La estela del budismo

A través de la Ruta de la Seda, el budismo fue penetrando paulatinamente en China y, con él, las influencias indias en materia artística. Así, destacan los santuarios budistas que, como en la India, están excavados en la montaña y embellecidos con esculturas de Buda, siempre en posición frontal. El mayor conjunto rupestre es el de Longmen o Puerta del Dragón (siglos VII-VIII), ubicadas al sur de Luoyang, cuyo trabajo abarcó más de 400 años. Tiene más de dos nichos y alrededor de cien mil estatuas de Buda; la más grande de ellas mide 17 metros; la más pequeña, sólo dos centímetros.
Las artes del pincel
En tiempos de la dinastía Han, a partir del año 206 a.C., comenzó a desarrollarse la que sería la más significativa manifestación artística de China: el denominado arte del pincel, en el que se combinaban pintura, caligrafía y poesía. Paulatinamente, los poemas caligrafiados y decorados fueron dando paso a obras puramente pictóricas. Durante los primeros siglos de la era cristiana predominó la figura humana como protagonista, en tanto que a partir del siglo IX se centró exclusivamente en el paisaje. De hecho, el paisajismo se convertiría en el género por excelencia del arte chino.
Pintura en rollos
La pintura china se realizaba sobre rollos de papel, cuya ventaja residía en la facilidad de transporte, pero sobre todo en que permitía desarrollar, como en los fotogramas de una película, una sucesión de escenas correspondientes a un largo discurso pictórico. Para las representaciones de figuras y escenas cotidianas se utilizaban rollos horizontales, en tanto que para los paisajes se preferían los que se extendían verticalmente.
Montañas, flores y aves
La pintura de paisaje adquirió tal relevancia que se convirtió en el género predominante, caracterizado por la ejecución minuciosa y por la fidelidad al original. El refinamiento y la precisión en el detalle que alcanzan las composiciones correspondientes a la época Song (siglos X-XIII) marcarían un punto de referencia que variará en muy
escasa medida en etapas posteriores. Junto a los escenarios naturales enmarcados entre las montañas y los ríos, los pintores chinos sintieron una especial inclinación hacia dos temas ampliamente cultivados: las flores y los pájaros, motivos con los que se decoraban también los abanicos y biombos.
La porcelana
El descubrimiento en el siglo IX del caolín, un mineral arcilloso daría lugar a la consecución de un material blanco, traslúcido y fino, que se convertiría en otro de los grandes medios de expresión artística y cultural en China: la porcelana. Con esta materia se realizarían piezas exquisitamente decoradas de las más di versas formas. Destacan sobre todo las creaciones de la di nastía Song (siglos X-XIII), caracterizadas por su refinad naturalismo; el esplendor de la dinastía Ming (siglos XIV-XVII que llevó la diversidad de formas y estilos a sus más altas cotas y el virtuosismo técnico de la dinastía Qing (del siglo XVII hasta inicios del siglo XX), que fue la que llegó a Europa.
El arte de la esencia
La cultura tradicional japonesa siempre fue relacionada a la china desde sus orígenes, algo que se nota en sus producciones artísticas. No obstante, en el largo período pre budista (5000a.C.-555 d.C.) se desarrollaron una serie de creencias aunadas en el sintoísmo que, junto a la posterior espiritualidad zen, confieren un carácter singular al arte japonés. Éste supone siempre una aclamación espiritual, trasciende la mera realidad exterior para mostrar la esencia.
La influencia del budismo
A partir del siglo VI d.C., y durante los períodos Asuka, Nara y Heian, el budismo se extiende por Japón y con él penetra también la influencia china. A esta época corresponden los grandiosos templos budistas, conjuntos arquitectónicos constituidos por el lugar dedicado a la veneración de Buda (el salón dorado o kondo) y la pagoda, torre con pisos superpuestos y grandes aleros curvados que añaden verticalidad y dinamismo a la tradición sintoísta. Además, contiene una sala de lectura, dormitorios y comedor, pues es el lugar donde viven y reciben su formación los monjes o monjas.
Templos budistas En torno al templo se desarrolla a su vez un amplio abanico de producciones artísticas (murales, textiles, cerámicas), entre las que destaca la escultura en bronce y en madera.
Hitos del primer Imperio
Al contrario que en Occidente, la escultura y la arquitectura no gozan en China de gran consideración, sino que tienen un carácter meramente funcional y derivan de tradiciones foráneas. No obstante, destaca una de sus construcciones arquitectónicas más características: la pagoda. Durante la fugaz dinastía Qin (221-206 a.C.), el emperador Shi Huangdi impulsó la creación de dos de los grandes hitos del arte chino: la Gran Muralla (con una extensión total de 6.000 kilómetros) y el Mauso leo Imperial de Xian, formado por miles de figuras de guerreros en terracota. El tercero sería la Ciudad Prohibida de Pekín, perteneciente al período Ming (siglos XIV-XVII).