La Manzana de la Discordia

Irritada por no haber sido invitada a la boda de Tetis y Peleo, Eris, personificación de la discordia, apareció durante los festejos con una manzana de oro dedicada a la más bella de las diosas. Como Hera. Atenea y Afrodita, que se hallaban presentes. Creyeron ser las destinatarias, Zeus designó árbitro al príncipe troyano Paris. Hera prometió a éste el reinado sobre todo el mundo; Atenea, que lo haría invencible en la guerra; Afrodita le ofreció el amor de la mujer más bella del mundo, que era Helena, reina de Esparta. Paris eligió a Afrodita, la que cumplo su palabra, y ello fue el punto de partida delos hechos que provocaron la guerra de Troya, en la cual Afrodita se inclinó por los troyanos, entre los que estaban, además, Anquises y Eneas, mientras que Atenea y Hera actuaron de parte de los griegos.
Ares y Hermes.
Ares aparece principalmente en mitos bélicos, dada su condición de guerrero, aunque no siempre resulta vencedor, pues sobre su violencia combativa prevalecen los recursos de la razón que emplean Atenea u otras divinidades provistas de dones del espíritu. Entre sus aventuras amorosas, la más célebre es la que lo une a Afrodita y que provocó una humillante venganza de Hefesto. Hermes era diligente y dotado de elocuencia; en su infancia, las travesuras provocadas por su inclinación al robo ocasionaron más de un alboroto en la mansión olímpica. Se le atribuye la invención de la lira, que cedió a Apolo a cambio de ganado, y de la flauta de Pan, dada por un cayado de oro.
Poseidón y las Deidades Marinas.
El rey del mar, Poseidón, tomó por esposa a la nereida Anfitrite; aparte, tuvo varios amoríos que dieron una descendencia violenta y maléfica en general, como el cíclope Polifemo, que aparece en las aventuras de Ulises. También pertenecen a los dominios marinos: Proteo, de formas cambiantes y conocedor del porvenir; las Sirenas, especie de mujeres aves cuya suavísima voz embelesaba a los navegantes, llevándolos a la perdición.
Los vientos y tempestades tienen por rey a Eolo, que comanda al fuerte Bóreas, viento del Norte; al melancólico Austro, viento del Sur, rodeado de nubes; a Euro, del Sudeste, joven e impetuoso; y a Céfiro, ligero y coronado de flores Deméter, Perséfona y Hades. Deméter, la diosa de los campos, aparece vinculada al misterio de la muerte y la resurrección, en mitos de tipo agrario cuyo sentido esotérico o secreto se revelaba en las iniciaciones de Eleusis. Cuando su única hija, Perséfona (Proserpina, según los ro-manos), fue raptada por Hades, señor de los infiernos, partió en su búsqueda y recorrió diversas regiones, hasta enterarse del rapto; entonces rogó y obtuvo de Zeus la devolución, ante la amenaza de esterilizar la Tierra. Pero ya Perséfone había probado algunos granos de granada allá abajo, lo que la ligaba para siempre a ese mundo. Zeus decidió entonces que pasara una parte del año como esposa de Hades, y el resto en compañía de la madre.
Hades había recibido en la guerra de los Titanes un casco que lo hacía invisible e inspiraba tanto miedo que para no pronunciar su nombre se le daba otro: Plutón, el rico. No permitía a nadie retornar de su triste reino, adonde se llegaba cruzando el Aqueronte, río infernal, en la embarcación del viejo barquero Caronte. Allí se hallaban las tres Parcas: Cloto y Laquesis, que hilan los destinos, y Atropos, que corta el hilo de la vida cuando llega el momento fatal; las Erinias, que desgarran con el remordimiento los corazones culpables y a las que, para aplacarlas, se les daba el nombre de Euménides, es decir, benevolentes; tres severos jueces: Minos, Eaco y Radamanto; y Némesis, encargada de distribuir los castigos.
Los castigos
En el Tártaro, abismo de los tormentos eternos, estaba Sísifo, cuya condena consistía en transportar continua y eternamente una pesada roca hasta la cumbre de una montaña, desde donde volvía a caer. Ixión, que había pretendido enamorar a Hera, giraba sin cesar atado a una rueda rodeada de víboras. Las Danaides, que, instigadas por su padre, Danao, habían asesinado a sus respectivos esposos, tenían que llenar sin descanso un tonel desfondado. Hundido medio cuerpo en el agua y con sabrosos frutos alrededor de él, Tántalo no podía saciar nunca su hambre y sed, porque bebida y alimento se retiraban de su alcance al ir a tomarlos, suplicio que sufría por haber ofrecido un banquete sacrílego a los dioses, sirviéndoles los pedazos de su hijo Pélope, aderezados como manjar.
Mitología Egipcia
La unificación de las primitivas comunidades egipcias condujo a armonizar y universalizar las viejas creencias en un mismo cuerpo mitológico y a observar que la teogonía egipcia reconoce la existencia de un principio absoluto, invisible, in-corpóreo, inmutable, infinito, eterno, increado y anterior a cualquier otro principio. La leyenda más antigua con respecto a la formación del universo presenta tres principales fi-guras: la pareja formada por Qeb, la Tierra, y su esposa Nut, el cielo, de quienes procede Ra,o la manana. La particularidad de que la Tierra, elemento femenino en las tradiciones de otros pueblos, es aquí el esposo, se debe al género gramatical de las palabras que designan en egipcio a la Tierra y al cielo. Según el sistema de los sacerdotes de Heliópolis, hubo al principio un caos primordial oceánico, Nut, del cual surgió el Sol, Ra o Atón. auto creado por propio impulso generador. De él nace la primera pareja divina: Shu, el aire, y Tafnut, la humedad, padres de Qeb y Nut; éstos, a su vez, engendran a Osiris, Isis, Seth y Nephthys. En el sistema de Menfis, el primer puesto es ocupado por Phtah o Ptah, dios creador.
Las principales leyendas versan sobre el ciclo solar y sobre Osiris. Al primer grupo pertenece el relato llamado De la destrucción de los hombres, que refiere lo siguiente: Ra, ya anciano, es objeto de una conspiración urdida por la maldad de los hombres; consultados Shu, Tafnut, Qeb y Nut, le aconsejan dirigir sus ojos contra los conspiradores. Hathor, diosa guerrera de cabeza de vaca, personificación del ojo de Ra, es enviada contra los humanos, entre los que causa gran mortandad, haciéndolos huir aterrorizados hacia el desierto. Cansadlo del castigo, Ra consigue embriagar a Hathor con cerveza roja, con lo que el furor persecutorio cesa y los sobrevivientes quedan a salvo. Pero Ra deja el gobierno del mundo y de la ingrata humanidad a cargo de sus hijos. Mientras los mitos solares procuran explicar el mundo, se considera que el de Osiris -al que se hace debida referencia al tratar de las religiones, de enorme popularidad por su directa in-fluencia emotiva sobre los egipcios, parte de un remoto episodio histórico.
Mitología Mesopotámica
De las diversas tradiciones, que durante unos tres mil años tuvieron vigencia en la llanura mesopotámica, se infiere que, en Mesopotamia, región de grandes ríos, el agua constituye un elemento primordial de la mitología. Una cosmogonía muy completa se da en el célebre y antiquísimo poema babilónico Enuma elish, designado así por ser ésas sus primeras palabras, que significan mientras en lo alto. Según el Enuma elish, antes de que existiesen el cielo, la Tierra y las cosas, el todo era un informe masa líquida en la que yacían inesperados Apsu, agua dulce y principio masculino, y Tiamat, agua salada y elemento femenino. De ahí surgieron monstruos y demonios, y a través de largas edades fueron naciendo los dioses por parejas. En la epopeya de Gilgamés, el héroe más popular de Sumer y Akkad, se halla el relato del diluvio que prepararon los dioses para exterminar al hombre por su mala conducta hacia ellos.