Árbol genealógico. Fósiles redistribuidos

Un árbol genealógico preparado por Bernard Campbell representa un entretejido de poblaciones. Los hallazgos de fósiles sugieren que los primitivos australopitécidos homínidos evolucionarán de un antepasado primate (Ramapithecus) hace seis millones de años. Entre los tres y cuatro millones de años existió un australopitécido que caminaba erguido; y que ha dado el nombre de especies: Australopithecus afarensis. De él emergieron dos familias de homínidos. Una, dependiendo en el uso de las herramientas evolucionó en un ser humano de cerebro más grande, cuyo ejemplar más primitivo es el Homo habilis, que estaba en escena hacia los dos millones de años a. de J.C. Otras poblaciones de afarensis permanecieron australopitécidos. Renunciando a las herramientas siguieron de cerebro pequeño y dependieron mucho más en una dieta de toscas materias vegetales. En el proceso sus mandíbulas se volvieron más pesadas y evolucionaron, vía el africanus, en el robustus y el boisei, los cuales se extinguieron hace un millón de años.
a apartarse del afarensis tendiendo hacia unos molares más macizos. El robustus y el boisei son simplemente prolongaciones de esta tendencia. La lógica, nuevamente, nos obliga a reconocer la relación que existe entre estas tendencias. Sugiere que ciertas poblaciones comenzaron a adaptarse más y más a una alimentación de toscas materias vegetales que debió haber sido cada vez más diferente de los tipos de frutas y raíces de los que sus antepasados antropoides se alimentaban en los árboles, ya que sus dientes no habrían evolucionado del modo que lo hicieron si algo parecido a esto no hubiese sucedido. Todavía no se comprende debidamente el cómo y el por qué ocurrió esta diferenciación. Todo lo que se puede decir sobre esto es que el estilo de vida que llevaron los australopitécidos posteriores no dependía de las herramientas y probablemente tenía muy poco que ver con la caza y con el comer carne. Se conoce el lugar donde ocurrió: en la sabana y en los bordes de las selvas, por las márgenes de los lagos y ríos donde también vivía, aunque de modo distinto el Homo habilis. Con el paso del tiempo, el hombre y el australopitécido se fueron diferenciando cada vez más. Hacia un millón de años a. de J.C., que según se cree es cuando se extinguió el último australopitécido, esa diferencia habría llegado a ser muy marcada.
Mientras tanto puede que haya existido una tercera línea de australopitécidos que se desarrolló en Asia. El cuadro de esa tercera línea es extremadamente confuso. Retrocede a los años 1930 y a algunos fósiles encontrados en Java por el antropólogo holandés G. H. R. von Koenigswald. Durante algunos años, fueron considerados generalmente como primitivos modelos de una raza asiática del antiguo tipo Homo erectus, que eran antepasados del hombre mono de Java, del hombre de Pekín y de otros. Ahora con la disponibilidad de fósiles de habilis de África, es posible compararlos con los hallazgos de von Koenigswald y detectar características que tienen en común. ¿Es también el tipo de von Koenigswald un habilis? Realmente, no lo sabemos. La evidencia fósil es insuficiente; las fechas son inciertas; algunos de los sitios originales han sido removidos. Pero Campbell encuentra suficientes rasgos de habilis en el tipo de Koenigswald (el cual ostenta el nombre de trabalenguas de Modjokertensis) para incluirlo en su árbol genealógico, como segunda parte de la fase del habilis.
El Australopithecus primitivo, entonces, debe de haber sido una criatura progresiva, adaptable y próspera, que se esparció ampliamente a través de los trópicos del Viejo Mundo y, como cualquier criatura similar, evolucionó a medida que transcurría el tiempo. Esta es una antigua página del guion evolutivo: tres poblaciones, abandonadas a suficiente distancia, son diferentes. Al menos, ese es el camino que Campbell propone. El esquema de Campbell también resuelve el problema de cómo considerar al habilis. La pregunta todavía sin respuesta sobre él era: ¿proviene él realmente de una ascendencia australopitécida o está él en una línea antigua distinta propia suya? Según Campbell lo primero es la respuesta, evolucionando del afarensis, haciendo su aparición hacia la marca de los dos millones de años aproximadamente para emerger en el Homo erectus hace aproximadamente 1,5 millones de años.
¿Podría estar Campbell equivocado? Ciertamente que sí. El sería el primero en admitirlo. Lo que está haciendo lo mismo que cualquier otra persona dedicada a ordenar este fascinante rompecabezas de trozos irregulares es refundir cuanta evidencia tiene a la luz de nuevas pruebas tan pronto como aparecen. Las diferencias entre el afarensis, boisei, africanus y el robustus obligan a algún tipo de ajuste esquemático. Campbell ha proporcionado uno lógico. No todos concordarán con él, especialmente aquellos que aún creen que todas las formas de australopitécidos son variedades de una única especie.