SOCIOLOGIA IBEROAMERICANA

La sociología ha ejercido una influencia relativa sobre el pensamiento español; sin embargo, las ideas sociales surgieron en España en épocas tempranas merced a Juan Luis Vives (1492-1540), audaz reformador social; los grandes internacionalistas jesuitas Francisco de Vitoria (1480? -1546) y Francisco Suárez (1548-1617), y los filósofos Ramón de La Sagra (1798-1871), Jaime Balmes (1810-1848) y Juan Donoso Cortés (1809-1853). Introducida en España la filosofía krausista por Julián Sanz del Río, fue jefe de ese movimiento Francisco Giner de los Ríos (1839-1915), el primero en abordar la ciencia social en forma sistemática. Giner adoptó el organicismo de Spencer, atenuado y enriquecido por su concepción de la consciencia colectiva la cual difiere, por cierto, de la llamada así por Durkheim. Más riguroso fue Gumersindo de Azcárate (1840-1917), otro krausista; y en cuanto al olvidado Manuel Sales y Ferré (1843-1910), tuvo el mérito de haber examinado la sociedad como una unidad de carácter psíquico. Cuatro importantes escritores Joaquín Costa, Ángel Ganivet, Miguel de Unamuno y José Ortega y Gasset trataron frecuentemente asuntos sociológicos, sin practicar esta disciplina como tal. Dos de ellos, Ganivet y Unamuno, le tenían verdadera aversión, en expresa relación con las modalidades del espíritu nacional. 

La rebelión de las masas, de Ortega y Gasset, alcanzó en 1930 un éxito internacional extraordinario. Otros de sus importantes ensayos tienen directa relación con los estudios sociológicos, pero el libro fundamental que contiene su doctrina sociológica, El Hombre y la Gente, quedó inconcluso al morir su autor cuando trabajaba en los últimos capítulos. El primer sociólogo español que se consideró a sí mismo como tal fue Adolfo Posada (1860-1944), quien escribió en el primer cuarto de siglo una obra múltiple y valiosa. Destacó las bases psíquicas de la vida social y esbozó una concepción llamada del organismo espiritual. Tras él aparecieron especialistas tan reputados como Pedro Dorado y Luis Jiménez de Asúa, criminalistas; Telesforo de Aranzadi y Luis de Hoyos Sainz, etnólogos, y el filósofo del derecho Luis Recaséns Siches. Los profesores Julián Besteiro, marxista liberal, y Francisco de los Ríos, liberal humanista; el historiador Rafael Altamira y Salvador de Madariaga, en aquella parte de su obra que tiende a constituir una caracterología nacional, incursionaron a menudo por el reino de la sociología. 

Esta ha vuelto a ser autónoma merced a los esfuerzos de Severino Aznar, catedrático que profesa el catolicismo social, y de dos maestros que han proseguido su obra en la emigración: José Medina Echavarría y Francisco Ayala. El primero ha publicado en México su Panorama de la sociología contemporánea y su fecundo manual Sociología: teoría y práctica. Al segundo se debe el Tratado de sociología, editado en Buenos Aires, y una profusión de trabajos menores. Hacia 1940, la incorporación de los sociólogos españoles y en particular de Medina y Ayala a las tareas docentes y editoriales de determinados países de América, abrió una nueva fase en el desarrollo de la sociología iberoamericana.

Esta data de principios del siglo XX. En el anterior, y particularmente después de 1850, la historia y el derecho había se orientado cada vez más hacia la generalización política y sociológica. Autores como Esteban Echeverría, Domingo F. Sarmiento y Juan B. Alberdi habían ahondado en la realidad argentina como objeto de ciencia. A la misma índole de preocupaciones responden las obras de Eugenio María de Hostos, puertorriqueño, y Enrique José Varona, cubano. En México, el positivismo convirtiese en una especie de filosofía oficial entre 1890 y 1910. En Brasil ocurrió otro tanto, y hasta se tomó de Comte el lema de la bandera republicana: Orden y Progreso. 

Fue en la Argentina y en Brasil donde esa corriente filosófica brindó los frutos más maduros. Es preciso recordar a Francisco y José María Ramos Mejía, a Carlos O. Bunge, Agustín Álvarez, Joaquín V. González, y sobre todo a Juan Agustín García, que dejó en La ciudad indiana (1900) un monumento imperecedero. El equivalente de esta obra en Brasil es Los sertones, de Euclides da Cunha. En una y otra, si bien la sociología aun enorme información, tratada delimitada como disciplina no aparece una recoge tifica, se con método objetivo. La palabra sociología no se usó hasta 1895.EI Iepane, durante un curso de filosofía del derecho de Buenos Aires. En dictado en la 1904 apareció La sociología, de Ernesto Quesada, y más tarde lo haría como profesor en la de Bertema de manera sistemática y teórica, y mereció el elogio de Lester F. Ward. La Sociología argentina, de Ingenieros, se publicó en 1910. Con José Ingenieros (1877-1925) culmina el positivismo argentino. Intentó conciliar la sociología biológica con el materialismo histórico. 

Frente a él adoptó Antonio Dellepiane (1864-1939) una actitud polémica: rehusando considerar la sociedad como reino de la naturaleza, apeló a la psicología para estudiar las leyes de la asociación entre los individuos. Juan Agustín García (1862-1922), el autor de La ciudad indiana, dictó la primera cátedra de sociología creada en la Facultad de Derecho de Buenos Aires, en 1908. Por ese entonces, en la Facultad de Filosofía y Letras, Ernesto Quesada ya enseñaba esa asignatura, con notoria influencia de Spengler. Otros profesores de nota fueron Alfredo Colmo, Leopoldo Maupas, Ricardo Levene, Enrique Martínez Paz y Raúl A. Orgaz (1888-1948). Este último es el sociólogo argentino de labor más perseverante y ambiciosa. Sus Obras completas, publicadas en 1950, atrajeron la atención diligente de los círculos científicos europeos y estadounidenses. Su teoría del grupo regulado y su interés por la dinámica social abren direcciones fecundlas. Si Maupas había seguido a Durkheim y Martínez Paz a Tarde, Alberto Baldrich inició los estudios de sociología cultural. A su vez, el profesor italiano Renato Treves introdujo la fenomenología en la universidad argentina. En los últimos años, Alfredo Poviña, en Córdoba, y Gino Germani, en Buenos Aires, han convertido sus cátedras en dos de los centros sociológicos más importantes de América Latina.

En Brasil nación que ha sido calificada como el laboratorio social por excelencia, el primer sociólogo propiamente dicho fue Sylvio Romero, que se inspiró en Spencer y Le Play. A él siguieron Jorge Goulart, Florentino Meneses y Oliveira Vianna. Más reciente es Francisco C. Pontes de Miranda, eminente investigador y devoto del relacionismo de Wiese. Es el maestro de la escuela de Recife, la cual cuenta con dos subgrupos: el de Djacir Meneses, a cuyo juicio “los cambios en el espacio social dependen de las coordenadas económicas” y “el ritmo económico actúa como la gravitación en el espacio físico”, y el de Mario Lins, para quien la economía es una más entre las variables, a las que define según Pareto. 

La influencia estadounidense se manifiesta a través de Delgado de Carvalho, adicto a las técnicas experimentales, y en los estudios de sociología rural y urbana debidos a Carneiro Leao. En cambio, Fernando de Azevedo prolongó la tradición durkheimiana en San Pablo, donde existe un activo movimiento intelectual concentrado alrededor de la revista Sociología. Tristán de Athay propone a la sociología las concepciones tradicionales del catolicismo. Pero la figura de mayor volumen es la de Gilberto Freyre, no sólo por su brillante ensayo histórico sociológico Casa grande e senzala, sino también por un Tratado de sociología, rico en sugestiones.

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