La paz en África y Asia

Si bien existen constancias de la intención de Saint-Pierre de incorporar asimismo a los reinos de África y Asia en su plan de paz, la percepción de una Europa como “espacio más preparado para realizar su proyecto” hizo que el autor francés concentrara sus esfuerzos en este ámbito y reservara sus ideas sobre el resto para otra oportunidad (Gilson,1952). El proyecto del abate presentaba el dato de la nueva conformación narrativa en tono más práctico que filosófico y una prueba de su distinción con respecto al discurso predominante era el interés por establecer una lógica entre realidad y aspiraciones.
Todos esos aspectos estaban galvanizados por una dinámica social decisiva, hecho que permitía a Montesquieu concluir que la “última gran diferencia “entre “Europa “y “Asia” era la actitud respecto al trabajo; siendo cate en la primera, pujante, con a fin de actividad permanente; pero restando el “continente oriental”, por el contrario, en especial contraste y malestar por el “apego (del asiático) a la molicie y la inercia”. Pero la distancia fundamental entre Europa y Asia en realidad estaba fundada para el filósofo francés en la posesión por parte de la primera de “la ciencia “y el espíritu “ilustrado” que, agregados al “deseo humanista del Renacimiento”, brindaban al “europeo” una nueva forma de “disponerse y percibir el mundo”. Europa habla identificado un modo radical de sentir y de pensar, cambiando su antiguo fundamento religioso por una actitud que confiaba plenamente en la capacidad racional y práctica para solucionar los problemas de la existencia. “Lo europeo” era sinónimo de arte, ciencia y técnica, esto es, de una cultura distintiva ordenada según los dictados de la razón “universal y objetiva”. El “Viejo Continente “sería, desde esta perspectiva, la “cuna de la civilización “que mostraba a “la humanidad” toda la “forma superior de vida” y el modo necesario y suficiente para alcanzar “la felicidad”. Mientras que las naciones de Europa se refinan incesantemente, ellos permanecen en su antigua ignorancia y no se les ocurre servirse de sus nuevos inventos, hasta que alguien los utiliza miles de veces en su contra (...) Poco hábiles para el comercio, difícilmente toleran que los europeos, siempre trabajadores y emprendedores, vengan a encargarse de ello y piensan que hacen un gran favor a esos extranjeros, permitiéndoles que se enriquezcan”.
La incorporación de la felicidad se convierte en uno de los actos más revolucionarios en toda la historia del pensamiento “occidental”, por sus connotaciones contrarias a los contenidos religiosos y su intensidad definida en términos mundanos. La dimensión la notoria consistencia de religiosa del discurso hegemónico perdía antaño y dejaba libre el terreno frente a la vocación civilizadora de a razón “objetiva”. “todos estos pensamientos hacen que sienta animadversión contra esos da poder, que dicen que obra como nosotros no querríamos obrar por miedo de y en sus opiniones contradictorias, le describen ya sea como un ser perverso. Las principales tesis enunciadas por Montesquieu en sus Lettres tomaron nuevo cuerpo en el Espíritu de las leyes (1748), obra que reservaba a Europa un perfil más específico y certero que el anteriormente postulado. La nueva revelación estaba en este caso anclada en el “análisis histórico” según un movimiento ejecutado desde una “metodología científica”, prospectiva que le permitía confirmar en la “libertad “el constitutivo elemental y modélico de ese continente. La singular “civilización europea” reconocería, desde ese “proceder científico”, sus raíces primarias en las creencias y modos de ser de los “invasores germánicos”, tesis que tendría evolución errática y hasta trágica pero importante en el futuro europeo. El tipo de organización estatal del poder monárquico de una evolución de las “arte del comercio” entre las diversas naciones del continente, de 1expresivo de orientales.
El continente social” contra el “aislamiento”, según recuerda al respecto Chabod europeo en sus textos perduraba fijado ante sí y para “el resto” como el espacio de libertad frente al despotismo, de actividad contra la molicie, de progreso versus la tradición, de “ciencia” ante el “mito” y de “vida. La estrategia discursiva ejecutada por Montesquie es relevante en extremo para una “historia semiótica del pensamiento occidental “porque constituye el más claro ejemplo de diferenciación subjetiva por “atribución de superioridad”, según una dualidad “idéntico-diferente”, que sería aplicada en el futuro también a las poblaciones del continente americano, convirtiéndose en una constante reveladora de la forma dominial de “distribuir virtudes y condenas” del discurso esencialista europeo. Esta forma discursiva implicó de hecho asimismo una modificación elemental de la propia idea de “esencia” que antiguamente era la referencia “objetiva y eterna” de una “quididad” inalienable (denotación determinante), pasando a ser considerada por el discurso racionalista moderno un espacio de imputación de determinadas características o cualidades que formalmente operaban en el ámbito narrativo a modo de dimensión contrastiva (connotación preponderante) para juzgar la “distancia” existente entre “lo correctamente constituido” y “lo extraño o ajeno”.
La distinción genérica y abstracta entre Europa y Asia fundada en criterios políticos institucionales y valores civilizatorios formó parte del esquema teórico de la Ilustración y en última instancia ello respondía la necesidad histórica de secularizar el discurso filosófico y social “superior o dominante” ante el desafío de “neutralizar” y de “someter” a la “exterioridad” a ser controlada-administrada. En este proceso Francisco María Arouet, Voltaire, (1694-1778), si bien rechazaba la tesis de Montesquieu sobre el valor de las “costumbres germánicas” por considerarlas propias del “mundo bárbaro”, creía confirmar una cualidad propiamente europea de la cual dejó constancia en Le siècle de Louis XIV (1752): Europa era una especie de “gran república” dividida en varios Estados de signos políticos diversos, pero todos unidos por el sustrato común de un derecho público con principios específicos diferentes a los del “resto del mundo”, y “cercanos”.