La industria oldowaiense se encuentra en el Lecho

Se extiende hacia arriba hasta el Lecho y mejora algo a medida que asciende. Pero el Lecho también contiene vestigios de una industria más avanzada, la acheuliense. Su utensilio más característico es el bifaz, herramienta cuyos bordes cortantes han sido descascarados más cuidadosamente a ambos lados para hacerla más recta y más afilada que la primitiva chopper oldowaiense. Además, la herramienta acheuliense es a menudo trabajada o pulida completamente para darle el tamaño, la forma y el peso deseados. El resultado es el hacha manual, la herramienta básica de la Edad de Piedra inferior. Lo más asombroso del equipo de herramientas de Olduvai no es que haya evolucionado eso es de esperar, sino que haya sido tan complejo. Mary Leakey ha identificado dieciocho tipos de objetos diferentes en los Lechos I y II. Entre ellos, además de los choppers y los bifaces, hay bolas redondas de piedra, raspadores, buriles (cinceles), punzones, yunques y martillos de piedra. Además, hay gran cantidad de los llamados restos de época o despojos: los pequeños cascajos y astillas que naturalmente se fueron acumulando en el lugar donde se hicieron los utensilios durante largo tiempo. Finalmente, hay manutransportado: piedras que no muestran ninguna manufactura, pero que eran transportadas a mano a un lugar, confirmándose esto ya que piedras de este material no existen en la localidad. Un hermoso huevo blanco de avestruz tomado de una roca en una playa de Martha’s Vineyard, y usado como batiente en un hogar de Ohio, es un manutransportado.
Choppers, picos, hachas, punzones, yunques, esferoides? ¿De qué estamos hablando aquí? ¿Pueden ser estos realmente los escombros de una cultura dejada por los homínidos de hace dos millones de años que los antropólogos, en su mayoría, creen que tenían el cerebro excesivamente pequeño, incluso para hablar?
Realmente, así es. Ese es el fantástico cuadro que revela el trabajo de Mary Leakey. Al igual que las complejidades y las sutilezas de los chimpancés o de los babuinos resultan ser mucho más complejas que ninguna realizada por generaciones pasadas, lo mismo sucede con la cultura de los primitivos homínidos bípedos. La razón por la que los Leakey concluyeron que la criatura responsable de producir este equipo de complejas herramientas era un hombre y, por lo tanto, puede ser llamado Homo habilis, es la perfección de la cultura descubierta por Mary Leakey, no el tamaño del cerebro. A ella no le preocupa mucho lo que pudo hacer con ese cerebro. Si pudo hacer herramientas no sólo usarlas, hacerlas a un modelo proporcionado, entonces era un hombre. Incidentalmente, Mary Leakey no participa de la opinión sostenida por muchos antropólogos de que el habilis es un descendiente del australopitécido. Ella cree que él retrocede en su propia línea y que los tipos gracilis son primos, no antecesores. Este argumento es sutil y complejo. Probablemente sea aclarado con el tiempo, no tanto barajando las relaciones entre los fósiles como dándoles una serie de nombres que realmente satisfagan a todos los antropólogos.
Tal vez, la más difícil de entender de todas las cosas que Mary Leakey ha descubierto en Olduvai son los “lugares de concentración”. Se trata de lugares donde los homínidos, de hecho, permanecieron por largos períodos, dependiendo de la vegetación y de la caza local. Son, en efecto, hogares de dos millones de años y son identificables por grandes concentraciones de material fósil, de herramientas de piedra y restos de época en un área pequeña, confinados a una profundidad de sólo pocos centímetros. La tierra donde esos homínidos se establecieron está aún ahí, con los vestigios de lo que hicieron y comieron esparcidos alrededor. Gradualmente, el polvo deI viento, la creciente ve gestación, las inundaciones y el fango cubrieron cada uno de estos lugares de concentración, pero poco a poco y sin alterar nada. Por esto, los objetos que los Leakey fueron descubriendo y catalogando con tanto trabajo, han permanecido exactamente donde fueron abandonados por aquellos que los dejaron. En otros lugares de Olduvai, los artefactos y huesos están diseminados en capas de arena y arcilla que pueden estar a metros de profundidad. En estos lugares, resulta claro que la acción del río los ha movido, arremolinándolos juntos y descargándolos de vez en cuando, y por eso su posición relativa no es muy significativa. Pero cuando uno descubre un lugar de concentración tiene la sensación de bajar a un sótano para mirar las herramientas enmohecidas, los trastos hacinados, los jarros apiñados en las repisas todo dejado de cualquier manera y mirándolo, aprender algo de la vida que vivieron sus dueños. Entonces, es un guijarro redondeado, oval o en forma de pera, lo suficientemente pequeño para acomodarse bien en la mano; éste es el material de un chopper oldowaiense. Lo que tenía que hacer un primitivo constructor de herramientas para transformarlo en algo útil era simplemente romper una de las puntas golpeándolo fuerte en una roca cercana, o equilibrarlo en la roca y darle un buen golpe con otra roca. Un gran pedazo saltará fuera.