Las ideas políticas

Desde la aproximación semiótica, Postel debe considerarse importante en la historia de las ideas políticas en virtud de tres motivos principales. Por un lado, desplegó en su discurso un principio de distinción “intracristiana” que de hecho implicaba la irrupción de una cualificación “católica” de la cristiandad, que la especificaba como tal y obviamente la jerarquizaba en su capacidad donante de sentido frente a los sectores opuestos reformistas. Por otro, su concepción terminaría finalmente anclada en una tesis singular del “mundo catolice”, que me era sino aquella de postular una “monarquía particular” entre varias de las vigentes en el “Viejo Mundo”, como fue en su momento el francés acontecimiento que desagregaba doblemente a la cristiandad “occidental”, disponiéndola según dos grandes ejes conflictivos; uno constituido por la dualidad católicos reformados, y otro por la dicotomía franceses o austriacos-resto de los católicos. El tercer motivo de la importancia del discurso posteliana es de carácter metodológico y está directamente relacionado con el interés que también presenta Tommaso Campanella en tal sentido: descubrir en la obra de estos autores sus disposiciones a “racionalizar la fe” en lugar de ahogar al entendimiento en el “pozo “de la Sabiduría cristiana (Blanchet, 1920). Uno de los aspectos que llama la atención del observador en auto.res como el tratado en último término es el contraste existente entre su fanatismo fundamentalista de signo cristiano y su efímero compromiso con “los representantes orgánicos de la cristiandad”, fenómeno que terminaría por encadenar su ambigua ciclotimia a no escasas tragedias existenciales. Este síntoma es la expresión de la trascendencia asignada a la propia obra, donde el texto prefigura la realidad y en casos extremos llega a dominar al autor, imponiéndole su lógica en términos de “verdad realizada” o en “proceso de realizarse”. En esta confusión, escritores como Postel ejemplifican las virtudes de disponer al intelecto en función hermenéutica de grávidas consecuencias ante las potenciales “ofertas discursivas” contenidas o implícitas en los escritos religiosos, complementado tal relación genésica con la portentosa capacidad de la imaginación, que, mediante la entrega de metáforas e imágenes expresivas, tiene efecto “productivo” desencadenante sobre el desarrollo de las ideas que se pretenden imponer. Imágenes de una “ciudad perfecta”, simétricamente distribuida en sus estaciones y funciones, o figuras como un extraordinario “congreso celestial” de personalidades eximias, constituyen ejemplos del ejercicio de la imaginación puesta al servicio de un intelecto, que a su vez aumenta considerablemente su alcance al actuar en función del texto revelado, aunque en muchas ocasiones la estructura discursiva pierda los exactos vínculos entre los tres ámbitos comprometidos en la empresa narrativa y provoque descomunales contradicciones.

La actitud de Campanella en la Ciudad del Sol representó un intento por reformular la idea de “organización del mundo” desde una perspectiva que otorgaba preponderancia a la racionalización de los contenidos religiosos. La citada obra era un modelo utópico cuyas articulaciones principales consistían en proponer que la “comunidad espiritual” encarnada en la Iglesia católica debía “transfigurarse” en una “sociedad de carácter temporal”, formada por “todos los pueblos de la tierra” y que “Europa” era la actora indicada para liderar ese proceso fundacional. Las utopías campanillean surgió en términos de una “narración evocadora” pronunciada por un marino sobre aventuras en lejanas tierras, y la descripción remitía a una ciudad geométricamente ordenada según la simbología de números “esotéricos”. La funcionalización numérica permitía mostrar la “perfecta funcionalidad” de cuestiones tales como la “comunidad de bienes o mujeres” y los beneficios que surgían de un “gobierno socrático”. En los hechos, la singular ciudad de los solarios adelantaba el problema de la conquista del “nuevo mundo” y la necesidad correlativa de renovar la tierra, en una coyuntura netamente favorable a la Cristiandad (Gilson,1952, p.238).

Durante su estancia en prisión (1615-1618), Campanella escribió su Quod reminiscentur et convententur ad Dominum universo fines terrae, obra que se publica en 1621 y puede considerarse la síntesis final de su pensamiento modelador universalista. En ella, el autor calabrés convocaba a “todos los pueblos del mundo”, que debían comparecer con el fin de restablecer la “unidad de la fe”, alcanzando a definir un solo “rebaño “con un “único pastor”, haciendo recordar tales afirmaciones el proyecto de Nicolás de Cusa. La idea cardinal consistía en sustituir la “filosofía pagana” por la “fe cristiana “e imponer una “monarquía universal” bej el imperium del Papa. Si bien la propuesta fundacional de Campanella giraba en torno a la clásica idea de organizar el mundo según los principios del catolicismo y someter a las demás religiones a la consistencia y verdad de la “revelación cristiana”, el sujeto seleccionado para llevar a cabo tan magna empresa no siempre era el mismo. En este caso, la paradoja dubitativa consumada por Postel en el campo político se repetía aunque no en los extremos del francés, cambiando Campanella de promotor en varias oportunidades al ofrecer sucesivamente la magnífica tarea de “Imperator Christi” al Rey de España (1595), al Papa (1595),al Rey de Francia (1635) y finalmente al cardenal Richeliu (1638).

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