Hacia un nuevo mundo

La etapa de transición entre el Paleolítico y el Neolítico recibe el nombre de Epipaleolítico. Iniciado en el 10.000 a.C., este período tuvo importantes alteraciones climáticas: las placas de hielo de la última glaciación se retiraron hacia el norte y un clima templado se implantó en gran parte del mundo, provocando cambios en la fauna y la vegetación. Los grandes animales adaptados al frío, como los bisontes y los renos, siguieron el camino de las nieves hacia el norte, por lo que aumentó la importancia de la caza menor y la recolección. El Epipaleolítico fue un período crucial, ya que marcó el paso de la economía depredadora a la agrícola y ganadera, lo que también trajo como consecuencia que los hombres empezaran a establecerse paulatinamente y a dejar el nomadismo.
El cambio climático
Al final de la última glaciación, que en Europa recibió el nombre de glaciación de Würm y en América, de Wisconsin, los hielos se retiraron hacia los polos, el clima se volvió más cálido y húmedo, y algunas antiguas zonas ocupadas por los hielos se convirtieron en tierras pantanosas. Allí y en otras áreas crecieron bosques de coníferas y de otros árboles como encinas, tilos y avellanos, y se desarrollan praderas de hierbas. Los grandes animales fueron sustituidos por otros más pequeños, adaptados al nuevo clima.
Algunos, como los renos y los bisontes, se desplazaron al norte; otros, sin embargo, no pudieron adaptarse al nuevo clima ni resistir la acción de los cazadores y desaparecieron: como sucedió con el mamut, el tigre de dientes de sable o el rinoceronte lanudo.
Piedras pequeñas para grandes necesidades
Las alteraciones climáticas que tuvieron lugar durante el Epipaleolítico transformaron las condiciones de vida de los hombres, puesto que se hallaron en un medio y una fauna diferentes. Esto significó un cambio en las técnicas de cacería y en consecuencia de los utensilios de piedra, que se adaptan a estas nuevas necesidades y vieron reducido su tamaño. A partir de entonces abundan los raspadores para cueros, los arpones y los punzones de pequeñas dimensiones que reciben el nombre de microlitos y escasean las grandes hachas de mano que caracterizaron al Paleolítico Medio y Superior. Asimismo, las puntas de flecha de piedra son propias de esta época, ya que los hombres del Epipaleolítico se convirtieron en expertos arqueros.
La revolución neolítica
El Neolítico empezó entre el 10.000 y el 8000 a.C. y se caracterizó por un importante cambio en las actividades económicas, ya que la agricultura y la ganadería sustituyeron progresivamente a la caza y la recolección. Los hombres abandonaron el nomadismo y se establecieron en lugares donde podían practicar la agricultura, lo que dio lugar a la vida sedentaria, generalmente en poblados de cabañas. En esta época también se desarrolló una nueva industria lítica que tuvo en las hoces y las hachas pulimentadas sus útiles más característicos. Otra innovación neolítica fue la aparición de la cerámica que, junto con la cestería, se destina a almacenar las reservas de alimentos. Esto es un claro ejemplo de cómo los inventos en la Antigüedad se originan por necesidades específicas.
la Media Luna Fértil
Bajo el nombre de Media Luna Fértil se conoce un área que limita al norte con la cordillera del Cáucaso y al sur con el desierto de Arabia, y que se extiende desde Egipto hasta los montes Zagros, al suroeste de Irán. Como su nombre indica, se trata de una región muy fértil marcada por la presencia de los ríos Tigris y Éufrates. Estos dos ríos ofrecieron las condiciones necesarias para que el hombre se dedicara a la agricultura por primera vez: su caudal abundante hizo posibles las labores de regadío, a pesar de ser una zona montañosa y desértica, y los aluviones que arrastraban servían de fertilizantes. El control del agua y el excedente de alimentos que trajo la agricultura fueron factores básicos para el auge de las primeras ciudades de mesopotamia, que fueron también las primeras de la historia.
El hombre aprende a cultivar la tierra
La presencia de cereales silvestres como el trigo, la cebada, el centeno y la avena en esa región contribuyó a cambiar radicalmente la manera de vivir de la humanidad. El dominio de la técnica agrícola se remonta al VIII milenio a.C. Tuvo como resultado un cambio en la dieta e hizo posible la aparición de excedentes alimentarios. También se descubrieron las cualidades de las plantas con fibras vegetales, como el lino. Para llevar a cabo las tareas agrícolas hubo innovaciones técnicas, como las azadas y las hoces utilizadas para sembrar y recolectar, los arados rudimentarios para labrar el suelo y los molinos de piedra necesarios para convertir el grano en harina. Las técnicas, con el paso del tiempo, se iban perfeccionando.