El mundo de los muertos

El mundo de las regiones inferiores, al que ya nos hemos referido, es una versión particular del reino de los muertos, conocida principalmente por las tumbas reales del Imperio Nuevo. Y como en todas las áreas de la religión egipcia, hay muchas alternativas. Las concepciones sobre la supervivencia después de la muerte del faraón, al que se le asociaba a los dioses, fueron inicialmente distintas de las que se referían al resto de la humanidad, aunque se fueron difundiendo cada vez más entre el pueblo. Su objetivo era identificarse con los dioses, y en particular con Osiris, o incorporarse como un espíritu transfigurado en el ciclo solar como un miembro más de la «barca de millones». La barca nunca se mostraba en toda su integridad, posiblemente porque los seres humanos quedaban excluidos del tipo de pintura en que eso ocurre. Esos dos últimos destinos parece que en los orígenes estaban reservados al faraón, y los textos particulares del Imperio Antiguo hablan en cambio del «paseo por los senderos perfectos de poniente [el reino de los muertos]».
Su motivo central es el pesaje del corazón del difunto en el platillo de una balanza, cuyo contrapeso es Maat el concepto egipcio del recto orden, representada las más de las veces como un jeroglífico; una pluma de avestruz o una figura que es la personificación de la diosa Maat con la pluma clavada en una cinta atada alrededor de su peluca. Si el corazón y Maat se mantienen en equilibrio, la prueba es positiva, y el difunto es presentado triunfalmente a Osiris. Su función era engullir a quienes fracasaban en la prueba, y en una escena del Período grecorromano se representa la deglución. Ahí, sin embargo, las categorías que utilizaron resultan extrañas a la consideración occidental. Entraban en otra forma de existencia, que representaba una amenaza para el mundo ordenado y que se debía combatir.
Las escenas en las paredes de las tumbas eran parte de la provisión o viático para la vida después de la muerte; pero en muchos casos no resulta claro su alcance respecto de la supervivencia, y su contenido superficial es profano. A ello se suma que los enterramientos contenían gran variedad de bienes materiales, incluidas (en los primeros tiempos) enormes cantidades de alimentos, estatuas que podían ser habitadas por el «alma» del difunto como una estatua cultica lo era por el dios y la misma momia cuidadosamente envuelta, protegida con numerosos amuletos, colocada en un ataúd o en un nido de ataúdes y era conducida a la vida mediante el rito de «la apertura de la boca». Muchos de los objetos de las tumbas repetían el motivo del renacimiento en forma simbólica; la idea se expresaba con una enorme variedad de formas. Hasta 400 figuras shawabty, tal vez las más comunes de cuanto nos queda de la antigüedad egipcia, acompañaban los enterramientos. Es ésta una concepción oscura, que no parece formar parte de un cuerpo coherente de creencias, sino que representa más bien una idea aislada. El énfasis en las creencias funerarias fue cambiando, pero pocas desaparecieron. Por el contrario, en las tumbas se utilizaron objetos que correspondían a concepciones muy diferentes.
Los dioses mencionados hasta ahora bien podrían denominarse deidades mayores. Casi todos tuvieron un culto y una zona en la que eran soberanos. Algunas divinidades cósmicas, como Geb, no tuvieron un culto local. Pero hubo también divinidades menores, que sólo se dieron en contextos restringidos. Ambos tienen formas híbridas monstruosas como no se encuentran entre las divinidades principales: Bes como un enano con una cabezota enorme a modo de máscara, y Taweret como una mezcla de hipopótamo y cocodrilo, con pechos aparentemente humanos que le cuelgan y una enorme barriga. Hay además cantidades ingentes de demonios, atestiguados por textos mágicos y funerarios, con nombres muy diferentes y a menudo con formas grotescas. La mayor parte parece restringirse a uno o dos contextos, a un texto particular o a una hora de la noche. La excepción más notable es Apopis, una serpiente gigante, que es el enemigo del dios solar cuando éste pasa por las fases cruciales de su ciclo y que ha de ser derrotada por Seth, el cual la alancea desde la proa de la barca solar.
LA RELIGION
La cultura egipcia está saturada de religión, y la versión oficial de la historia de Egipto es una versión religiosa. En los últimos períodos, hasta la economía estuvo organizada alrededor de los templos; lo que no significa necesariamente que se hiciera más religiosa, ya que con toda probabilidad los templos no diferían de los otros terratenientes. Como quiera que sea, es evidente que el modelo de secularización, que nosotros solemos dar por descontado en el desarrollo de las sociedades, no se dio en el país del Nilo. La institución central de la monarquía acabó por perder su carisma; pero en otros aspectos la sociedad se hizo en cierto modo más religiosa. En Egipto, la religión se divide claramente en la oficial del Estado, de la que conocemos muchos detalles, la esfera funeraria, que también está bien representada, y las prácticas cotidianas de la mayoría de la población.