Territorios Americanos

En esa geografía de utopías y ensayos, América Crucé (¿1589? -1648) fue uno de los precursores en esa idea de organizar la “nueva Europa “a partir de imputarle una finalidad eminentemente secular a su existencia un haría, y animado por el deseo de terminar con el sempiterno drama de la guerra catre los europeos. Todo el texto de Le nouveau Cynée o Discours des ocassions et moyens detablir une pale genénale ef liberre du commerce par tout le monde (1623), se presentaba ordenado al subl.me fin de la paz y puede considerarse el primer intento “científica” por develar las “causas reales” de los conflictos armados colectivos. Cruct identificaba cuatro causas elementales que provocaban con regular dad las luchas entre las naciones: el “beneficio”, razón contradictoria en virtud de ser la guerra un acontecimiento desastroso para todas las partes, el “honor”, vanidad absurda si no está al servicio del derecho, la “violación territorial”, acontecimiento superable por otras vías, y el “placer por la lucha misma”, tendencia natural pero perversa que aqueja al hombre irascible. El principio de explicación de la actividad no era en esta ocasión Dios o los contenidos de la revelación, sino las actitudes o disposiciones psicológicas de los sujetos intervinientes en la forma de encarar los problemas y racionalidad o no de los comportamientos humanos destinados a resolverlos.
En el marco de una concepción pacifista Le nouveau Cynée proponía, partiendo del statu quo vigente, un acuerdo de paz perpetua entre los monarcas de Europa, bajo la iniciativa y promoción del Rey de Francia, a quien consideraba el defensor idóneo para imponer, en caso de ser necesario, aquella paz y mantenerla en beneficio del conjunto. Además del reconocimiento de cada Estado a aceptar lo que poseía como su territorio legítimo y renunciar a toda pretensión futura cn tal aspecto, Crucé imponía la condición de una contribución financiera de cada una de las partes con la finalidad de solventar los gastos comunes surgidos del nuevo emprendimiento (Louis-Lucas, Pierre, 1929). La “supresión de la guerra” era en esta ocasión el gran objetivo que exigía en soberana medida la necesidad de la “secularización” del proceso político y la evolución hacia parámetros ordenados según “Vocaciones prácticas”. En la argumentación de Crucé pueden distinguirse dos aspectos fundamentales: el tema del “plan general de paz” y la cuestión de la “libertad de comercio”. El pensador francés motivado por su “pacifista activo”, reconocía que in intención exitosa de evitar las guerras injustificadas (calificativo que afectaba a todas ellas excepto a las censadas por actos de “legítima defensa” o el “ataque a pista’), dependía del acceso por parte de “Ia humanidad” a un estadio de bienestar y tranquilidad” La “teoría acerca de las causas de las guerra remitía entonces a una “doctrina sobre la producción de la riqueza “y ésta intensa brindar las respuestas prácticas para superar las que eran valoradas fuentes más frecuentes de los conflictos.
En esta intención Cruct demostraba ser un autor totalmente identificable con la “modernidad” (postulada por la historiografía “época”), que organiza la “evolución de Europa” según el acceso y la ejecución de una “racionalidad “que expresaba una vocación por encontrar soluciones “racionales y prácticas” para el “bienestar del hombre”. Le nouveau Cynée dejaba trascender una concepción decididamente pacifista, parte constitutiva en Ghima instancia del “humanismo” de su autor, realizable gracias a kom dew objetivos elementales de paz y libertad comercial mencionados, los cuales estaban estrechamente relacionados y podían considerarse interdependientes. Para modificar una de esas dimensiones en forma profunda y duradera era necesario transformar paralelamente la otra. Uno de los aspectos significativos que destacaba Voyenne acerca del proyecto de Cruce era su sentido o pretensión “universalista”, ya que el autor de la propuesta solicitaba a Luis XIII que comprendiera en la novedosa organización a potencias extra-continentales como Turquía, China y Japón.
Para la investigación semiótica, el dato más sensible de la nueva concepción fue la apertura del “núcleo veterocontinental “y la eventualidad de aceptar en el proyecto político a miembros que estaban “fuera de Europa”. Desde el punto de vista de la construcción de la argumentación, el componente relevante consiste en la relación genésica establecida por el autor entre “conflictos humanos” y “bienestar general”, definiendo una de las constantes que caracterizarían al discurso “progresista” de la “modernidad”. Más allá de la dosis de fantasía que esto significaba, of segundo dato interesante de destacar desde la perspectiva del análisis semiótico es que el discurso incorporaba un criterio “universal” confer.me a una “naturaleza racional” para definir a “la humanidad”, y con ello preveía y tenía en cuenta la realidad poblacional “extra europea” para conformar una comunidad política novedosa. Esta posibilidad avalaba is originalidad de Crucé en el sentido de pretender organizar una normativa según el criterio pragmático dirigido a lograr un fin secular deseable. Apartándose de las concepciones esencialistas religiosas que priorizaban la representación-realización de alguna referencia o contenido absoluto para condicionar la finalidad de cualquier proyecto político o resultaban incapaces de aceptar que éste fuera legitimo si contrariaba aquellos “componentes identitario” fuertes de “lo propiamente europeo”. Con planteos similares a éste, el “humanismo” ilustrado de un autor resistían en el futuro caracterizado a partir de la postulación del concepto “hombre” según coordenadas de “naturaleza” mundana y de su defensa do su valor y entidad sin apelar a contenidos religiosos. Por otra parte, el discurso tradicional también destaca que Enrique IV de Francia fue incorporado a la “historia de la unidad europea “a partir de un proyecto concebido en términos similares a los de Cruce, aunque al parecer con intenciones diferentes, y cuya versión menos controvertida fue llegada a la posteridad por su ministro, Maximiliano de Béthune (1559-1641), el Duque de Sully (Mémoires des sages et royaller oeconomies d’Etat, 1638).