China se divide en tres reinos

Las tropas del gobierno lograron contener a los Turbantes Amarillos, pero tres generales iniciaron una guerra civil para apoderarse del trono. Uno de ellos, el general Cao Cao, proclamado protector imperial, no pudo detener la desmembración del imperio. En el año 220, el Imperio Han llegó a su fin. Sobre su territorio, se formaron tres reinos independientes: Wei, Shu y Wu.

Los reinos de Wei y Shu

Los gobernantes de los tres reinos asumieron respectivamente el título de emperadores. El hijo de Cao Cao, Cao Pidió a su dinas-tía el nombre de Wei (220-266), fijó su capital en Luoyang, y retuvo el área septentrional del antiguo Imperio Han, la de mayor importancia económica. Por su parte, Liu Pei, que se consideraba legítimo heredero de los Han, fundó el reino de Shu, con capital en Chengdu actual Sichuan. Su escasa población lo convirtió en el más débil de los tres reinos y fue anexionado por los mandatarios de Wei (263). Posteriormente, la dinastía Jin se adueñó del reino Wei-Shu y la fértil llanura de Shu se convirtió en una región próspera al comerciar con el Tíbet y la India.

El reino de Wu

El reino de Wu, fundado en el sureste por Sun Quan, era el más extenso de los tres reinos surgidos del Imperio Han. Abarcaba casi todo el valle del río Yangtsé, además de amplias zonas de la actual China meridional, ocupada entonces por etnias no chinas. Tuvo como capital Nankín y estableció un tipo de feudalismo colonial, de grandes terratenientes. En 265, el general Sima Jian, el conquistador de Shu, derrocó a la dinastía reinante en Wei. Quince años más tarde, reunificó China tras conquistar el reino meridional de Wu. Entonces, tomó el nombre de emperador Wu, de la dinastía Jin, y se aplicó a mejorar la economía del país. Para ello, licenció a una gran parte del ejército, renunció a nuevas empresas militares y limitó los gastos en armamento, aunque estas medidas debilitaron notablemente la defensa del Imperio. También distribuyó tierras entre los campesinos, quienes debían pagar tributos en forma de cosechas, seda o tejidos acabados.

La llegada de los bárbaros

En 290, a la muerte de Wu, y como una constante de la época, se reanudaron las luchas por el poder entre sus hijos. A este problema interno se sumó la ofensiva de los nómadas del norte y el noroeste, incluso reclutados en ocasiones por los pretendientes al trono. A principios del siglo IV, los ataques de los bárbaros se hicieron incontenibles y todo se desmoronó. Tras la caída de la ciudad de Luoyang, muchos aristócratas y campesinos huyeron hacia el valle del río Yangtsé, donde la nueva dinastía Jin del este se mantuvo desde 317 hasta 419.

El país de la seda

En el período de los Han, la seda se convirtió en un codiciado artículo de exportación. Los países mediterráneos recibieron grandes cantidades de seda cruda y numerosas telas para revenderlas en Roma, donde era uno de los artículos de moda. El hecho de que todo el comercio fluyera por la Ruta de la Seda, expuesta a los ataques de los hunos, encarecía aún más el producto. Los Han estandarizaron el uso, el ancho, la longitud y la calidad de las piezas, hasta tal punto que en la misma China se podía usar como medio de pago: los impuestos se pagaban en fardos o balas de seda. Durante siglos, su obtención fue un secreto impenetrable, hasta que se difundió a Corea, luego al Japón y la India y, de aquí, a Indochina e Indonesia occidental.

Tres siglos de conflictos

La invasión de los pueblos bárbaros en el norte en el año 316 supuso un duro golpe para China. Durante tres siglos, el país estuvo marcado por la difícil coexistencia de varios reinos nacionales y extranjeros, así como por la emigración hacia el sur del río Yangtsé en busca de tierras cultivables. Hasta la reunificación china (589), en el sur se sucedieron cinco dinastías legítimas, asentadas en Nankín. Se consideran ilegítimas las establecidas en el norte por los bárbaros, cuya evolución fue mucho más decisiva.

La ferocidad de los invasores

Atraídas por la civilización china, las tribus nómadas invasoras los hunos, los hsiempo, los chiang, los toba, etc., formaron varios estados en el norte. No sólo sojuzga-ron a los campesinos chinos, obligados a entregarles parte de sus cosechas, sino que también combatieron implacablemente entre sí. De hecho, dentro de sus Estados, las familias dominantes se exterminaban recíprocamente en su búsqueda incesante del poder. Estas luchas sangrientas enmarcaron la existencia de reinos más o menos poderosos y el proceso de asimilación de la cultura china, hasta que en 385 se formó el reino toba.

Una nueva dinastía

Sin embargo, el descontento de la población, motivado por las continuas guerras, las abusivas prestaciones de trabajo personal y los lujosos viajes del emperador, causó la desestabilización del país a partir del año 610. Ocho años después, ya sin el apoyo de la aristocracia del norte, Wen fue asesinado. El poder pasó a Li Yuan, caudillo militar de una familia del norte en la que se mezclaban chinos y bárbaros. Con el nombre imperial de Kao-tsu, fundó la dinastía de los Tang.

 

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