La vida social de los hombres-mono

El que no tiene ni tontos ni bribones ni mendigos en su familia fue engendrado por la luz de un relámpagoDr.Thomas Fuller.
¡Un primate antropoide erguido! ¡Con dientes homínidos! Al comienzo, nada más; sólo gran cantidad de discusiones acerca de la época, la causa e incluso el grado de erguimiento. Pero además del erguimiento y de la forma en que nuestros antepasados lo consiguieron, hay otras características vitalmente importantes de la “humanidad” que deben ser atribuidas a la singular introducción de un primate antropoide de selva en las praderas abiertas.
Uno de los problemas más difíciles en la discusión del avance evolutivo de una criatura tan compleja como el prohombre en semejante ubicación, es que incluye muchos desarrollos y funciones interrelacionados, cada uno de los cuales depende de los demás y a la vez los afecta. Suponiendo por un momento que un cambio en la dieta-de la fruta a las raíces, semillas y carne pudo haber sido el catalizador que puso en marcha las cosas, el enigma aún subsiste. ¿Por dónde atacaremos el problema?
Un buen lugar para hacerlo es la faceta que podría denominarse “organización social”, examinando los tipos de grupos que probablemente constituyeron esos primeros primates exploradores del suelo. ¿Pero, es posible conocer tal cosa después de tanto tiempo? Conocerla, no; pero sí hacer algunas sutiles conjeturas. Ya que los antiguos homínidos estaban más estrechamente emparentados con los antiguos chimpancés, y ya que compartieron el medio ambiente de la sabana con los antiguos babuinos, puede ser útil buscar pistas en las organizaciones sociales de los descendientes vivientes de ambos anima-les. Aunque los dos tienen diferencias entre sí es importantes, poseen también interesantes cosas en común. Y de éstas, sin duda, la más destacada es que sus sociedades están altamente organizadas.
Lejos de ser una multitud de furiosos y chillones animales que actúan cada uno por su cuenta, las sociedades de los chimpancés y de los babuinos son muy estables, ordenadas, por lo común serenas y tranquilas, en las cuales el orden es mantenido por medio de una compleja interrelación de cinco factores principales: El primero es el vínculo madre-cría. El segundo es la edad del animal, que regula su progreso de un papel a otro dentro del grupo a medida que crece. El tercero es el parentesco: la relación de un animal con su hermano o hermana o con su madre. El cuarto es la relación macho-hembra. El quinto es el ascendiente: la posición social del animal en el grupo.
Reflexionando sobre estos cinco factores, pronto se advierte que aún son reguladores importantes de la sociedad humana. Así, durante mucho tiempo y entre especies distintas, el juego ha permanecido esencialmente el mismo; sólo han cambiado los campos y los uniformes. Para el hombre, el chimpancé y el babuino, el problema de la vida es aún, en gran parte, el problema de convivir con sus compañeros dentro del grupo.
Sherwood Washburn, de Berkeley, y David Hamburgo, de Stanford, al observar el comportamiento primate desde el punto de vista de un antropólogo y un siquiatra, respectivamente, reconocieron la importancia del grupo cuando escribieron: “El grupo es un lugar en donde el conocimiento y la experiencia son superiores a los que tenga un miembro en particular. Es en el grupo donde las experiencias se combinan y las generaciones se enlazan. La prolongada juventud biológica da al animal tiempo de aprender. Durante este período, mientras el animal está aprendiendo de otros miembros del grupo, es protegido por ellos. Un desarrollo lento, en forma aislada, significaría, simple-mente, un desastre para el individuo y la extinción para la especie.”
“Prolongada juventud biológica.” Pensemos en ello un instante. Un babuino tarda seis años en crecer; un chimpancé, en cualquier parte, de 10 a 15 años. Este lento desarrollo es necesario si uno de los primates superiores necesita aprender todas las cosas que debe saber para adaptarse a la compleja sociedad en la cual nació. Las comparaciones que a me-nudo se han hecho con las hormigas y las abejas son atinadas sólo respecto a un punto: esos insectos viven en sociedades altamente organizadas, pero no aprenden prácticamente nada. No lo necesitan; sus respuestas están genéticamente programadas, y sus conductas se hallan rígidamente controladas. Pero en una sociedad fluida, donde la educación ocupa el lu-gar de la programación, donde un individuo debe tratar con un sinnúmero de alternativas cotidianas y diversos intercambios personales, es absolutamente necesario un largo período de aprendizaje juvenil.
Este imprescindible período de aprendizaje de los chimpancés se parece mucho a un juego, y realmente lo es. Para un chimpancé, el juego de la infancia es el equivalente a ir a la escuela. El joven chimpancé observa a su madre en los momentos en que ésta busca la comida, y él también lo hace. La observa hacer nidos y hace pequeños nidos para él; no precisa-mente para dormir, sino solamente por el gusto de hacerlos. Después de una larga adolescencia, recoge de sus compañeros toda la destreza física que necesitará cuando adulto, así como la más complicada destreza sicológica de aprender cómo convivir con los demás. Cualquier chimpancé que no pueda comunicarse adecuadamente con sus compañeros, seguro que no llegará a viejo.
Durante todo este tiempo el aprendiz busca su lugar entre sus compañeros, primero en un juego totalmente sin objeto, después en actividades más significativas que ayudarán a determinar su grado cuando sea adulto varios años después. En suma, hay dos fuentes de aprendizaje-dos tipos de relaciones- que forman la sociedad primate: una de éstas es la relación familiar (madre-hijo-parientes). La otra es la relación más grande de un animal individual con todos los otros miembros del grupo. Uno de los aspectos más impresionantes de un grupo de babuinos es el fenómeno del ascendiente de un macho. En muchos de los grupos de babuinos que han sido estudiados a fondo, hay un individuo número uno al cual los otros machos habitualmente defienden. (A menudo dos-a veces tres o másanimales se unen para mantener una posición dominante que ninguno podría mantener solo.) Después del macho principal los otros machos adultos normalmente se clasifican en orden decreciente de autoridad. Aunque siempre hay cierta cantidad de luchas secundarias por una posición, y aun algunas disputas largas y crueles para llegar a la cima lo cual es de suponer, ya que es donde naturalmente gravitan los individuos más fuertes, más capaces y más resueltos, sin embargo, una vez establecida, la jerarquía tiende a ser muy estable. Los animales de grado superior pasan confiadamente sus días mientras los otros aceptan como cosa natural su superioridad en confrontaciones por comida, hembras, selección de lugares para dormir, acicalarse y ser acicalados, etcétera.