¿De dónde, entonces, proviene la familia?

Tomamos la unidad familiar padre, madre, crías como algo natural porque ha sido fundamental en la evolución humana desde hace tanto tiempo que tendemos a olvidar que hubo una época cuando no debió de existir en la forma actual. Si buscando los comienzos familiares de los homínidos, usamos como modelo probable el de la familia del chimpancé, con sus relajados afectos madre hijo parentela, entonces debemos considerar de algún modo la introducción de un padre en la unidad, puesto que en la sociedad de los chimpancés no hay padres. Donde la regla es la promiscuidad amistosa, los padres no se pueden identificar, ni son necesarios. La selva está llena de alimento (no hay necesidad de un protector paternal).
¿Aparece como consecuencia de la atracción sexual dada entre machos y hembras? Casi no es necesario señalar que los humanos se diferencian de los promiscuos chimpancés en que por hábito forman vínculos permanentes macho hembra, y gozan de una atracción mutua prolongada que no depende del ciclo mensual de la hembra. Pero cómo y cuándo los humanos consiguieron esto, es un misterio total. Una insinuación es que entre los animales que son tan bonachones como los chimpancés y gozan de contacto físico acicalándose, tocándose, acariciándose, a menudo sólo sentándose o permaneciendo juntos muy cerca cualquier cambio en el medio o en la estructura social del grupo que tenga el efecto de arrojar un macho y una hembra juntos durante un largo período, puede ocasionar el lento desarrollo de un prolongado interés sexual entre ellos. Otra idea es que los períodos de receptividad de la hembra, gradualmente, pudieron hacerse cada vez más largos bajo el estímulo de condiciones tales como una prolongada intimidad macho-hembra, hasta que los períodos se superpusieron, haciéndola continuamente receptiva.
¿Pero ese período de prolongada intimidad entre un macho y una hembra, dónde se originó? No existe entre los chimpancés, donde los machos prefieren la compañía de los machos. Está ausente en el babuino de la sabana del E. de África. Sin embargo, está presente en algunas otras sociedades de babuinos, notablemente entre las especies gelada y hamadryas. Ambos animales viven en campo abierto, hábitat que, generalmente, no sólo es más seco, sino que también tiene mayores oscilaciones estacionales en el clima y en la disponibilidad de alimentos que la sabana, el terreno familiar para el babuino, animal que vive en las orillas de las selvas y dispone de una relativa abundancia de alimentos durante todo el año.
Aquí las diferencias del medio coinciden con las diferencias de la organización social, coincidencia observada por el científico británico John H. Crook, de la Universidad de Bristol, que ha estudiado las organizaciones sociales de muchos animales, incluyendo los pájaros tejedores y los antílopes, al igual que los babuinos. Lo que le impresionó es la aparente uniformidad con la cual todas estas criaturas, de especies totalmente diferentes, reaccionan a cambios similares del medio. Tan sorprendentes fueron sus descubrimientos, que los usó como base para una hipótesis: En condiciones similares del medio, los animales sociales tenderán a desarrollar sociedades semejantes. Las conclusiones de Crook acerca de la organización social están basadas en evidencias complejas y sutiles que no entran en el propósito de este volumen. Sin embargo, una mirada a tres sociedades de babuinos africanos diferentes podrá aclarar lo esencial de su argumento.
Los babuinos son animales muy adaptables. No han llegado a especializarse demasiado físicamente, y por ello son capaces de amoldarse a una amplia variedad de condiciones de vida. Esto se puede esperar de cualquier animal de físico generalizado y de considerables atributos intelectuales. El hombre es el mejor ejemplo. Gracias a su cerebro y a su subproducto, la cultura puede vivir cerca del Polo Norte con un cuerpo que esencialmente es el mismo que el cuerpo del hombre que vive en el Ecuador. Sin “cultura” en que confiar, los babuinos deben emprender cambios en su organización social para adaptarse a las diferentes condiciones de vida.
De los babuinos africanos, las especies de la sabana del África oriental viven en el hábitat más acogedor: cerca de la selva, a la cual pueden huir y en cuyos árboles pueden dormir, y el clima es propicio durante el año y hay abundancia de alimento. En este ambiente, el grupo es la unidad social importan-te. Las relaciones mutuas, excepto el lazo madre cría, son confusas. Lo que más recuerda al padre es un macho dominante que ejercite el derecho de señor sobre algunas o todas las hembras del grupo. En cambio, los geladas están confinados en las laderas de las montañas de Etiopía. Allí el clima es más desagradable, los cambios estacionales son mayores, y la disponibilidad de alimentos es más incierta.