Los guerreros 

Hacia el año 1000 a.C. El reino de Asiria organizó un gran ejército para hacer frente a las invasiones de las tribus nómadas. Creado en un principio con las finalidades defensivas, su organizado aparato militar se convirtió en el eje de un imperio que se extendió por toda Mesopotamia. Sus monarcas, entre los que destacaron Assurnasirpal II, Sargón II y Asurbanipal, eran famosos por su inclemencia con los enemigos, como muestran los numerosos bajorrelieves que decoraban los palacios reales. Durante el período de su hegemonía, que ter-minó a mediados del siglo VII a.C., los asirios hicieron importantes aportaciones en los campos del arte y la arquitectura.

El sistema militar asirio A lo largo de su historia, el poder asirio residió en un aparato militar fuertemente organizado y bien equipado. El grueso principal del ejército estaba formado por la infantería, que ya disponía de armas de hierro gracias al contacto con los hititas. La infantería pesada estaba protegida con casco, escudo y coraza. Los asirios eran grandes estrategas y aportaron innovaciones como las torres de asedio. El rey era el jefe del ejército y normalmente comandaba personalmente las campañas, que podían llegar a movilizar hasta 600.000 hombres. Los carros de combate constituían la vanguardia del ataque, mientras en las alas la infantería disparaba innumerables lanzas y flechas sobre el enemigo.

La gran biblioteca de Nínive Assurbanipal III (669-627 a.C.) -conocido como Sardanápalo por los griegos- fue el último gran monarca de Asiria y se distinguió por ser un gobernante culto con el que la literatura y arte asirios llegaron a su máximo esplendor. Creó la biblioteca de Nínive, que instaló en su propio palacio, e hizo copiar los textos de todas las bibliotecas existentes para reunir los conocimientos del pasado y del presente. Esta ingente labor dio como resultado la primera gran biblioteca del imperio, que albergaba cerca de 30.000 tablillas con textos literarios, científicos, médicos, históricos, religiosos y de magia.

El imperio neo babilónico

En el 626 a.C., el jefe caldeo Nabopolasar puso fin a 400 años de yugo asirio autoproclamándose rey de Babilonia. Se inició entonces un período conocido como imperio neo babilónico, en el que una dinastía caldea dominó los territorios de Mesopotamia, Siria, Palestina y Elam. El monarca más destacado fue Nabucodonosor II (604-562 a.C.), quien además de ser un activo conquistador pasó a la historia como el constructor que devolvió a la ciudad de Babilonia su antiguo esplendor. Sin embargo, este imperio fue efímero: en el 539 los persas derrotaron a los babilonios y convirtieron sus territorios en una provincia más del imperio de los Aqueménidas.

Nabucodonosor II y el cautiverio judío

En el año 598 a.C. Nabucodonosor ocupó la ciudad de Jerusalén, que destruyó tras año y medio de asedio. Capturó al rey Joaquín, y puso en su lugar a suI sobrino Sedecías, a la vez que deportaba a un gran número de hebreos, iniciándose así la diáspora. En el 587a. C., Sedecías encabezó una revuelta anti babilónica que tuvo como consecuencia un nuevo sitio de Jerusalén, esta vez de 18 meses. Diezmada por la peste y eI hambre, la capital de Judea no pudo resistir el asedio y Nabucodonosor entró en la ciudad y ordenó la destrucción de las murallas, la demolición del templo y la deporta-ción masiva del pueblo hebreo.

Los Jardines Colgantes de Babilonia

Mito y realidad se confunden en los Jardines Colgantes de Babilonia. Según la leyenda, Nabucodonosor los hizo construir para consolar a su esposa, que sentía nostalgia del paisaje de su Persia natal. Los jardines no eran exactamente colgantes, sino que se situaban sobre la azotea y las terrazas del palacio real para simular colinas y contaban con una gran variedad de árboles y plantas exóticas, así como fuentes abastecidas desde lejanos ríos. En 1899, el arqueólogo alemán Robert Koldewey realizó unas excavaciones en Babilonia en las que descubrió, además de las majestuosas murallas de la ciudad, unas bóvedas con pozos profundos donde seguramente se situaban los famosos jardines.

La Torre de Babel

Nabucodonosor también se encargó de reconstruir el gran zigurat que se erguía en el corazón de la ciudad de Babilonia. Este templo fue destruido y hoy en día sólo quedan algunos ladrillos de sus cimientos. Por esta razón, la única fuente que queda para saber sus dimensiones reales es la tablilla de E sangila, que significa “Templo que levanta la cabeza”. Este documento describe una monumental torre de siete pisos que alcanzaba los 90 metros de altura y se asentaba sobre un enorme terraplén de 456 metros de largo por 412 de ancho. El zigurat de Babilonia, que recibía el nombre de Etemenanki (“Casa del fundamento del Cielo y la Tierra”), se corresponde seguramente con la bíblica Torre de Babel, ya que en el Antiguo Testamento se hace referencia a Babilonia como Babel.

 

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