Época romana. El embalsamamiento

La técnica de la momificación de los muertos se realizó desde mediados del 3000 a.C. hasta la época romana. Su finalidad era preservar el cadáver de la corrupción. Se trataba de un proceso muy complejo. Según Heródoto, era de tres tipos, con precios distintos. El proceso más caro duraba 70 días. En él se extraían el cerebro y las vísceras del tórax y el abdomen, excepto el corazón y los riñones. A continuación, se rellenaban las cavidades vacías con carbonato de sodio seco y lino impregnado de resina, y después se deshidrataba el cuerpo con carbonato de sodio. Una vez rellenadas las cavidades abdominales, torácica y craneal, el cadáver era ungido con aceites y, finalmente, se le colocaban las vendas. Desde la dinastía XXI las vísceras se volvían a colocar dentro del cadáver y éste se embellecía con ojos artificiales.
La tumba de Tutankamón
El reinado de Tutankamón no fue de los más brillantes del antiguo Egipto. Coronado faraón a los nueve años, murió joven, hacia los 18. Fue enterrado en el Valle de los Reyes, en una tumba no muy fastuosa para ser la de un faraón. Pero la importancia de ésta reside en el hecho de que se mantuvo intacta hasta su descubrimiento en 1922. El egiptólogo Howard Carter, con la colaboración de su mecenas, lord Carnavon, halló la sepultura cerca de Luxor. Hasta entonces, todas las tumbas faraónicas se habían encontrado vacías y saqueadas. Así pues, gracias a este hallazgo, hemos podido conocer los ritos funerarios de los faraones egipcios. La muerte de algunos miembros de la expedición alimentó una leyenda sobre la maldición de los faraones.
Jeroglíficos milenarios
En el antiguo Egipto se utilizaron tres sistemas principales de escritura: la jeroglífica, la hierática y la demótica. La primera comenzó a finales del IV milenio a.C. Se trataba de una escritura pictórica, en la que palabra e imagen estaban relacionadas, aunque luego incluyó de ogramas y fonogramas; tenía casi 8.000 signos y podía ir de derecha a izquierda o viceversa, y de arriba a abajo. En el siglo XVIII a.C. surgió la escritura hierática, cursiva de la jeroglífica, usada en los textos funerarios; y, a finales del VIII a.C., la demótica, utilizada en los documentos administrativos y privados. Los egipcios solían escribir sobre paredes y papiros.
La piedra de Rosetta
La piedra de Rosetta es una estela de basalto negro. Descubierta en el año 1799 por un oficial del ejército napoleónico, fue llevada a Alejandría. Tras la capitulación de las tropas francesas ante el ejército inglés, fue trasladada al Museo Británico de Londres. Grabada en el 196 a.C., tiene inscrito un texto en tres versiones diferentes: jeroglífico, demótico y griego. Se trata de un decreto del sínodo de los sacerdotes egipcios, reunido en Menfis, para celebrar el primer aniversario (196 a.C.) de la coronación de Ptolomeo V. La piedra de Rosetta fue uno de los documentos utilizados por Jean Francois Champollion para descifrar la escritura jeroglífica (1822).
Sinuhé e Imhotep
El hallazgo de textos en tablillas de barro y rollos de papiro permitió conocer la literatura y la ciencia del antiguo Egipto. Se trata de narraciones, poesías, cuentos y libros de conocimientos. Entre los relatos se destacan Las protestas del aldeano, La historia de los dos hermanos y La historia de Sinuhé, entre los libros informativos, La instrucción del rey Merikare, y el poema más conocido es el Himno a Atón. En cuanto a las ciencias, hay que señalar que los egipcios lograron importantes conocimientos de medicina y también de matemáticas, como cálculo y geometría, aunque sólo manejaron la suma y la resta.
La ley del ojo por ojo
El Código de Hammurabi es la recopilación de leyes y sentencias más antigua de la historia. Grabado en escritura cuneiforme sobre una estela de basalto, este documento explica en su parte superior el origen divino de las leyes, mediante la representación del dios Shamash (el Sol) entregando el código a Hammurabi. Debajo de esta escena aparece el código propiamente dicho, que consta de 282 leyes que regulan la propiedad y las condiciones de vida de los súbditos. A pesar de su dureza se basaba en el criterio de “ojo por ojo” de los pueblos semítico, ofrecía protección a los más débiles (pobres, mujeres, niños y esclavos) del abuso de los ricos y poderosos.
Los genios de la Antigüedad
A lo largo de los siglos, los sacerdotes fueron ampliando su dominio de la astrología y de las matemáticas. Los sumerios inventaron el sistema sexagesimal (con base en el número 60) que entonces, igual qué hoy en día, se aplicaba para medir el tiempo y los ángulos. Por su parte, los babilonios, aunque conservaron este sistema para los cálculos científicos, prefirieron la aplicación del sistema decimal (base 10). Asimismo, eran expertos astrónomos que mediante la observación de los planetas y de los astros podían predecir fenómenos como los eclipses o ajustar el calendario para que coincidiera con el año solar. Su labor científica también les llevó a compilar los conocimientos de la época, como demuestran las 20.000 tablillas de arcilla que se encontraban en la biblioteca del palacio de Mari.
El declive del imperio babilónico
Las guerras con las tribus invasoras procedentes del norte como las casitas, los hurritas y los elamitas acabaron con el dominio de los sucesores de Hammurabi. La hegemonía de Babilonia no volvió a instaurarse hasta que Nabuconodosor I, en el 1124 a.C., unificó Mesopotamia de nuevo y expulsó a los invasores. Su nombre proviene del dios Nabu, que significa “el brillante” y muestra la devoción de los monarcas babilonios hacia los dioses. Pese al esplendor de su reinado, Babilonia acabó cayendo bajo la hegemonía asiria.