La religión y la cultura
Una religión politeísta
En el antiguo Egipto, la religión era muy importante. Existían diversas creencias, que se caracterizan en general por el politeísmo. En un primer momento, las divinidades eran fuerzas de la naturaleza; más adelante, se adoraron dioses zoomórficos, y finalmente se les dio forma humana, si bien algunos conservaron una parte muchas veces la cabeza con aspecto animal. Cada ciudad tenía su dios protector, pero algunas divinidades llegaron a adorar en todo Egipto. En Heliópolis tenían a Ra, en Menfs a Ptah y en Tebas a Amón, que fue identificado con Ra y venerado como Amón Ra. También fueron muy populares otros dioses menores.
El mito de Osiris
Según el mito de Osiris, al principio todo era agua y caos, hasta que apareció Amón Ra, que ordenó el mundo y creó a sus hijos: Shu (dios del aire) y Tefnut (diosa del agua), que engendraron a Nut (diosa del cielo) y Geb (dios de la tierra). Nut y Geb se casaron en secreto, pero Amón-Ra decidió separarlos y condenó a Nut a que no pudiera tener hijos ningún día de ningún mes. Pero Thot se apiadó de ella y añadió cinco días al año, que tenía 360. Así, Nut pudo tener a Osiris, Isis, Neftis y Set. Osiris regía el mundo, pero su hermano Seth lo asesinó y lo lanzó al agua. Isis, esposa de Osiris, y Neftis, encontraron el cadáver y le devolvieron la vida. A partir de aquel momento, el dominio de Osiris fue el del más allá. Horus el hijo de Osiris vengó a su padre y expulsó a Seth al desierto. Osiris fue la divinidad más popular del antiguo Egipto.
La revolución de Akenatón
A pesar del politeísmo dominante, en el antiguo Egipto siempre había existido una corriente monoteísta, limitada, sin embargo, a determinados círculos intelectuales. El faraón Amenofis IV (1379-1362 a.C.) impulsó una reforma religiosa en este sentido y sustituye todos los cultos por el de Atón, encarnación del disco solar. Incluso cambió su nombre por el de Akenatón, y trasladó la capital a una nueva ciudad, también llamada Akenatón, la actual Tell alAmarna. Se casó con Nefertiti y formó una corte en la que predominaban el arte y la alegría de vivir. Cerró los templos de las otras divinidades y construyó por todo el país otros dedicados a Atón. Sus reformas suscitaron la oposición de los influyentes sacerdotes. Tras su muerte, su yerno, Tutankamón, restableció el politeísmo y el culto a Amón, y volvió a instalar la capital del reino en Tebas.
La vida de ultratumba
Los antiguos egipcios creían firmemente en la vida después de la muerte. Pensaban que el hombre se componía de cuerpo y alma (ba), y de un doble (ka). La unidad entre ellos era tan importante que creían que si el cuerpo no se conservaba, se moría por segunda y definitiva vez. Como la otra vida era parecida a la terrenal, se depositaban en la tumba alimentos y objetos de uso cotidiano, incluso animales de compañía embalsamados. También se dejaban amuletos y conjuros para proteger de los peligros en la otra vida, y un pa-piro, en el que se enumeraban las virtudes del difunto, para el tribunal de los muertos. Las momias eran colocadas en sarcófagos.
Las grandes etapas históricas
Tierra roja y tierra negra
La civilización del antiguo Egipto debe su riqueza a las aguas del río Nilo, que atraviesa de norte a sur el borde oriental del desierto de Sahara, denominado “tierra roja”. La zona tiene más de miI kilómetros de longitud por 20 o 30 de anchura, que se amplía hasta los 250 en el delta de la desembocadura. Cada año, de junio a septiembre, las crecidas anegan los campos situados a ambas márgenes del río. Cuando las aguas se retiran en noviembre, han depositado limo y otros sedimentos, y el suelo de la zona llamado “tierra negra”, queda fertilizado. Para optimizar los recursos del río, los egipcios construyeron canales de regadío y barreras de contención. El comportamiento del Nilo ya hace parte de la cultura egipcia.
Las dinastías de los faraones
Una dinastía es una serie de reyes que pertenecen a una misma familia. Desde el final del IV milenio a.C. hasta el siglo IV a.C., y durante más de tres mil años, Egipto tuvo una larga historia como estado independiente en la que se sucedieron 31 dinastías, la mayoría autóctonas.
