Una época muy convulsionada

Tras el incendio de Xianyang, el caudillo campesino Liu Bang (202-195 a.C.), vencedor de la guerra civil que puso fin a la dinas-tía Qin, fijó su residencia en Changan y fundó la dinastía Han. Para satisfacer a sus aliados y a su familia, reimplantó, al menos en apariencia, el sistema feudal abolido por los Qin. Así, entregó tierras y títulos a la aristocracia y a sus parientes, pero creó un cuerpo de inspectores para que velaran por la administración correcta de los bienes. También mantuvo las reformas y la concepción estatal burocrática de Qin Shi Huangti, pero aplicó estos modelos con mayor prudencia.
El auge de los terratenientes
Liu Bang consiguió debilitar progresivamente el poder de la aristocracia. A mediados del siglo lI a.C., el feudalismo había dado paso a una nueva estructura social, basada en la existencia de grandes latifundios. Estaban formados por extensas áreas de cultivo que podían ampliarse o ser objeto de compra y venta. La nueva clase terrateniente sustituyó pacíficamente a la nobleza a partir del siglo III a.C. A ello con-tribuyó el hecho de que la enorme extensión territorial de China amortiguaba las inevitables tensiones sociales. De esta manera, los grupos descontentos tenían como recurso la emigración y la colonización de nuevas tierras, sobre todo en el sur, lo que, a su vez, dio origen a la superpoblación de esa zona.
Los Han occidentales
A la muerte de Liu Bang, en 195 a.C., le sucedió su hijo, Liu Ying, quien solo reinó hasta 191 a.C. Desde entonces, la ambiciosa emperatriz Lü, viuda de Liu Bang, asumió el control del imperio. A su muerte, el hijo menor de Liu Bang recuperó el trono y, con el nombre de Wen-ti (179-157 a.C.), inició una de las fases más brillantes de la historia china. No obstante, el riguroso sistema de cualificación para crear una inteligente elite social y política supuso que dicha elite, más adelante, conquistara pues tos directivos, se alzara con el poder real y convirtiera al emperador en una figura meramente representativa.
La amenaza de los hunos
Desde los primeros años, los hunos (hsiung-nu), nómadas de Asia Oriental, se revelaron como los enemigos más peligrosos de China. Estas tribus bárbaras dependían del tráfico comercial de grano en las fronteras, por lo que saqueaban los dominios chinos cuando el comercio se paralizaba. La extraordinaria movilidad de su caballería les permitía invadir por sorpresa y repetidamente las regiones agrícolas del interior de China. Para contrarrestar la amenaza, Wen-ti se comprometió a entregarles cereales y seda. Uno de sus sucesores, Wu-ti (140-87 a.C.), emprendió campañas de aniquilamiento contra los hunos y buscó en vano aliarse con los yüe-chi, tribu de origen iranio desplazada por los hunos hasta el Turquestán. Al volver de esta región, el embajador Chang Qian reveló la existencia del mundo helenístico, completamente desconocido en China.
Los grandes logros de Wu-ti
El reinado del emperador Wu-ti, uno de los más largos del período (140-87 a.C.), significó el auge de la dinastía Han, con el retorno del confucianismo a las esferas de poder. Monarca duro y sin escrúpulos, hizo suya la interpretación confucianista del “mandato del Cielo” y acaparó los poderes civiles y religiosos. Consiguió la mayor extensión territorial de China, combatió a la aristocracia agraria dividiendo las grandes propiedades, fortaleció el mercado interno y convirtió en monopolios imperiales el comercio de la sal y las grandes industrias del hierro. Poco antes de morir, hizo ajusticiar a su primogénito, acusado de conspirar contra él, por lo que no dejó herederos adultos.
Wang Mang, el usurpador
Durante un siglo, el poder real quedó entonces en manos del clan de Ho Kuang, el regente, y de los grandes aristócratas latifundistas, que se resarcieron del despotismo de Wu-ti interviniendo en la política imperial a través de los círculos de las emperatrices. Durante la minoría de edad del heredero del emperador, Cheng Ti, el ministro Wang Mang, vinculado a una emperatriz imperial, se hizo nombrar regente, arrebató el trono a su pupilo y usurpó el título (10 d.C.). Wang Mang quiso detener la decadencia del Imperio mediante reformas monetarias, la estatización de las tierras y la ampliación de los monopolios de la sal, el hierro y las bebidas alcohólicas, para estabilizar los precios. Pero los latifundistas se rebelaron con violencia.
Los Han orientales
En el año 18 d.C., en medio de la tensión social, el río Huang He se desbordó causando catastróficas inundaciones. La población, sumida en la miseria, emigró hacia el sur. En Shandong, la región más castigada, surgió el movimiento campesino de los Cejas Rojas que, convertido en sangrienta revolución contra la clase dominante, se propagó hacia el oeste. Finalmente, una rama lateral de la familia Liu, fundadora de la dinastía Han, se alió con los rebeldes y derrotó a Wang Mang. Pero la alianza vencedora duró poco. Kuang-wu (25-57 d.C.) se proclamó emperador. Fijó la capital en Luoyang, fundó la dinastía Han oriental, sometió a los Cejas Rojas, eliminó a sus enemigos y fortaleció el dominio del clan Liu.
Intrigas y rebeliones
A la muerte de Kuang-wu, el reino estaba en crisis. La emigración hacia el sur era imparable, y los ataques de los hunos volvieron a repetirse. Solo a finales del siglo l, China volvió a recuperar su capacidad expansionista. Sus tropas regresaron a la cuenca del río Tarim y rechazaron a los tibetanos del Kansu oriental. El siglo siguiente estuvo marcado por el nepotismo, las intrigas palaciegas y las sangrientas pugnas por la sucesión al trono imperial entre las grandes familias, los clanes de las emperatrices y los eunucos, personajes muy influyentes en la corte. El triunfo de los eunucos tuvo como resultado la rebelión de la secta de los Turbantes Amarillos.