Continuidad y discontinuidad

Los signos de ese vacío son, entre otros, la alteración de los asentamientos humanos, la corrupción no sólo de los modelos decorativos, sino también de las formas de la cerámica, seguida por la transición a un nuevo estilo con un brillante desarrollo propio, junto a otras pruebas de una nueva forma de vida. La evolución de la cerámica fue muy lenta: a la de estilo geométrico le costó cuatrocientos años, y su aparición como tal necesitó doscientos de esos años. La cerámica modelada a mano, en contra de lo que ocurre con la torneada, es rara durante el período micénico en Grecia, pero existió, y hacia la caída de Micenas reaparece en algunos momentos. Las fases de la cultura material se superponen, no son absolutas. Sólo en una metrópoli o en un centro apoyado por una corte las modas evolucionan rápidamente y la desaparición de un modelo rechazado es total; pero con el fin de la edad del bronce las condiciones cortesanas dejaron de existir en Grecia. El único cambio material absolutamente claro se supone que fue la adopción del hierro para fabricar espadas, cuchillos y arados. La forma de los primeros cuchillos de hierro griegos podría indicar una influencia chipriota, pero los puñales de los últimos micénicos y sus sucesores no tienen equivalente en Chipre o en Levante. Está claro que en la época en que las incrustaciones de hierro se usaron para decorar el bronce, cuando partes de hierro completaron otras de éste, y cuando se utilizó el hierro para reparar el bronce, el cambio era ya completo. Sin embargo, tales ejemplos no se encuentran en Grecia hasta los siglos x o IX, y no aparecen las incrustaciones en absoluto. Es evidente que, durante la mayor parte del período geométrico temprano, esto es, alrededor de los años 1050 y 900 a.C., el hierro, en la mayoría de los lugares, se usaba habitualmente para casi todo.

La alteración de las pautas de asentamiento evidencia suficientemente la realidad del período. Según las evaluaciones más recientes (suficientemente fidedignas, a pesar de que la experiencia directa de los yacimientos suscita algunas dudas al respecto, se conocían unos 320 asentamientos del siglo XIII;130de ellos, aproximadamente, estaban aún ocupados en el siglo siguiente, y unos 40 en el siglo XI. Excepto estas estadísticas, poco de fiar, y la indudable pobreza relativa que reinó, al menos en el siglo XI, todo es especulación. Es cierto que en condiciones de despoblación se pierden las técnicas y se reducen los horizontes. Pero si realmente se dio este fenómeno, parece insuficiente el tiempo transcurrido (sólo dos generaciones) hasta la recuperación de cierto nivel de seguridad material por parte de unas comunidades tan pobres y dispersas. Hacia el siglo x sus decoraciones pintadas son excelentes, las mejores de su tiempo en el Mediterráneo y, posiblemente, en el mundo. Hasta sus artículos suntuarios importados y sus aretes de oro son importantes en el siglo IX. Del 800 a.C. data un collar de oro aparecido en Creta, con cabezas de serpientes y forma lunar de vidrio de roca, decorado con cristal y ámbar, lo suficientemente lujoso para que lo llevase una princesa micénica, aunque tal vez no una princesa minoica. Durante todo este período Creta es rica y tal vez más influyente de lo que habitualmente se supone.

Allí las técnicas que se conservaron estivación directamente relacionadas con lo que había existido mucho antes. En el siglo XII, en Karfi y Kavousi aún había artesanos que trabajaban la piedra según una reconocible tradición minoica. Los reconstructores de Festo y los constructores de Gortina en el siglo XII trabajaron siguiendo la misma tradición. En Karfi las calles estaban pavimentadas y las casas bien pudieran tener dos pisos. En Vrokrastro, posiblemente un poco más tarde, las pautas habían decaído pero la tradición seguía siendo la misma. Tal artesanía sobrevive largo tiempo: en Iolcos, por ejemplo, en la parte continental, uno de los pocos asentamientos donde es posible observar una conservación comparable de técnicas, existe una marca de albañil en escritura lineal B que todavía se usaba en el siglo IX a.C. El profesor Snodgrass ofrece la importante sugerencia de que la Grecia primitiva, la esencial, era una comunidad campesina que vivía de la agricultura y que, en sus costumbres funerarias, su cerámica y sus modos de vida, reafirmó su existencia durante el oscuro período de la edad oscura. Los micénicos, con sus tumbas familiares, sus enormes construcciones, sus numerosos rebaños y su pompa, son considerados por él como extranjeros que desaparecieron. En cierto modo ello debe ser cierto, pero quinientos años bien pudieron servir para arraigar profundamente a los micénicos en Grecia, del mismo modo que ochocientos años convirtieron a los invasores normandos del siglo XI d.C. en la aristocracia británica bajo la reina Victoria. Lo que finalmente aparece al término de esta edad oscura es asombroso y hasta espectacular, y totalmente distinto de lo que cabría esperar de los micénicos. En el siglo VIII nos enfrentamos no sólo con una recuperación económica, social y técnica, sino también con un logro tan elevado como cl monte Olimpo coronado por todos sus dioses: los poemas de Homero.

 

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