Homínidos

Cuando los homínidos se introdujeron en la sabana, podemos estar seguros de que ellos trajeron consigo diferencias claramente definidas en los papeles desempeñados por los machos y las hembras. Como los homínidos eran más inteligentes que los babuinos, sus familias estaban ligadas aún más estrechamente por el cuidado del niño. No sólo sus crías maduraban más lentamente, sino que eran más desvalidas al nacer. Esto es debido a que una de las soluciones para el problema de la pelvis pequeña y el cerebro grande es expeler al hijo antes de su completo desarrollo antes que su cabeza se haga demasiado grande y sentenciar a la madre a un período de cuidado del hijo aún más largo. Con influencias como éstas operando, y al ser constantemente aplicadas presiones evolutivas para formar cerebros aún más grandes por el creciente uso de herramientas, es lógico suponer una intensificación de las diferencias en los papeles jugados por los machos y las hembras, particularmente cuando las hembras estuvieron cada vez más ligadas a sus crías y dependieron más de los machos, con los cuales estaban comenzando a asociarse por largo tiempo. Una asociación más larga fomenta la tolerancia mutua. Se hacen posibles nuevos cambios en el comportamiento, siendo uno de ellos el lento comienzo de compartir el alimento.

Los babuinos y los chimpancés comparten a veces el alimento. Los homínidos pueden haber tenido también indicios de ese rasgo cuando abandonaron la selva. En la sabana, con los machos haciéndose cada vez mejores caminantes y, por consiguiente, aumentando el rango de sus actividades, naturalmente crecieron las posibilidades de encontrar pequeños animales para matar y más tarde comenzaron a cazarlos deliberadamente. Y por ende, debió de haber crecido el estímulo de compartir el alimento. Uno no puede comerse solo un antílope sobre el terreno. Lo que sí puede hacer, es compartirlo con otros cazadores y llevar las sobras a la hembra, cargada de niño y de lento movimiento, con la que está asociado. Ya que la caza implica el seguimiento de la presa, a veces durante períodos considerables, algunos miembros del grupo debían ser dejados atrás; probablemente la mayoría de las hembras y las crías. “Atrás” podía ser, en el mejor de los casos, un lugar donde esos miembros del grupo menos móviles estuvieran razonablemente seguros, y en el peor, un lugar que los cazadores pudieran encontrar al volver; en resumen, los comienzos de un embrión de hogar.

Los cazadores no siempre son afortunados. No pocas veces regresan con las manos vacías. Como resultado en casi todas las sociedades actuales de cazadores recolectores, ellos proporcionan sólo una parte del alimento del grupo. Por lo tanto, es responsabilidad de la hembra preocuparse de que haya un abastecimiento seguro de frutas, semillas, nueces y otras materias vegetales. Además de equilibrar los altibajos en el abastecimiento de alimento, creados por la caza variable, las nueces y los granos, al contrario de la carne, que se pudre rápidamente, duran mucho tiempo y pueden ser racionados en pequeñas cantidades según las necesidades. En alguna manera, podemos suponer que el compartir el alimento comenzó junto con el desarrollo de los papeles adecuados del macho y de la hembra para conseguirlo. Estos papeles pudieron durar algunos millares de años. De hecho, son comúnmente encontrados en las sociedades de cazadores recolectores que aún existen. Difícil calcular cuánto progresó esta división del trabajo en tiempos de los australopitécidos. Sin duda, su progreso fue irregular. Para que una hembra sea recolectora eficiente de pequeños productos alimenticios debe tener algo donde ponerlos, algo que sea fácil de llevar. Esto implica el uso de canastas, calabazas o vasijas hechas de hojas grandes o trozos de cuero. No hay pruebas, cualesquiera que fueran, de que los australopitécidos usaran estos útiles, pero la carencia de pruebas no significa que no los hayan usado, puesto que todo ese material es perecedero. El uso de canastas tuvo que empezar alguna vez. El cuadro que se ha bosquejado del Homo erectus y su cultura muestra muy claramente que era capaz de construir vasijas de algún tipo. que podían comer de momento. ¿Empezó esto hace dos millones de años con el habilis, o hace tres millones de años, con el más primitivo tipo gracilis? La mayoría de los expertos consideran que el cerebro del australopitécidos era demasiado pequeño para ocuparse de hacer y usar vasijas. Y sin embargo, la existencia de técnicas relativamente complejas de construcción de herramientas, demostrada hace poco por Mary Leakey, harán que los antropólogos sean muy cautos antes de pronunciarse acerca de lo que pudieron o no pudieron hacer los antiguos homínidos. Al igual que los chimpancés de Jane Goodall, cuanto más sabemos acerca de los australopitécidos, más capaces parecen haber sido.

 

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