Las tribus de las estepas

En las llanuras de Asia y Europa Central vivían numerosos pueblos nómadas que, entre los siglos Vl y lll a.C., tuvieron un gran desarrollo cultural, social y económico. A menudo hostigaron a los asirios, los persas y otros reinos vecinos.

Pueblos errantes

Las estepas y los bosques de Eurasia fueron el hábitat de distintos pueblos que emigraban periódicamente de acuerdo con las estaciones, los cambios del clima y la posibilidad de conseguir un buen botín. Algunos se volvieron sedentarios, como

los búlgaros y los magiares en Europa del Este. Otros, como los escitas o los sármatas, fueron fieles a su estilo de vida nómada. Todos compartían costumbres guerreras y ritos funerarios muy parecidos, así como la veneración de un dios celestial supremo y de las fuerzas de la naturaleza. En sus culturas, los guerreros formaban siempre la clase aristocrática.

Escitas y sármatas

Los escitas formaron la etnia más importante de los muchos pueblos nómadas de jinetes el caballo era esencial en la vida itinerante de Eurasia. Originarios del centro de Asia, llegaron hasta las estepas que hay al norte del mar Negro. Los escitas no construyeron templos ni lugares de culto, pero sí unas tumbas denominadas kurganes constituidas por varios túmulos o montecillos de tierra. A mediados del siglo IV a.C., fueron expulsados por los sármatas, un conjunto de tribus procedentes del antiguo irá y se refugiaron en Crimea. La superioridad militar de los sármatas, que se destacaban por sus dotes guerreras, se basó en su nuevo armamento lanzas, espadas largas y una armadura que cubría todo el cuerpo en la invención de los estribos de metal y de las espuelas.

Partía, un reino de transición. Los partos ocuparon una larga etapa de la historia entre el imperio Persa de los Aqueménides y el de los Sasánidas. Con tolerancia y un notable bagaje cultural encabezaron un período de transición en Medio Oriente.

La hegemonía de los partos

Los partos descendían de un grupo de tribus nómadas iranias que, durante el siglo Ill a.C., se establecieron en las estepas situadas al este del mar Caspio. Medio siglo más tarde, conquistaron los territorios que en la actualidad corresponden alráne Irak. Hasta el año 226 d.C. gobernaron aquella extensa región con mayor o menor autoridad, y preservaron la herencia cultural de imperios regionales anteriores como el asirio y el aqueménide. Pero no fueron los herederos de los Aqueménides ni construyeron un imperio poderoso. Dominaron claramente la región, con varias provincias y principados sometidos al rey parto.

Los primeros tiempos La organización del reino parto fue parecida al posterior feudalismo europeo. Como consecuencia de este sistema y de la enorme extensión territorial que dominaron los partos, existían en el reino enclaves y noblesque mantenían su independencia. A partir del siglo l a.C., las relaciones entre la casa real gobernante y la nobleza se hicieron más difíciles. Las guerras civiles y las revoluciones palaciegas fueron constantes hasta el ocaso del reino. El rey Mitridatos |(171-138a. C.) amplió el reino parto al someter toda Mesopotamia. Luego de su muerte, Partía se vio sacudida por numerosas incursiones de los nómadas escitas. Mitrídates II(123-87 a.C.) expulsó a los escitas y anexionó Armenia, al este de sus dominios. En los últimos años de su reinado, la falta de poder real de la monarquía desencadenó fuertes luchas sucesorias que duraron hasta 54 a.C., cuando Orodes Il ocupó el trono.

 

Roma,el gran enemigo

A mediados del siglo l a.C., hizo su aparición un nuevo y poderoso enemigo: Roma. Tras afianzarse en el Mediterráneo, los romanos disputaron a los partos el control del importante tráfico comercial de la región. En 53 a.C., las legiones de Craso fueron vencidas en Siria, lo que supuso un duro revés para el prestigio de Roma. El río Éufrates se convirtió en la frontera entre ambas potencias. Durante largo tiempo, se disputaron el dominio de Armenia, que era un territorio clave para el control del comercio.

“Divide y vencerás”

Tras sufrir varias derrotas contra los partos, los romanos decidieron cambiar de estrategia. Siguiendo la máxima de Julio César “Divide y vencerás”, apoyaron a un sector de la nobleza parta en sus disputas con el rey Fraates IV. El monarca respondió a las intrigas negociando de manera directa con el emperador Augusto un pacto de no agresión. Armenia y la ciudad de Palmira, de alto interés estratégico y económico para ambos, fueron objeto de un compromiso: se nombró para gobernarlas a un tercero neutral. Gracias a la política exterior de Fraates IV, la paz con Roma duró un siglo. Sin embargo, la política interna continuó salpicada de conflictos entre los nobles y luchas sucesorias. Tras varias guerras civiles, el este del reino quedó dividido en dos, y con un rey gobernando en cada lado.

Bajo el dominio sasánida

Durante el reinado de Oroses (109-128 d.C.) volvió a estallar la guerra contra Roma. El emperador Trajano estuvo a punto de conquistar toda Partia, pero una rebelión general en Palestina, Siria y el norte de Mesopotamia lo impidió. Los partos continuaron la lucha.

Adriano, sucesor de Trajano, firmó la paz con Oroses. Pero las disputas internas acabaron por agotar al reino parto, que no pudo evitar su desaparición. Sin embargo, el golpe de gracia no se lo dieron los romanos sino los Sasánidas de Persia.

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