Los modelos homínidos

Si buscando un modelo homínido, uno selecciona el genéticamente cercano chimpancé o el ecológicamente cercano babuino, encuentra a la ascendencia como una influencia estructurada en la vida social. En alguna época, la sociedad homínida debió de haber estado orientada hacia la ascendencia (aún lo está, en muchos aspectos). No obstante, para haber llegado a ser con éxito una sociedad de cazadores, debió cambiar. David Pilbeam supone que el comportamiento agresivo entre los machos homínidos comenzó a desaparecer como resultado del surgimiento de los nexos entre parejas de machos y hembras. También cree que los comienzos del lenguaje un nivel más complejo de comunicación, que podía transmitir algo más que meros sentimientos pudieron conducir a mayor confianza, entendimiento y cooperación entre los individuos. El desarrollo del lenguaje, dice,“pudo hacer posible, por primera vez en los primates, la retribución y el refuerzo de normas de comportamiento no agresivas. La ascendencia deja de ser su propia recompensa”.
En este punto hay algunas disputas. La observación de Pilbeam implica que el lenguaje fue desarrollado en épocas muy primitivas, posiblemente tan primitivas como la época de los australopitécidos. Otros expertos difieren. Si bien admiten que el lenguaje puede ser un útil moderador del comportamiento agresivo se puede maldecir a alguien o quejarse en vez de golpearlo con un garrote-, no admiten que haya sido necesario para estimular el comportamiento no agresivo. Eso, mantienen, resultó de la formación familiar, del nexo entre parejas, de la larga relación madre hijo y del reparto del alimento, todo esto mucho antes que se desarrollara el lenguaje. De hecho, insisten, los australopitécidos tenían demasiado pequeño el cerebro para haber sido capaces de hablar. Opinan que el lenguaje más que un vocabulario de sonidos para transmitir sentimientos como alarma, ira, pena o placer-estaba fuera de la capacidad de los homínidos antes de la aparición del Homo erectus, hace poco más de un millón de años. Además, puede que los primitivos homínidos no hayan necesitado hablar. El real valor del lenguaje además del enorme estímulo que da al desarrollo del cerebro-es que permite la transmisión de cosas sutiles que están más allá del poder de los gruñidos y de los gestos para comunicar. Estos últimos son asombrosamente astutos y permiten un grado muy alto de comunicación entre animales como los chimpancés. Pero sí podemos suponer que un australopitécidos sabía más que un chimpancé, y por esto tuvo necesidad de comunicar más; cuánto más, es difícil decirlo. Como todas las cosas, los orígenes del lenguaje fueron graduales y lentos en aparecer y debió ser imposible (si pudiéramos reproducir los sucesos prácticos, cosa que, por supuesto, no podemos) distinguir entre lo que era una serie de sonidos notablemente elocuente e informativa y lo que era un trozo de lenguaje verdadero. Simplemente, no lo sabemos, y nunca sabremos cómo y cuándo comenzó el lenguaje.
Ya que toda esta materia es altamente experimental, puede ser más útil tomar por el atajo con la razonable observación de Schaller de que el lenguaje no es necesario durante la etapa de caza. Los carnívoros no se comunican mientras están ocupados en esto; realmente, algunos de ellos cazan de noche, usando técnicas de acecho que requieren silencio y hacen difícil la comunicación visual. Los licaones cazan durante el día, también en silencio, excepto un ocasional gañido para ayudar a mantener unida la jauría. Otras señas son innecesarias, ya que la caza se desarrolla a plena vista. Debido a que los primates antropoides y los primates inferiores son animales diurnos, Schaller-como casi todos los demás paleoantropólogo-presume que los primitivos homínidos también lo eran y por eso realizaban toda la caza y la recolección durante el día. Esto es totalmente lógico. En primer lugar, la noche es peligrosa: un pequeño homínido vagabundeando después del anochecer, habría sido muy pro-bable que fuese atacado por guepardos, leones, leopardos o hienas, todos los cuales cazan de noche. En segundo lugar, los homínidos tenían la vista muy aguzada durante el día. Suponiendo que además eran bípedos, cuando se paraban eran lo suficientemente altos para ver distancias considerables y también lo bastante móviles para cubrir buenas extensiones de terreno. Esto hace suponer que mantenían el ojo alerta en lo que estaba sucediendo alrededor, y por eso gran parte de su actividad era dirigida hacia la recolección de carroña. Demasiado lentos al caminar para dar caza a grandes y fuertes animales, probablemente confiaban en las hienas o en los licaones para que lo hicieran ellos; después echaban a los cazadores y comían en bulliciosos grupos. Probablemente, pudieron dar caza por sí mismos a animales enfermos o viejos. Habiendo fijado estos puntos tajantes acerca de los carnívoros sociales, Schaller, prudentemente, vuelve atrás con la observación de que hay muchos estilos de caza entre ellos y que hoy día no hay modo de decir cuál, o cuáles, fueron seguidos exactamente por los homínidos o, incluso, si diversos homínidos hicieron cosas diferentes en épocas distintas. Sin embargo, las analogías están ahí y son extremadamente provocativas; tanto, que Schaller decidió transformarse en australopitécidos por unos días para saber más acerca de qué eran capaces de hacer.