LAS REGIONES PERIFÉRICAS

Los oasis

Los oasis occidentales forman una serie de depresiones producidas por la erosión del viento en el desierto libio, con fuentes de agua naturales y en las que se han perforado pozos a más de cien metros de profundidad. Hay agua suficiente para la agricultura; pero los pozos están dispersos y a veces se secan. La población (75.000 habitantes en 1966) se extiende por amplias áreas, con sectores deshabitados. Los oasis han estado habitados desde el paleolítico; en el de el-Kharga, el más extenso, se han encontrado indicios de una agricultura muy temprana, aunque su importancia se debió más a su localización que a sus productos. A las vicisitudes de la economía local se añadieron las oscilaciones de Egipto propiamente dicho, y por lo que respecta al Periodo romano hay numerosos testimonios de su comercio con el valle del Nilo. Nuestros conocimientos sobre la historia primitiva de la zona son todavía escasos. En la época de los Imperios Antiguo Nuevo se mencionan los cuatro oasis meridionales en los textos egipcios, y se han hecho algunos descubrimientos, especialmente en el-Dakhla. Probablemente, todos fueron administrados por Egipto durante esos periodos. A partir del III Período intermedio los restos son cada vez más frecuentes y la prosperidad aumentó hasta el Período romano, cuando se establecieron algunos griegos. Siwa fue colonizado durante la XXVI dinastía y permaneció bajo control egipcio; su población, que habla beréber, siempre fue probablemente más libia que egipcia.

A finales de la época romana hubo un despoblamiento generalizado, y la economía de los oasis nunca se recuperó por completo. Con ello, aumentaron las buenas condiciones naturales para la conservación de los yacimientos.

El Sinaí

Los egipcios sintieron la atracción de los yacimientos de minerales existentes en los valles del suroeste del Sinaí, ya desde la III dinastía. El objetivo de las expediciones, enviadas allí regularmente durante los Imperios Antiguos Nuevo para trabajar en las minas, era obtener turquesa y cobre; las explotaciones de cobre en buena parte del Sinaí, no se relacionan por lo general con hallazgos egipcios. Las actividades egipcias en el Sinaí cesaron a finaes del Imperio Nuevo. Varias eran las rutas que tales expediciones podían seguir, y la elección varió probablemente con el tiempo, tanto del largo viaje por tierra bordeando el golfo de Suez como del que combinaba tierra-mar-tierra, que en su primera etapa implicaba la travesía del desierto oriental, y tal vez también la ruta Nilo mar tierra a través del canal del wadi Tumilat.

El yacimiento más importante de las actividades egipcias en el Sinaí es Serabit el-Khadim con su templo de Hathor.La parte más antigua del templo, que es la «cueva de Hathor» excavada en la roca, está precedida por un patio y un pórtico y se remonta a los comienzos de la XII dinastía. En el Imperio Nuevo se levantó, en la parte meridional, un san-tuario a Sopd, el dios del desierto oriental, y se amplió notablemente el templo de Hathor (por obra principalmente de Hatshepsut y Tutmosis III). Thoth tuvo también un culto local, junto con varios faraones divinizados de épocas anteriores, especialmente Snofru. El nombre de Ramsés VI es el último que se ha encontrado. Un nuevo texto del Imperio Medio, grabado en la roca, ha sido descubierto recientemente en Rud el-Air, a un kilómetro y medio aproximadamente al oeste del templo de Serabit el-Khadim. Y de la misma época se conocen actualmente allí otros siete. Un texto de Sahure en la roca y una estela grande de Senwosret I fechan el lugar como el tercer centro importante de extracción de turquesa, que recientemente ha sido localizado en el wadi Kharit. No lejos de allí, en el wadi Nasb, se han encontrado una estela en piedra del año XX de Amenemhet III y algunos textos del Imperio Medio y de los ramésidas.

Qasr Ibrim

El macizo central en arenisca de los tres que aparecían al sur de la aldea de Ibrim (nombre que probablemente deriva del clásico Primis), en la banda oriental del Nilo, era el más importante. El fuerte de Qasr Ibrim («el castillo de Ibrim») no hay duda de que se alzó sobre cimientos faraónicos, como lo sugerían los numerosos monumentos reutilizados o aislados que se remontaban al Imperio Nuevo (el más antiguo es una estela del año octavo de Amenofis I), y la estructura de un templo de Taharqa (con una pintura en la que el faraón aparece ofreciendo a un dios). Algunas partes de la fortaleza fueron construidas durante la breve estancia de una guarnición romana bajo el prefecto Gayo Petronio, en el reinado de Augusto, época desde la que Qasr Ibrim continuó ocupada hasta comienzos del siglo pasado. Santuarios (capillas) excavados en la roca en el fondo del acantilado y dedicados al faraón reinante y a diversos dioses fueron obra de los virreyes de Kush durante las dinastías XVIII y XIX. Durante la operación de salvamento, llevada a cabo mientras se construía la nueva presa de Asuán, fueron arrancados los relieves y trasladados a las proximidades de el-Sebua.

La gran estela en piedra de Sethi I y del virrey contemporáneo de Kush, Amenemope, que se hallaba al sur del fuerte, ha sido trasladada a las proximidades del reconstruido templo de Kalabsha, en Asuán.

Aniba

Aniba, antigua Miam, destacó en el Imperio Nuevo, cuando fue el centro administrativo de Wawat (Baja Nubia, entre las cataratas primera y segunda). La ciudad tuvo un fuerte, cuyos probables orígenes se remontaban al Imperio Medio,y el templo de Horus de Miam. El templo pudo levantarse en los comienzos de la XII dinastía (Senwosret I), aunque la mayor parte de los testimonios señalan la XVIII dinastía (Tutmosis III y los faraones posteriores). En las cercanías se hallaron cementerios de distintas épocas, incluyendo entre otros algunas tumbas del Imperio Nuevo. Una de ellas, la de Penniut, el delegado de Wawat bajo Ramsés VI, excavada en la roca, ha sido ahora trasladada a su nuevo emplazamiento, cerca de Amada.

 

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