La vida urbana

El sedentarismo y el aumento de población propiciaron el desarrollo de la vida urbana en el Cercano Oriente y Egipto hacia el tercer milenio a.C. En Mesopotamia, florecieron las ciudades de Nínive, Assur, Uruk y Ur, que estaban rodeadas por murallas con grandes puertas de entrada flanqueadas por las divinidades locales. La vida política, religiosa y económica giraba en torno al templo y al palacio, que ocupaban un lugar central alrededor del cual se articulaban las distintas calles. Estos primeros enclaves urbanos reciben el nombre de ciudades estado y se caracterizaban por disponer de una estructura política y administrativa compleja.

El nacimiento de los estados y las leyes

La rivalidad por el control de la tierra y el agua potenció el auge de familias que acapararon el poder y, con el tiempo, formaron monarquías con ansias expansionistas. De las ciudades estado se pasó entonces a la formación de los primeros imperios como el asirio, el persa o el Egipto de los faraones. El monarca era el dueño de la tierra y el jefe del ejército, al mismo tiempo que ejercía las funciones de sumo sacerdote. De este modo, una sola persona controlaba los asuntos políticos y religiosos. El nacimiento de las leyes reguló estos estados, que contaron con una compleja trama administrativa.

Trabajo especializado

Una de las principales consecuencias de los cambios económicos producidos en el Neolítico fue la especialización del trabajo, es decir, cada hombre empezó a dedicar la mayor parte de su tiempo a una única actividad productiva. Los primeros oficios fueron los de agricultor y ganadero. Junto a ellos se encontraban los artesanos, que se encargaban de la elaboración de los diferentes objetos de cerámica, de cestos o de armas y herramientas de metal, entre otros. Esta especialización fomentó el intercambio de productos que daría lugar al inicio de las actividades comerciales, además de hacer más intensas y complejas las relaciones sociales y políticas.

Un metal para una época: el bronce

El bronce es una aleación de cobre y estaño que se empezó a utilizar hacia el II milenio a.C. La combinación de estos dos metales da como resultado un material de gran resistencia, y por eso mismo fue el preferido para fabricar herramientas y armas durante unos 2.000 años, hasta que fue sustituido por el hierro. Durante esta larga época, conocida como la Edad del Bronce, se produjeron, con primitivos hornos de fundición, una gran variedad de armas (hachas, espadas o puntas de lanza) y útiles de labranza, como la hoz.

De un continente a otro

Todo parece indicar que los primeros inmigrantes penetraron en América del Norte por lo que actualmente es el estrecho de Bering y Alaska. Hoy pueden señalarse en el nordeste de Asia hasta tres de los caminos libres de hielo que llevaban hasta el estrecho de Bering. En aquellos tiempos remotos debía de ser una ancha legua de tierra salpicada de lagos que alcanzaba a unirse a la llanura del río Yukón, en Alaska. Ése fue, sin duda, el camino seguido por manadas de animales y bandas 

La industria lítica

El Paleolítico americano se dividió en dos períodos: el Paleolítico Inferior y el Superior. Uno y otro definen dos etapas culturales cuyo rasgo distintivo es el uso que los hombres de aquella época hacían de la piedra (la industria lítica). En el primer estadio del período, los utensilios fabricados eran bastante toscos. Consistían en núcleos o piezas nodulares y lascas obtenidas a través de la técnica de percusión. No fue hasta el estadio siguiente, el Paleolítico Superior, cuando el homo sapiens americano consiguió fabricar instrumentos mucho más finos y elaborados, como las puntas de proyectil y los cuchillos y las hojas de talla bifacial.

El auge de la caza

El perfeccionamiento de la industria lítica fue posible porque los nuevos contingentes humanos que llegaron a América hacia el 15.000 a.C. traían de Asia técnicas más desarrolladas que mejoraron las armas de caza e incrementaron el número de piezas cobradas, lo que relegó a un segundo plano la recolección y dio pie a formas de organización económica más complejas. Estos cazadores del Paleolítico superior de América del Norte, como había sucedido antes con los cazadores recolectores del Paleolítico inferior, penetraron en México y América Central para luego expandirse por América del Sur.

La extinción de la mega fauna

En 80007000 a.C., un gran cambio climático causó el retroceso de las grandes masas glaciares. Esto motivó la extinción de gran parte de la mega fauna que poblaba el continente formada por especies autóctonas de América del Norte mastodonte y algunas especies de equus, platygonus y tapirus, del Sur el megaterio, el mylodon y el megalonix y de especies originarias de Asia el elefante o mamut, el alce, el bisonte, el reno, el castor y diversos félidos. El agotamiento de esa diversidad animal significó la desaparición de la principal fuente de alimentación para los cazadores. El cultivo de vegetales suplió, en parte, aquella pérdida de proteínas. Una nueva aventura humana estaba en marcha: el neolítico.

 

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