas eran actividades sedentarias, que se realizaban probablemente en los cuartos domésticos de una casa o hacienda. El color amarillo de la piel femenina indica, entre otras cosas, una exposición al sol menor que la del hombre, representado con el color rojo de la encarnadura, y por lo mismo una existencia más encerrada …como les sucedía a los burócratas masculinos que prosperaban.

Pudo resultar peligroso para las mujeres arriesgarse a salir de su casa. En un texto póstumo se le hace decir a Ramsés III: «Yo hice posible que la mujer de Egipto siguiera su camino, que sus viajes se extendieran hasta donde ella quería, sin que ninguna persona la asaltase en la ruta» (lo cual indica que no siempre discurrieron, así las cosas).

En las primeras tumbas, las mujeres están ausentes de las obras más importantes, así como de las diversiones más placenteras; pero tampoco aparecen implicadas en las labores más penosas. Los hombres, por ejemplo, hacen el vino, que requiere mayor esfuerzo físico que la preparación de la cerveza. Excepción hecha de las escenas de mujeres músicas y de las danzas que realizan algunas muchachas muy atléticas, el papel de las mujeres en los primeros tiempos parece muy decoroso, aunque ello pueda deberse al hecho de que no podamos interpretar las fuentes en todo su contenido. Con el Imperio Nuevo la mujer adquiere una importancia cada vez mayor; sus vestidos tienen una mayor elegancia y el contenido erótico de las escenas en que ella aparece es más intenso, aunque siempre severamente codificado. En el Periodo tardío se vuelve al decoro primitivo.

 

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