¿Cómo puede explicarse esta extraordinaria ubicación?

La explicación más obvia es que la sección central con numerosos objetos desordenados era una morada que estaba rodeada por una cerca de espinos, de tal modo que los homínidos que vivían ahí descansaban seguros dentro de esa cerca mientras hacían sus herramientas y comían sus alimentos, y cualquier cosa que no quisiesen dejar ahí en el suelo la arrojaban fuera por sobre la cerca. En otro sitio hay una tosca formación circular de piedras de aproximadamente cuatro metros de ancho, la cual llama la atención tanto como el sonido de una sirena en una noche tranquila. No sólo hay allí muy pocas piedras, sino que están a gran distancia y diseminadas al azar. En contraste, el círculo es una densa concentración de varios cientos de piedras cuidadosamente ordenadas en un aro por alguien, alguien que también se tomó el trabajo de hacer pilas más altas de piedras cada treinta o sesenta centímetros alrededor del círculo.
Que esta configuración sobreviva después de cerca de dos millones de años, hace titubear. Recuerda un refugio del tipo que actualmente hace la tribu okombambi, del sudoeste de África.
Los okombambis construyen pequeños círculos de piedras con pilas más altas a intervalos para sostener palos o ramas, sobre las cuales extienden pieles o hierbas para protegerse del viento. Aunque dentro del círculo de piedras hay restos que indican que alguna actividad se desarrolló allí, hay pruebas de una más amplia variedad de actividades desarrolladas fuera. Esto tiene sentido. Las dimensiones interiores de este círculo algo irregular son sólo de aproximadamente 2,5 por 3 ó 3,5 m, por lo cual debieron de haber hecho las cosas más bien apretados ahí dentro, si es que era la casa de varias personas. Además, ese grupo tenía algunos cazadores y recolectores extremadamente eficaces. El área que habitó contiene los restos fosilizados de jirafas, hipopótamos, muchos antílopes y un diente de Dinotherium, un elefante extinguido. Aquella gente comía mucho, y es posible que hubieran encontrado más conveniente hacer sus comidas fuera que en la estrechez del refugio. Si ellos mataron a esos grandes animales, si los persiguieron hacia los pantanos y los ayudaron a morir, si trajeron al hogar cadáveres encontrados, si quedaron satisfechos con las cazas de otros carnívoros, no lo dice la crónica de Olduvai. Pero deja claro que cuando disponían de una presa muy grande, la cortaban y la comían. Hay dos sitios en la garganta de Olduvai considerados lugares de matanza. Uno contiene el esqueleto de un elefante, el otro el de un Dinotherium. Ya que esos animales pesaban varias toneladas cada uno, era obviamente imposible moverlos; lo que hacían era situarse bajo el costado del cadáver, cortaban la carne y comían hasta que se terminaba. Como lo prueban estos lugares de matanza, esto es exactamente lo que sucedía. En cada uno hay un esqueleto casi completo de un enorme animal, con los huesos desordenados como si hubieran sido arrancados y cortados. Y entre los huesos están los desechados choppers y otras herramientas de piedra con que efectuaron los cortes.
Los homínidos de Olduvai comían todo lo que encontraban. Hay sitios ricos en huesos de antílopes, algunos con sus cráneos quebrados precisamente en la frente, donde el hueso es más delgado. Otros están atestados de conchas de grandes tortugas. Uno está cubierto de conchas de caracol. Otro contiene una cabeza de jirafa, pero nada más que perteneciera a esa jirafa: está claro que fue arrastrada para ser comida en casa. Un sitio más alto en el Lecho II revela una creciente dependencia de caballos y cebras, lo que significa que el clima se había vuelto más seco en esa época y estaba fomentando el desarrollo de las praderas abiertas. También hay un marcado aumento de los raspadores en el Lecho II, lo que sugiere el comienzo de un esfuerzo para trabajar las pieles. Las pistas son muchas, y agobian. ¿Qué hacemos de reducidas concentraciones, aquí y allá, de huesos muy pequeños, la mayoría de ellos quebrados en diminutos pedacitos? ¿Fue algún homínido tan excéntrico como para recolectar puñados de fragmentos de esqueletos de ratones, musgaños, pajarillos y lagartijas, y después apilarlos cuidadosamente? Parece extremadamente improbable, y Mary Leakey ha concluido que estos extraños montoncitos son, probablemente, lo que quedó de los excrementos de los homínidos. Esto significa que nuestros antepasados se comían esos pequeños animales enteros, con huesos y todo, tal como un hombre moderno puede comerse una sardina. Los huesos eran triturados en pequeños fragmentos mascándolos, después pasaban a través de los intestinos y eran depositados exactamente donde fueron encontrados.
La atención de la doctora Leakey por estos pequeños detalles es extraordinaria. Ha recolectado, en un solo lugar, más de catorce mil fragmentos de huesos, tan pequeños, que todos juntos pesaban sólo 7,5 kg. Sus mediciones y clasificaciones de herramientas son igualmente cuidadosos. Puede decir exactamente la “mezcla” de catorce tipos distintos de herramientas en cualquiera de los sitios importantes en los cuales ha hecho un trabajo a fondo. Este tipo de estudio revela que el chopper era abrumadoramente preferido en todos los sitios del Lecho I de Olduvai. Pero, subiendo al Lecho II, el esferoide se transforma en el útil más común en la mayoría de los sitios.