Modelo de familia según Crook

El modelo de babuino de Crook podría parecer que hace la unión macho-hembra muy antigua, ya que está basada en el medio como principio fundamental, y por lo tanto, lógicamente, puede esperarse que comenzara a manifestarse poco después de la primera vez que los homínidos empezaron a vivir en tierra, donde la escasez de alimento estacional creaba todo tipo de problemas. Eso nos puede hacer retroceder a los comienzos de los australopitecos o quizás incluso a los preaustralopitécidos, pero aquí comienza la conjetura. Aquellos que no concuerdan con Crook, dicen que no es necesario buscar tan atrás, o tan atrás como los babuinos, para explicar la formación de la familia. Ellos prefieren seguir manteniendo la atención en el pariente más cercano, el chimpancé, y atribuir los comienzos de la formación familiar al hecho de comer carne y compartir los alimentos, rasgos ambos que los chimpancés presentan en forma débil. Eso, dice Sherwood Washburn, un fuerte defensor de esta opinión, fue la influencia que condujo al desarrollo de la unión permanente macho hembra. Ya que el comer carne condujo a un perfeccionamiento en las técnicas de caza, y ya que la práctica de la caza comienza a estar implicada con herramientas y armas más efectivas y con un mayor bipedismo, el modelo de Wasburn significa una fecha más reciente para la formación de la “familia”.
Sea como fuere, todos están de acuerdo en que el papel del macho como hombre de familia en la evolución homínida es cosa importante. Ha tenido su efecto en la evolución de papeles diferentes (y apropiados) para el macho y la hembra en la vida cotidiana, en el desarrollo de la enseñanza de nuevos conocimientos elaborados (y adecuados) a los jóvenes, en el desarrollo del concepto de una base hogar, y también respecto a la caza y el compartir la comida. Todo, naturalmente, está interconectado. Juntos forman un sistema de realimentación complejo. Los papeles dictan normas evolutivas para adecuar esos papeles. Por ejemplo, hoy día los hombres acostumbran a ser más grandes y más fuertes que las mujeres, y seguramente han sido así durante millones de años. Estos atributos son predecibles para protectores y cazadores; la relación entre el papel y el físico es simple y directa. Pero los hombres también pueden correr más deprisa que las mujeres, y aquí la razón no es ni simple ni directa. Si la velocidad de caminar fuera sólo un asunto de tamaño y fuerza, entonces el hombre más grande y más fuerte sería el mejor corredor. Como se puede demostrar que esto no es cierto, entonces debe haber otra razón que explique por qué una delgada mujer no será tan rápida como su voluminoso marido.
No lo es por dos razones: Primera, no tiene que serlo; el papel de madre que ella asumirá cada vez más, el de dueña de casa y el de encargada de las comidas, no le exige que sea rápida. Segunda, no puede serlo si va a ser madre de niños de cerebro grande. La pelvis mejor designada para la gestación de tales niños no es la mejor designada para correr, ni siquiera para caminar más eficientemente. Para conseguir un buen bipedismo, debió de haber cambios evolutivos en la forma y las proporciones de los huesos del pie, pierna y pelvis del protohomínido, como también en los músculos de la pierna. Un chimpancé puede caminar confortablemente con sus patas posteriores, pero no por mucho tiempo. También puede correr sorprendentemente de-prisa. Pero el chimpancé no puede caminar y correr en forma eficiente, como hacen los hombres, porque no tiene la adecuada constitución física. Sus piernas son demasiado cortas, sus pies no tienen la forma conveniente, sus grandes dedos se asoman hacia adelante para darle impulso al paso, sus tres músculos principales de las nalgas son más bien pequeños y están mal ubicados. Los músculos de que puede disponer para caminar están ligados a sus huesos de tal manera que dan insuficiente movimiento de palanca para realizar un tranco vigoroso.
Además, el chimpancé camina con una especie de balanceo, debido a que sus piernas están tan separadas que debe traspasar el peso de su cuerpo en cada paso para colocarlo sobre la pierna.
Una manera más eficiente para caminar erguido, es tener las piernas más derechas y más juntas, como las del hombre. El lector hombre será capaz de mantener sus muslos, sus rodillas y sus tobillos tocándose cuando se pare con los pies juntos. Esto es posible por un cambio notable en la forma y en las proporciones de los huesos de la pierna y del pie, y particularmente de la pelvis antepasada. Ha habido un torcimiento y un aplanamiento de los dos grandes bordes pelvianos, que no sólo ayudan a equilibrar el tronco más verticalmente sobre las piernas, sino que también dan una mejor unión y mucho mejor palanca a las tres series de músculos de los glúteos -o nalgas- que se usan al caminar.
Los hombres han conseguido gradualmente todos estos perfeccionamientos. Los chimpancés y los gorilas no los han conseguido; de aquí sus piernas separadas y su ineficiente caminar arrastrando los pies. Los cambios en la pelvis del hombre, tan importantes como son para caminar, no han hecho más grande el espacio abierto en su centro. Para conseguir esto, la estructura pelviana completa tendría que haber aumentado, que hubiera anulado el proceso evolutivo de desarrollar una pelvis compacta y eficiente para el caminar bípedo. Es aquí donde la hembra homínida se enfrentó con una difícil elección. Su pelvis no puede ser lo suficientemente compacta para caminar y correr de manera más eficiente sin que sea demasiado pequeña para permitir el paso a través de ella de la cabeza de su hijo cuando nazca. De hecho, a medida que los homínidos llegaron a ser más semejantes al hombre y de cerebro más grande, la abertura pelviana, realmente, debió hacerse aún más grande de lo que es. El hecho de que no aumentara es quizás una de las causas de las dificultades que experimenta la mujer moderna en el parto. Su pelvis es un término medio.