Las migraciones indoeuropeas

Aunque no se sabe con certeza, los historiadores sitúan el origen de los pueblos indoeuropeos en las estepas asiáticas. Las razones más probables que impulsaron a estas tribus a emigrar fueron unas condiciones climáticas adversas y una presión demográfica insostenible. Las principales oleadas migratorias tuvieron lugar entre el 2000 y el 1200 a.C.y se expandieron hacia los cuatro puntos cardinales. En el este crearon las sociedades iraní y védica, además del imperio hitita; en el sur de Europa se instalaron los griegos y los latinos; en la Europa Central. Çatal Hüyük, un gran poblado neolítico, el poblado de Çatal Hüyük, que fue habitado del 6700 al 5500a.C., fue uno de los asentamientos más importantes del Neolítico: ocupaba unas 13 hectáreas aproximadamente 17 campos de fútbol y llegó a albergar a unos 5.000 habitantes. A pesar de su gran extensión, no respondía a una planificación urbanística, sino a la improvisación. Así, cuando una casa se derrumbaba, se construía una nueva encima.
El poderoso imperio hitita
Las primeras constancias históricas de los hititas comienzan en el 1650 a.C. cuando instalaron la capital del incipiente imperio en Hattusa. Durante su período de máximo esplendor el siglo XV a.C. los hititas ampliaron sus territorios hasta rivalizar en poder con las otras potencias de la época: Egipto, Babilonia y Asiria. En los siglos posteriores consiguieron mantener sus dominios mediante continuas guerras, pero hacia el 1200 a.C. la invasión de los pueblos del mar acabó definitivamente con su imperio.
La madre de todas las batallas
En el año 1299 a.C. tuvo lugar la primera batalla grande de la historia. Las luchas por controlar la rica zona costera del Mediterráneo, que incluía las ciudades fenicias, habían enfrentado a egipcios y hititas durante largo tiempo. Finalmente, dos colosales ejércitos, el del rey hitita Muwattali y el del faraón Ramsés II, se encontraron en Kadesh, en la actual Siria. A pesar de que las tropas de Ramsés eran inferiores en número 20.000 soldados egipcios contra 37.000 hititas la victoria cayó del lado de Egipto, aunque sus adversarios continuaron manteniendo sus posesiones en Siria. Al final, Hatusil III, sucesor de Muwattali, firmó un pacto en 1275 a.C. con Ramsés II y le entregó a su hija en matrimonio como signo de buena voluntad.
La civilización hitita
La sociedad hitita estaba muy jerarquizada. El rey, llamado labarna, se hallaba en la cúspide de esta jerarquía y asumía las funciones de jefe del ejército, sumo sacerdote y juez principal. La reina (o tawananna) también disfrutaba de cierto poder y era seguida en el escalafón social por la nobleza. A continuación, se situaban los funcionarios reales y los sacerdotes. Pueblo muy religioso, tenía en el dios Teshub y la diosa solar Arina sus divinidades más importantes.Los hititas destacaron como grandes legisladores; inspirados en la legislación babilónica, optaron por una vía más tolerante.
La ciudad de Hattusa
Capital de los hititas durante largos años, Hattusa se encontraba en lo alto de una suave colina y estaba protegida por una muralla doble que contaba con dos torres de vigilancia. Las puertas de entrada estaban decoradas con esfinges, leones o imágenes de los dioses principales. En el centro se hallaban el palacio real y el templo dedicado a Teshub, el dios de la tormenta.
El Imperio Medio
Tras un período de conflictividad y disgregación del poder, el rey de Tebas Mentuhotep II logró reunificar Egipto y mantener la paz. Empezó entonces el Imperio Medio (2119-1793 a.C.), que comprende las dinastías XI y XII. Al principio, los monarcas mantuvieron un alto grado de autonomía, pero luego el faraón, con el apoyo de los sacerdotes de Amón, restauró el poder central para tener un mayor control sobre el territorio y unificar leyes y criterios de gobernabilidad. Pero entre 1786 y 1567 a.C. tuvo lugar una nueva desintegración del estado, lo que favoreció la invasión de los hicsos que, aunque al principio fue lenta, con el tiempo trajo muchas consecuencias que aún se estudian. Para la invasión, los hicsos usaron caballos y carros de guerra desconocidos por los egipcios.
Tierra roja y tierra negra
La civilización del antiguo Egipto debe su riqueza a las aguas del río Nilo, que atraviesa de norte a sur el borde oriental del desierto de Sahara, denominado “tierra roja”. La zona tiene más de mil kilómetros de longitud por 20 o 30 de anchura, que se amplía hasta los 250 en el delta de la desembocadura. Cada año, de junio a septiembre, las crecidas anegan los campos situados a ambas márgenes del río. Cuando las aguas se retiran en noviembre, han depositado limo y otros sedimentos, y el suelo de la zona llamado “tierra negra”, queda fertilizado. Para optimizar los recursos del río, los egipcios construyeron canales de regadío y barreras de contención. El comportamiento del Nilo ya hace parte de la cultura egipcia.