La nueva humanidad

La nueva humanidad irá formándose y desarrollándose alrededor de las grandes creaciones tecnológicas. Así ocurrió siempre. Los hombres que poseyeron los primeros utensilios, fabricaron los primeros fuegos, hicieron las primeras siembras, domesticaron los primeros animales, construyeron las primeras habitaciones, cocinaron sus primeras comidas, cosieron sus primeras ropas, fabricaron sus primeras herramientas es decir los tecnólogos de la prehistoria fueron los creadores de las primeras sociedades, civilizaciones y culturas. Las sociedades de gran desarrollo tecnológico irán atrayendo a los hombres mejor preparados o mejor dispuestos de todos los lugares del mundo. La técnica es el punto de encuentro de los hombres; es lo que queda después que se ha desvanecido la superestructura de las formas y las ideas. En una obra de arte, como en un descubrimiento, lo que perdura es el tipo particular de técnica que se haya empleado. La técnica se enriquece en la transmisión de hombre a hombre, de pueblo a pueblo, de generación intuye el fondo común de la humanidad. El hombre utiliza este fondo, pero no lo saquea; antes bien, lo aumenta. Cuando alguien descubre una técnica o la inventa su mayor deseo es que se universalice. La técnica es popular por antonomasia; cualquiera puede aprenderla y aplicarla. Sus intereses coinciden con los intereses de todos. Por eso que los países de más desarrollo técnico tienden a ser los más universales, los de mayor influencia en la vida de los demás. En el extremo opuesto están los que podríamos llamar “países folklóricos”, cuyo valor principal es su singularidad. Cuanto más “folklórico” es un país, más atrasado es, y su futuro será más pobre y limitado. Lo folklórico debe conservarse y hacerse conocer, como toda manifestación de cultura que expresa modos de pensar y vivir, pues nada del hombre puede ser extraño al hombre; pero no es base apropiada para desarrollar sociedades pos folklóricas, o sea las sociedades modernas, que son eminentemente tecnológicas. El mundo ha mirado siempre como vigías o lideres a los pueblos y países con gran desarrollo técnico, y por lo tanto con gran desarrollo económico, social, político y cultural. Esta tendencia se acentúa en lugar de disminuir.

Aunque la tecnología abarca todas las actividades de la vida, su mayor impacto en este período inicialmente atómico electrónico es sobre la producción (energía, cosas, alimentos, etc.), sobre las formas de trabajo (mecanización, automatización, etc.) y sobre la expansión del dominio real del hombre (conquista de lugares todavía inaccesibles: en la tierra, en otros planetas y satélites, etc.). En la civilización que hemos heredado, la técnica es todavía un instrumento; o si se quiere, el instrumento por excelencia de la acción del hombre sobre el ambiente. En la civilización que ha comenzado a desarrollarse, el hombre se desenvolverá en función tecnológica, y hará de la máquina un singular vástago suyo. Sus conocimientos y su capacidad de acción serán sin límites. Habrá dejado de ser el mero habitante de la superficie de la tierra, con las consecuencias biológicas que esto ha de acarrearle. De igual modo que los animales y las plantas, estará más expuesto que en el pasado a mutaciones genéticas, que pueden transformar a numerosas especies, sino a todas. Se podría hasta preguntar: subsistirán, ¿serán necesarios al hombre los clásicos reinos animal y vegetal que heredó del pleistoceno? Hace unos 75.000 años el hombre fabricó las primeras piedras de moler. Pasaron 70.000 años antes de que inventara la agricultura. Con la agricultura nació la urbe; y con la urbe, la civilización y la cultura. La otrora minúscula técnica de la piedra de moler integra, así, como pieza de indudable valor, un sistema que da como resultado las grandes civilizaciones y culturas que conocemos.

La ciencia y la técnica son creadoras y propulsoras de cultura; sin ellas, las artes no existirían. Imposible, por ejemplo, imaginarse la escultura sin el cincel y el martillo, y la pintura sin el pincel y el color. El Partenón y las Catedrales no hubieran podido construirse sin un cálculo matemático previo, base de su concepto. La historia integral de las cosas arquitectónica. inspiración técnica. Cada losa, bóveda, muro, mueble, cristal, cimiento, cerrojo, adorno, de las construcciones que nos maravillan por su esplendor, su belleza y su audacia, son parte de instancias de su vida. Los más bellos y fantásticos cuentos de hadas resultan pálidos frente a las concepciones, bellas y fantásticas, de la técnica electrónica. El utensilio y la herramienta han vencido a la varita mágica. La magia se ha desvanecido ante la técnica.

La tecnología moderna constituye el instrumento de una etapa revolucionaria, que se extenderá a todos los campos de la vida del hombre (social, político, económico, cultural, etc.); será un instrumento de elevación y nivelación social; y romperá los compartimientos estancos en que todavía se vive y se trabaja, creando las mismas posibilidades para todos. Podemos decir que se está desarrollando ante nosotros una trascendental Revolución Tecnológica, cuyos antecedentes lejanos son el uso de las herramientas y la domesticación del fuego, las plantas y los animales; y cuya etapa superior comienza con la producción a voluntad de la energía.

 

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