El parentesco de las especies. El testimonio de las proteínas

Las diferencias en las proteínas de dos especies reflejan la evolución que ha ocurrido en ellas, ya que parten de un antepasado común. Los análisis revelan que hay seis diferencias entre la ser albúmina del chimpancé y la del gorila. Esta información dicta la primera bifurcación pequeña (extremo superior del diagrama) en este árbol genealógico trazado por Vincent Sarich y Allan Wilson, biólogo molecular y antropólogo de Berkeley. El hombre presenta siete diferencias con respecto al chimpancé y al gorila. Como los últimos ya tienen tres cada uno, los cuatro restantes van al hombre, y su bifurcación puede ser situada en el mismo punto que la del chimpancé gorila. La ser albúmina de un mono Rhesus mostró 31 diferencias con la de los otros tres. Este gran número representa un grado más alto de evolución, y por esto una división más primitiva; por consiguiente, la bifurcación que separa a los primates inferiores de los primates antropoides y de los hombres debe ser situada más arriba. Nuevamente, la técnica de laboratorio muestra evolución continua en todas las líneas, por tanto, las 31 diferencias deben ser divididas, 16 para los primates inferiores, 15 ó 16 para los otros. (Para el chimpancé, 3+12==15; para el hombre, 4+12=16.) Bifurcaciones similares pueden hacerse para todo el resto de los animales expuestos. El caballo y la cebra se dividen ocho diferencias entre ellos. Pero cada uno presenta alrededor de 190 diferencias con respecto a la ser albúmina de los primates.

Lo que ha estremecido la base del mundo antropológico, con un grito de rabia, es que el método de mediciones de Sarich Wilson muestra una división homínido chimpancé que tiene menos de 4 millones de años. Cualquier hombre experto en huesos en el mundo se subleva contra esa fecha. “¿Qué hay de Omo?”, gritan. “Miremos en Kanapoi, en Lothagam. Hay homínidos de esos lugares que tienen 3,4 y 5 millones de años y no son parecidos a los primates antropoides. Nos están pidiendo que ignoremos completamente a los fósiles en servicio de sus preciosas moléculas. Nos están pidiendo que supongamos razones de evolución constantes, lo cual no haremos. Nos están pidiendo que comencemos en un momento que no podemos concordar entre nosotros.” Aquí hay un dilema muy serio. ¿Cómo procede una ciencia que tiene a los paleoantropólogo insistiendo que la división hombre primate antropoide tuvo lugar en todas las distintas épocas desde hace cincuenta millones de años, y a los serólogos insistiendo que tuvo lugar hace sólo cuatro millones de años? ¿A quién creemos? A ninguno, sugiere Sherwood Washburn. Aunque está muy impresionado por el trabajo que Sarich y Wilson están realizando, también mantiene mucho la atención sobre los fósiles. Se mueven a diferentes velocidades y, por todo lo que sabemos, también pueden ser erráticas. No han sido aún calibradas adecuadamente, pero sus índices apuntan todos en la misma dirección general. Eso es muy impresionante.” “Lo que se necesita continúa es una manera de parear los datos de Sarich Wilson con un punto de partida en el pasado geológicopaleo antropológico que todos concuerden. Entonces, con algunos estirones y ajustes, y con algunos arreglos de las muestras, podrían ubicarse todos los acontecimientos. Si, por ejemplo, Sarich y Wilson hubiesen seleccionado una fecha de hace cincuenta millones de años para la división de los monos del Nuevo Mundo con los del Viejo Mundo, entonces en su escala la división hombre primate antropoide podría haber sido atrasada a más allá de los 5 millones de años. Si, como algunos paleoantropólogo desean, la división de los monos se atrasará aún más digamos a 75 millones de años, entonces la división hombre primate antropoide viene a realizarse aproximadamente hace 7 u 8 millones de años, y así sucesivamente.

No sólo se puede confirmar lo que otros ensayos han demostrado, que el hombre está muy cercano al gorila (sólo siete diferencias), no tan cercano al babuino (14 diferencias) y aún más alejado de primate inferior (32 diferencias), sino que también muestra que el primate inferior está equidistante de los otros tres. Esta equidistancia hace posible deducir que los primates inferiores se separaron de los antepasados de todos estos primates antropoides al mismo tiempo, y por eso, en todos ellos la razón de evolución de su ser albúminas ha sido notablemente constante. En resumen, todos ellos han evolucionado aproximadamente a la misma velocidad. Para comprobar este asunto tan importante de la razón de evolución Sarich y Wilson salieron del árbol genealógico primate y compararon a los primates con los carnívoros. Entre los carnívoros y el hombre encontraron 173 diferencias de ser albúmina; para los chimpancés,173; para los primates del Viejo Mundo,174; y para los del Nuevo Mundo, 172. El número más grande de cambios de ser albúmina indica una división más antigua entre los primates y los carnívoros que entre los primates mismos. La casi identidad de estas cifras indica que todos estos animales parecen haber evolucionado a la misma razón. El problema ahora es determinar esa razón. Pues, en caso que podamos medir la cantidad de evolución y la razón en la que se desarrolla, entonces estamos de regreso a los familiares problemas de tiempo razón distancia de nuestros libros de aritmética de la escuela. Con dos variables conocidas podemos calcular la tercera. Ahora, finalmente, podemos medir exactamente el tiempo evolutivo y comenzar a señalar con confianza cuándo tuvieron lugar, exactamente, las divisiones en un árbol genealógico. Sarich y Wilson han emprendido esa tarea reuniendo gran cantidad de evidencias biológico moleculares. Por rigurosas re comprobaciones de este material llegaron a razones de evolución experimentales, no sólo para el ADN sino para varias proteínas de la sangre. Después tomaron una razón para comenzar su árbol genealógico primate, seleccionando una con la cual concuerdan algunos paleoantropólogo, pero muchos otros no: una división de hace 36 millones de años entre los monos del Nuevo Mundo y los del Viejo Mundo. Fijado esto en el tiempo, se abrieron camino hacia adelante usando sus muestras moleculares para señalar las divisiones a medida que avanzaban: primate inferior primate antropoide primero, y finalmente homínido-chimpancé.

 

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