Los pueblos de la península arábiga

Antiguamente, en Arabia vivieron pueblos como los de los mineros y los nabateos, con una notable cultura y prolongada tradición comercial. La monumental ciudad de Petra, con sus edificios excavados en la roca, fue la espléndida capital del reino nabateo.

Comerciantes del desierto

Los pueblos que habitaron la desértica península arábiga mantuvieron intensas relaciones culturales y comerciales con sus vecinos de la región: los asirios, los babilonios y los persas. En el sur de la península (actual Yemen) ejercieron su dominio en el siglo IV a.C. los mineros, pueblo de comerciantes que estableció colonias y factorías desde Alejandría hasta la India. Habían heredado su habilidad mercantil del reino de Saba, uno de los más ricos de la Antigüedad. El reino de Mineo entró en decadencia por la competencia de los mercaderes occidentales, sobre todo en la ruta a la India.

Los nabateos

En el norte de Arabia vivieron los nabateos, que, en los siglos ll y l a.C., tuvieron gran influencia cultural y económica en la región. Se expandieron hacia el sur para controlar el golfo de Aqaba y, a través del puerto mediterráneo de Gaza, comerciaron intensamente con Egipto y el Egeo. El rey Aretas Ill conquistó Damasco y abrió una ruta comercial clave, pero no pudo dominar a los palestinos, con quien su reino estuvo a menudo en guerra. Los romanos convirtieron a los nabateos en sus vasallos. La dinastía nabatea desapareció cuando Trajano integró el reino a la provincia de Arabia. La gran ciudad nabatea de Petra entró entonces en decadencia, alejada de las rutas comerciales, aunque tuvo un nuevo esplendor en los siglos ll y llI d.C.

El renacimiento de Persia: los Sasánidas

El sistema feudal que provocó la caída de los partos fue un ejemplo de lo que debían evitar los persas sasánidas. Así, crearon un régimen totalmente diferente, centralizado y con un ejército que construyó un gran imperio y puso en jaque a Roma.

Una nueva dinastía

En el siglo III d.C., Ardacher, fundador de la dinastía persa de los Sasánidas, aprovechó la debilidad de Roma en la región para sublevarse, matar al último rey parto, Artabán IV, y conseguir el control de Persia. Durante su reinado, Ardacher no logró su principal objetivo, expulsar a los romanos de Asia, pero el balan-ce en su lucha contra Roma le fue favorable. Ni Ardacher ni su sucesor, Sapor introdujeron grandes reformas. Sin embargo, su progresiva centralización del Estado-para evitar los erro-res de sus predecesores, los partos fue un éxito. Se creó un cuerpo de funcionarios bien estructurado, que controlaba todos los territorios. La sociedad se dividió en cuatro clases: el clero, los militares, los escribas y el pueblo llano. Un emperador romano en prisión Luego de la muerte de Ardacher, Sapor heredó un reino renacido. El joven monarca aplicó una política expansionista frente a Roma y los pueblos vecinos. Sus victorias contra los romanos le dieron gran prestigio. Luego de dos campañas triunfales, en la tercera venció al ejército del emperador Valeriano. Incluso logró capturar al propio emperador, algo que hasta entonces nunca había sucedido. Sapor | fue un rey liberal. Acogió en su corte a los sabios y filósofos griegos, cuya influencia fue muy importante, y fue el último monarca sasánida que permitió el griego como una de las lenguas oficiales de Persia. Al morir este soberano en 272, el Imperio entró en una etapa de decadencia. Se sucedieron en el trono varios reyes mediocres y se perdió el dominio sobre Mesopotamia y Armenia. Seis décadas después, Persia se recuperó con la llegada al trono de Sapor ll. Este monarca se destacó por someter a los cristianos a una severa persecución. El objetivo real era desafiar a Roma, pues desde que esta se había convertido al cristianismo, en Persia se consideraba traidores a los cristianos. Sapor ll marchó contra los romanos con un ejército de 100.000hombres y pudo recuperar Mesopotamia y Armenia.

Cosroes I, el más grande de los Sasánidas

Tras un segundo período de soberanos grises y reinados anodinos, la prosperidad volvió con Cosroes l, artífice de un auténtico renacimiento deI Imperio. Cosroes ocupó Antioquía, ciudad de la actual Siria. Ayudado por sus nuevos aliados, los turcos, también venció a los hunos heftalíes, un pueblo nómada procedente de Asia Central que hostigaba las fronteras persas por el noreste. El Imperio alcanzó una extensión casi comparable a la de la Persia de los Aqueménidas. Cosroes fue, a su vez, un gran impulsor de las artes, la literatura y las ciencias. Cuando se cerró la academia neoplatónica de Atenas, algunos filósofos se refugiaron en su corte, donde fueron recibidos con simpatía. Una jerarquización extrema Pero la gloria de Cosroes I no fue sólo fruto de sus gestas guerreras. También se debió a la reorganización de la burocracia. El legendario monarca creó ministerios en su gobierno. También reformó el ejército, nombrando un general en jefe para cada una de las cuatro regiones en que se dividió el Imperio. Estas medidas debilitaron el poder de la nobleza en beneficio de los funcionarios, los militares, la clase culta y los artesanos. A su vez, Cosroes llevó a cabo una profunda reforma tributaria, que obligó a pagar más a los ciudadanos adinerados.

El Imperio reformado por Cosroes I parecía suficientemente consistente para sobrevivirlo. Los aciertos en política exterior de algunos de sus sucesores incluso mejoraron la situación. La corte vivió una etapa de apogeo durante el largo reinado (590-628) de Cosroes Il, nieto del legendario Cosroes I. Este monarca casi logró destruir al Imperio Bizantino el imperio Romano de Oriente y extendió el dominio sasánida hasta Egipto.

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