El reino toba

Los toba, que dieron a su dinastía el nombre de Wei, dominaron a los restantes pueblos bárbaros y sometieron a su poder todo el norte de China. Pronto comprendieron que les resultaba más ventajoso dejar que los chinos trabajaran por su cuenta, en lugar de convertir los campos de cultivo en tierras de pastoreo. Por este motivo, otorgaron el control del foco más fértil del antiguo reino chino a las viejas familias rurales chinas. Con esta medida, y al confiar la administración a funcionarios locales, los toba, que eran una sociedad de pastores y guerreros casi sin recursos, adoptaron la superior estructura social china. Paralelamente, el reino toba tuvo que defenderse de las incursiones de otros nómadas procedentes del norte. A mediados del siglo V, el peligro ya había sido conjurado después de derrotar a varios pequeños Estados del oeste y del norte. Además, los toba conquistaron una extensa región de la provincia de Honan, incluyendo la ciudad de Luoyang. De este modo, el reino de los toba se transformó en el más poderoso de Extremo Oriente.
Una nueva disgregación
A finales del siglo V, los dirigentes toba aceleraron el proceso de asimilación china. Impidieron el uso de la lengua toba, impusieron la obligación de adoptar nombres chinos y a la aristocracia toba le prohibieron unirse en matrimonio con miembros de su propia etnia. Esta asimilación forzada originó una guerra civil (524-534), que concluyó con la partición del Estado en dos reinos, gobernados por las dinastías Wei oriental y Wei occidental. La primera fue derrocada por una nueva dinastía, la Chi; y la segunda, por la Chou septentrional.
Decadencia y reunificación
Finalmente, en 577, los Chou conquistaron los territorios Chi y la provincia de Sichuan, así como toda la región situada al norte del río Yangtsé. Luego de varias divisiones y guerras civiles, el reino toba, reconvertido en reino Chou, entró en una espiral de decadencia, que se hizo absoluta en los años finales del siglo VI. No obstante, de su corte saldría un hombre decisivo: Yang Chien, quien en 589 consiguió dominar el norte y el sur del país. Con ello, reunificó China, se proclamó emperador, fundó la dinastía Sui y puso fin a trescientos años de caos.
El budismo arraiga en China
El acontecimiento cultural más importante que tuvo lugar durante el período toba fue la propagación del budismo. Esta religión había llegado a China, procedente del norte de la India, hacia el año 65, a través de la Ruta de la Seda. Pero sólo se popularizó tras la caída de los Han. Su énfasis en la salvación personal y su desapego por el mundo material fueron muy bien acogidos en una sociedad en descomposición. El budismo, adoptado por los tobas como vehículo de control social, adquirió el rango de religión de Estado. A mediados del siglo V, el 90% de los chinos profesaba el budismo. Esta religión fue la influencia exterior más importante que recibió China hasta el siglo XIX.
Auge del Imperio bajo la dinastía Tang
La dinastía Sui reunificó China y la dotó de grandes infraestructuras. La sucedió la dinastía Tang, que comerció y combatió con los pueblos fronterizos durante casi tres siglos, y proporcionó al país un brillante nivel económico y cultural.
Una potencia en crecimiento
La dinastía Sui (589-617) significó para China la reunificación política y administrativa, después de 300 años de división entre el norte y el sur, así como un período de construcción de grandes infraestructuras. Su primer emperador fue un aristócrata militar del norte, Yang Chien, que tomó el nombre de Wen (589-618). Wen comprendió que mantener la unión de China requería una nueva estructura administrativa y económica del imperio. Para eso, repartió tierras, levantó silos para almacenar los cereales-recibidos como impuestos y distribuirlos en épocas de escasez, y construyó una red de canales para transportarlos. Estas obras fueron posibles gracias a las prestaciones personales obligatorias de los súbditos, que fijó en 20días al año.
Esplendor de la época Sui
La política de Wen fue continuada por su hijo Yang (604-618), con obras de mayor envergadura. Entre sus principales logros se destacan el Canal Imperial, símbolo de unión entre el norte y el sur, y la construcción de una segunda capital oriental, Luoyang, y una tercera capital fluvial, Chiangtu. En política exterior, los Sui remozaron la Gran Muralla, forzaron el retroceso de los kitanos a Manchuria, establecieron buenas relaciones con los turcos y conquistaron el reino de Champa.
Expansión, derrotas y revueltas
Le sucedió su hijo Tai-tsung, en cuyo reinado el Imperio alcanzó su máxima extensión territorial. Su hijo Kao-tsung (649-683) prosiguió la política expansionista. La península de Corea fue sometida en 668, lo que significó la penetración de la cultura Tang no sólo en Corea sino también en el Japón. En el sur, sin embargo, un Tíbet en expansión se alió con los turcos y derrotó a un ejército chino de 180.000 hombres. En el siglo siguiente, el reinado de Minghuang (712-756), llamado a título póstumo Hsüan tsung,”emperador brillante” significó el cenit cultural de la dinastía él. Sin embargo, el final de su reinado se vio oscurecido por dos acontecimientos que marcaron el declive de los Tang. En primer lugar, las derrotas del año 751 contra un ejército árabe junto al río Talas y contra los tibetanos. En segundo lugar, la rebelión de An Lushan, un gobernador militar que solo pudo ser sometido gracias a las tropas extranjeras, luego envueltas en disputas constantes entre sí.
Hundimiento económico
A pesar de lo ocurrido, no se modificó el sistema de gobernadores militares, ya que la amenaza de los tibetanos y de los kitanos obligaba a mantener grandes contingentes de tropas en las fronteras. Estos gobernadores concentraron cada vez más poder y desviaron los impuestos para equipar a sus propios ejércitos. A raíz de los sangrientos alborotos de An Lushan, de los reclutamientos y de los saqueos, el cobro de impuestos grano y seda, que se basaba en el principio de que cada ciudadano contribuía en función de una unidad mínima de terreno entregada por el Estado, se mostró ineficaz.