La comunicación y el comercio

Hasta este grado corresponden los cambios en que los arqueólogos acostumbran insistir, a los cambios en las fuerzas de producción, en la estructura económica y en la organización social, los cuales se registran en documentos escritos y son considerados como fundamentales por la historia realista. En efecto, la arqueología puede señalar, y de hecho lo hace, los cambios radicales sobrevenidos en la economía humana, o sea, en el sistema social de producción. Estos cambios son de tipo semejante a aquellos en los cuales insiste la concepción realista de la historia, considerándolos como factores del cambio histórico. Por sus efectos sobre el conjunto de la humanidad, los cambios prehistóricos, o por lo menos algunos de ellos, resultan comparables a esa transformación dramática que tan bien conocemos: la conocida Revolución Industrial dada el siglo XVIII, Gran Bretaña. Su significación debe estimarse con los mismos criterios, y sus resultados deben juzgarse con arreglo a normas semejantes. En rigor, si una de las raíces de la arqueología prehistórica es la historia antigua, la otra es la geología. En su última era, la prehistoria incluye la narración. La antropología prehistórica, que se ocupa de los restos corpóreos de los “hombres” primitivos, es justamente una rama de la paleontología o de la zoología. La arqueología prehistórica, en cambio, estudia lo que el hombre realizó. Investiga los cambios ocurridos en la cultura humana. En consecuencia, el “progreso” de los historiadores puede ser el equivalente de la evolución de los zoólogos. Asimismo, es de esperar que las normas aplicables a esta última disciplina puedan auxiliar al historiador para obtener la misma objetividad e impersonalidad de juicio que caracteriza al zoólogo y a cualquier otro científico natural. Ahora bien, para el biólogo, el progreso es que emplea este término significará el éxito en la lucha por la existencia. Sólo que la aptitud significa justamente el éxito en la vida. Una prueba provisional de la aptitud de una especie, sería la de contar el número de sus miembros durante varias generaciones. 

Los biólogos han dividido el mundo orgánico en reinos y subreinos. En el reino animal, el phylum de los cordados está clasificado en rango superior a los phyla de los protozoarios (que incluyen gérmenes, algunos animales marinos y otros) y de los anélidos (lombrices de tierra). Dentro del phylum, los vertebrados ocupan la posición más elevada y, entre los vertebrados, los mamíferos (animales de sangre caliente que amamantan a sus crías) tienen un rango superior a los peces, las aves y los reptiles. Aquí, el rango depende puramente del orden de su aparición. “Superior” significa aparición posterior en el registro de las rocas; en un corte geológico ideal, las formas más antiguas de la vida ocuparían las capas más profundas, mientras que las más recientes harían su aparición muy cerca de la superficie. Si el biólogo se aparta de algún modo de esta ordenación puramente cronológica, se expone a quedar involucrado en controversias metafísicas, en las cuales, como científico, se encuentra poco dispuesto a embarcarse. Bien haría el historiador en seguir su ejemplo.

Con todo, tal vez sería permisible sugerir que, en ciertos casos, se atribuyan valores a los rangos evolutivos, y que estos valores sean susceptibles de expresión numérica. Podrían ser útiles para estimar el significado de un cambio cultural, si no es que para rescatar al progreso de todo sentido metafísico. La noción de aptitud difícilmente puede excluirse por completo del dominio biológico, aun cuando dicha aptitud signifique justamente el logro de la supervivencia. Desde luego, muchas formas inferiores todavía sobreviven con buenos resultados obvios en el caso de los gérmenes, y muy afortunados en el caso de las lombrices de tierra. Por otro lado, las rocas revelan un número incontable de especies, géneros y hasta familias, cuya supervivencia se ha frustrado, a pesar de que en su momento estuvieran colocados a la cabeza de la jerarquía evolutiva. Los reptiles gigantescos, como los dinosaurios que pululaban durante la era jurásica, se han extinguido ahora. Florecieron en condiciones geográficas particulares. La era jurásica tuvo un clima caliente y húmedo, y vastas extensiones de mares y de pantanos; en ella no existían bestias más inteligentes que pudieran competir con los inmensos lagartos. Dentro de estas condiciones, en este medio ambiente, los reptiles se habían adaptado con buenos resultados. 

El propio medio ambiente perduró un tiempo tan largo, que carece de sentido calcularlo en años. Pero, por último, las regiones sumergidas bajo el agua se hicieron más restringidas; el clima se volvió más seco y más frío, y surgieron nuevos géneros y nuevas especies. Los más no se pudieron ajustar al cambio de las condiciones, y perecieron. Estaban especializados en exceso, estrechamente a un conjunto limitado de condiciones. La especialización excesiva es desventajosa desde el punto de vista biológico. Su resultado final no es la supervivencia, ni el incremento en el número, sino la extinción o el estancamiento.

memoryOfAges

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