¿Qué dejó el Homo habilis en su sótano?

En primer lugar, gran cantidad de cabezas de pescados y huesos de cocodrilos, junto a los rizomas fosilizados de plantas de papiro, indicando que, en un lugar, al menos, vivía cerca del agua y obtenía algo de alimento de ella. Otros sitios contienen huesos de flamenco, lo que indica que el agua cercana era un lago, que era poco profundo y ligeramente alcalino como muchos lagos del África oriental son actualmente, ya que sólo tales condiciones producen las diminutas criaturas marinas que comen los flamencos. En Olduvai han sido identificados diez lugares de concentración, además de alrededor de setenta que contienen fósiles o herramientas, diseminados a lo largo de un tramo de veinte km en la garganta. Un terreno tiene sus restos culturales colocados de una manera muy peculiar. Hay una densa concentración de pedazos y astillas de la manufactura de las herramientas mezclados con gran número de pequeños fragmentos de huesos de animal destrozados, amontonados en un área toscamente rectangular de aproximadamente 4,5 m de ancho y 9 m de largo. Rodeando este rectángulo hay un espacio de 1 a 1,2 m de ancho, donde hay muy pocos restos culturales; la tierra está casi desnuda. Pero fuera de este espacio el material se hace relativamente abundante de nuevo. 

¿Para qué servían esas bolas de piedra? 

Están hechas con mucho cuidado y representan una inversión de tiempo y trabajo demasiado grande para haber sido usadas simplemente como proyectiles arrojadizos, se podrían haber perdido demasiado fácilmente. Mary Leakey cree que pueden haber sido usadas como boleadoras. La boleadora se ve aún en las pampas sudamericanas. Consiste en dos o más piedras ligadas por una correa o cuerda. Se voltean alrededor de la cabeza y se arrojan a un animal que corre o a un pájaro grande. No sólo existe la posibilidad de acertar un blanco mucho más grande con la boleadora giratoria, que puede tener sesenta o noventa centímetros de un extremo a otro, que, con una roca arrojadiza, sino que el arma es también muy efectiva cuando se enreda en las piernas de un animal. Además, si se yerra el tiro, se puede encontrar y usar de nuevo. Con esta abundancia de fantástica información llegada desde Olduvai no puede haber ninguna duda de que hace dos millones de años los homínidos estaban viviendo en un nivel cultural probablemente avanzado; en un nivel que nadie, en sus más disparatadas visiones, podía haber creído posible hace unas pocas décadas. Como en la primitiva Edad de Piedra el progreso fue muy lento, esto significa que los comienzos de la industria de herramientas oldowaiense fueron mucho más antiguos que Olduvai; cuánto más antigua, nadie tiene aún la más ligera idea. Pero en 1969 empezó a correr el rumor de que también había herramientas en Turkana oriental y en Omo. Las primeras noticias oficiales que se tuvieron acerca de esto llegaron en 1970, cuando Mary Leakey publicó un documento descubriendo algunos utensilios de las excavaciones de su hijo Richard en Turkana oriental. Al año siguiente, dos expertos se desplazaron hasta Koobi Fora para ayudar a Richard a examinar detenidamente el lugar. Eran Glynn Isaac, prehistoriador de la Universidad de California, de Berkeley, y Kay Behrensmeyer, estudiante de geología de Harvard. Sus análisis confirmaron otro detalle verdaderamente asombroso: se trataba de un lugar de concentración conteniendo huesos de animales, así como choppers y restos oldowaienses, y que probablemente es tan antiguo como el de Olduvai.

Lo que es particularmente prometedor de Koobi Fora, junto con otros varios sitios cercanos, es que cuando se haya efectuado un estudio geológico y se haya fechado todo el lugar, y se haya ligado adecuadamente un sitio a otro en el tiempo, entonces será posible relacionar directamente los restos de fósiles homínidos, excepcionalmente ricos, de estas áreas, con los hallazgos de industrias de herramientas, y saber más de los homínidos primitivos como fabricantes y usuarios de herramientas. Sabemos la lógica nos obliga a aceptarlo que el hacer herramientas y la evolución homínida van de la mano. Pero los pasos más primitivos son todavía desconocidos. Nos llevan a los oscuros comienzos de la historia homínida, a una época cuando realmente pudo haber sido casi imposible distinguir entre una herramienta trabajada y otra encontrada, a una época cuando aún algo tan primitivo como el Ramapithecus pudo haber usado útiles de piedra. Otro golpe hará saltar un segundo pedazo próximo al primero, dejando un borde dentado en la punta de la herramienta. Con suerte, este borde será lo suficientemente afilado para cortar carne, para aserrar o triturar abriéndose camino a través de articulaciones y cartílagos, para raspar cueros, para afilar la punta de un palo. 

memoryOfAges

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