Los templos egipcios

Casi todos los grandes templos egipcios están construidos de una manera similar. Se accedía a ellos a través de una avenida de esfinges que conducía hasta la entrada monumental, presidida por dos obeliscos. En el interior se abría un patio porticado y, a continuación, una sala hipóstila. Finalmente se llegaba al santuario, en el que se guardaba la estatua del dios. La luz disminuye a medida que se avanzaba hacia el interior. El pueblo sólo podía acceder al patio; los funcionarios y los nobles hasta la sala hipóstila, y tan sólo el faraón y los sacerdotes podían entrar en el santuario. Una variedad de templo religiosos son los speos. Así se le denomina a la sala que tiene el techo sostenido por columnas. Es una de las partes de los templos egipcios. Su nombre griego (que significa cueva) designa a los templos rupestres excavados en la roca. Fue una construcción muy frecuente en el Imperio Nuevo.

 

El yacimiento de Abu Simbel

 

El yacimiento arqueológico de Abu Simbel está situado en la orilla occidental del río Nilo, a unos 60 kilómetros al norte de la actual frontera entre Egipto y Sudán. Consta de dos monumentales museos de la época de Ramsés II. El menor estaba dedicado a la diosa Hathor, y el mayor estaba consagrado a los dioses Amón y RaHarakté. Este último tiene un pilono o fachada tallada en la roca, de la cual sobresalen cuatro figuras colosales de Ramsés en posición sentada de 30 metros de altura y 35 de ancho, entre las que se halla la única entrada al templo. Gracias a la intervención de la UNESCO, los dos templos fueron salvados de las aguas del Nilo, ya que quedaban dentro de la zona que inunda la presa de Asuán. Fueron trasladados 64 metros más arriba de su lugar original con el fin de preservarlos para que queden como testimonio del antiguo Egipto. En la zona de los precipicios de Abu Simbel se han encontrado guijarros tallados y hachas de piedra de más de 500.000 años de antigüedad.

 

Obeliscos

Monumentos religiosoS y reales, de base cuadrangular y acabados en punta.

Están construidos con una sola piedra o con diferentes bloques.Suelen descansar sobre una base en forma de pirámide. Se trata de monumentos solares que aparecieron por primera vez en la dinastía V (2494-2345a.C.), cuando se impuso la teología heliopolitana, consagrada a Ra, el Sol, o a AmónRa.

 

La gran biblioteca de Nínive

Assurbanipal III (669-627 a.C.) conocido como Sardanápalo por los griegos- fue el último gran monarca de Asiria y se distinguió por ser un gobernante culto con el que la literatura y arte asirios llegaron a su máximo esplendor. Creó la biblioteca de Nínive, que instaló en su propio palacio, e hizo copiar los textos de todas las bibliotecas existentes para reunir los conocimientos del pasado y del presente. Esta ingente labor dio como resultado la primera gran biblioteca del imperio, que albergaba cerca de 30.000 tablillas con textos literarios, científicos, médicos, históricos, religiosos y de magia.

 

El imperio neobabilónico

En el 626 a.C., el jefe caldeo Nabopolasar puso fin a 400 años de yugo asirio auto proclamándose rey de Babilonia. Se inició entonces un período conocido como imperio neo babilónico, en el que una dinastía caldea dominó los territorios de Mesopotamia, Siria, Palestina y Elam. El monarca más destacado fue Nabucodonosor II (604-562 a.C.), quien además de ser un activo conquistador pasó a la historia como el constructor que devolvió a la ciudad de Babilonia su antiguo esplendor. Sin embargo, este imperio fue efímero: en el 539 los persas derrotaron a los babilonios y convirtieron sus territorios en una provincia más del imperio de los Aqueménidas.

 

Nabucodonosor II y el cautiverio judío

En el año 598 a.C. Nabucodonosor ocupó la ciudad de Jerusalén, que destruyó tras año y medio de asedio. Capturó al rey Joaquín, y puso en su lugar a su sobrino Sedecías, a la vez que deportaba a un gran número de hebreos, iniciándo así la diáspora. En el 587a.C., Sedecías encabezó una revuelta antibónica que tuvo como consecuencia un nuevo sitio de Jerusalén, esta vez de 18 meses. Diezmada por la peste y el hambre, la capital de Judea no pudo resistir el asedio y Nabucodonosor entró en la ciudad y ordenó la destrucción de las murallas, la demolición del templo y la deportación masiva del pueblo hebreo.

Mito y realidad se confunden en los Jardines Colgantes de Babilonia. Según la leyenda, Nabucodonosor los hizo construir para consolar a su esposa, que sentía nostalgia del paisaje de su Persia natal. Los jardines no eran exactamente colgantes, sino que se situaban sobre la azotea y las terrazas del palacio real para simular colinas y contaban con una gran variedad de árboles y plantas exóticas, así como fuentes abastecidas desde lejanos ríos. En 1899, el arqueólogo alemán Robert Koldewey realizó unas excavaciones en Babilonia en las que descubrió, además de las majestuosas murallas de la ciudad, unas bóvedas con pozos profundos donde seguramente se situaban los famosos jardines.

 

memoryOfAges

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