División entre el hombre y el primate

Una división entre el hombre y el primate antropoide hace 7 millones de años, o para exagerar el asunto un poquito más millones de años, comienza a hacer el problema del fósil menos indigerible. No lo determina. Está aún el asunto de cómo considerar al Ramapithecus de 8 a 14 millones de años, bastante raro en un antropoide muy sospechoso de ser un antepasado humano. Pero ese problema se ubicará sólo con el tiempo. Más y mejores fósiles podrán confirmar lo que muchos sospechan actualmente: que el Ramapithecus fue algún tipo de primitivo, tal vez no erguido, en transformación a australopitécido. O pueden confirmar que el Ramapithecus no estuvo en la línea humana. Esta última posibilidad continuará existiendo hasta que el Ramapithecus sea más conocido de lo que es actualmente. Y, por supuesto, sus credenciales desaparecerán si se descubre un candidato para antepasado del hombre completamente nuevo y mejor. Pero en este momento no hay tal candidato. El Ramapithecus es lo mejor que tenemos. Sigamos considerándolo como un antepasado e intentemos trazar nuestra descendencia desde ahí, incorporando las últimas ideas que surgen de los recientes hallazgos en Hadar y en Lactalil. No hace mucho, Bernard Campbell completó un ejercicio similar: la última palabra en construcción de árboles y denominación de homínidos. Durante el proceso resolvió dos problemas que deliberadamente yo he dejado pendientes. El primero tiene que ver con las relaciones entre los cuatro australopitécidos: boisei, robustus, africanus, afarensis. 

El segundo trata el problema del habilis.

Para resumir, los primeros descubrimientos de australopitécidos se hicieron en Sudáfrica y eran de dos tipos: un tipo grácil y otro robusto. Trasladándonos hacia el N., a Olduvai, y después a Omo y al lago Turkana, hay también dos tipos. El más pequeño de éstos se parece un poco al diminuto tipo Australopithecus africanus grácil del sur, y ahora muchos creen que pertenece al mismo linaje. Pero el grande, el severo habitante del N., es tanto más robusto que su primo del S., si bien parece más moderadamente robusto; él solo ha merecido un nombre aparte, boisei, para distinguirlo del robustus del S. Finalmente está el afarensis más pequeño y más primitivo que Donald Johanson encontró en Etiopía. Examinando los cuatro australopitécidos juntos afarensis, africanus, robustus y boisei las características más sorprendentes de los cuatro son sus mandíbulas cada vez más sólidas y sus molares cada vez más grandes, a medida que avanzan en el tiempo. El afarensis es el menos especializado en este respecto, el boisei y el robustus son los más especializados. El africanus ocupa un lugar intermedio y parece encontrarse situado, tanto físicamente como en el tiempo, entre los tipos afarensis más primitivos y los últimos robustus.

Estas observaciones explican el árbol genealógico de la página siguiente que esquematiza las sugerencias de Campbell sobre cómo están relacionados los cuatro. Supone un ancestral Ramapithecus que apareció hace 10 ó 15 millones de años y continuó hasta unos seis u ocho millones de años a. de J.C., experimentando poco a poco un cambio hasta llegar a la forma primitiva de un australopitécido erguido en algún tiempo después de los seis millones de años. Hacia los cuatro millones de años a. de J.C. los australopitécidos aparecen claramente en escena y para los 3,7millones de años poseemos fósiles de una especie identificable: el afarensis, el más pequeño y más antiguo que se conoce hasta ahora. Puede que todavía exista algo entre él y el Ramapithecus, pero, si es que algo existe todavía no se ha encontrado. Avanzando más en el tiempo, pasado el límite de los tres millones de años, podemos suponer el comienzo de una división en las poblaciones primitivas de australopitécidos. Un grupo comenzó a mostrar cada vez más claramente una combinación de los cuatro rasgos siguientes: disminución del tamaño de los dientes posteriores; aumento del tamaño de los dientes delanteros; mayor tamaño del cerebro y una dependencia cada vez mayor de la fabricación y uso de herramientas de piedra. Es claro que los cuatro rasgos estuvieron juntamente vinculados a algún tipo de relaciones evolutivas de realimentación ya que durante cerca de medio millón o un millón de años trabajaron los unos sobre los otros, con una fuerza combinatoria lo suficientemente grande como para producir las primeras criaturas que razonablemente podrían llamarse hombres. Es posible que este proceso comenzase hace 2,5 millones de años o tal vez antes. Hacia la marca de los 2 millones de años había alcanzado un punto en el que se pueden identificar y nombrar las especies del Homo habilis. Mientras tanto, otras poblaciones de afarensis siguiendo un curso evolutivo algo distinto al tiempo que se adaptaban a nichos ambientales un poco diferentes tal vez en diferentes lugares comenzaron a mostrar características físicas distintas. Sus cerebros no crecieron, sus dientes posteriores se hicieron cada vez más macizos, sus dientes delanteros tendieron a achicarse y naturalmente no aumentó su dependencia en ellos. 

 

memoryOfAges

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