Dionisos

En los olímpicos predominaban la claridad y el equilibrio de la razón, como en Apolo. Pero pasó a integrar el panteón helénico otra divinidad originaria de Asia Menor, cuyo carácter era el desbordamiento vital que aflora del misterioso fondo de los seres: Dionisos.
Según el mito, durante su infancia debió hurtarse a la persecución vengativa de Hera; lo criaron las ninfas y el robusto Sileno, viejo sátiro borracho, alegre y lleno de sabiduría. Al llegar a la adolescencia, emprendió largos viajes repartiendo el don de la vid; su carruaje era un tonel tirado por panteras y tigres; lo acompañaba un cortejo de sátiros, especie de grotescos y lascivos demonios de la naturaleza, y con ellos el jovial Pan con su flauta. También iban con él los Centauros, seres con busto de hombre y cuerpo de caballo, que vivían en los bosques; las graciosas Ninfas o espíritus de los campos, y las Ménades o Bacantes, fuerzas desenfrenadas de la naturaleza que, coronadas de hiedra, eran portadoras de tirsos (varas enramadas con hojas de parra). En todos los territorios que atravesaban, la gente se sometía gustosa; y así, Dionisos llevó a cabo la conquista de la India. En Frigia concedió al rey Midas la facultad de convertir en oro cuanto tocase; pero el imprudente soberano se arrepintió de su ambición al convertírsele en oro hasta el pan que debía comer, y consiguió quedar libre del funesto poder.
Ejerció terrible venganza sobre las tres hijas del rey beocio Mineo, a las cuales metamorfoseó en murciélagos, porque rehusaron participaren las celebraciones báquicas. Al pasar por Naxos paralizó, por haber intentado aprisionarlo, a una nave de piratas, quienes. Enloquecidos, se arrojaron al mar y volvieron se delfines. En Naxos encontró a Ariadna, que había sido abandonada por Teseo, y al enamorarse de ella la tomó por esposa. Reconocido el poder de Dionisos en todo el mundo, remontó al cielo como divinidad. De las fiestas dionisíacas, que asumían formas de mascaradla orgiástica, surgieron las primeras manifestaciones del arte teatral, que los griegos desarrollaron luego hasta la perfección.
Heracles. Es el más célebre de los semidioses. Fuerte e inteligente, Heracles (el Hércules de los romanos) fue educado por el centauro Quirón. En la cuna estranguló a dos serpientes enormes, enviadas por Hera para matarlo. Un decreto de la suerte lo puso bajo la dependencia del rey de Micenas, Euristeo, quien le encomendó empresas temerarias, llevadas a cabo victoriosamente teniendo por armas la maza de hierro y las flechas. Los doce trabajos que le dieron gloria fueron éstos: mató al feroz león de Nemea, con cuya piel se vistió; abatió de un solo golpe las nueve cabezas de la hidra de Lerna, que cortadas separadamente volvían a crecer; cazó vivos a la cierva de pies de bronce y cuernos de oro, y al terrible jabalí de Erimanto; desvió el curso del río Alfeo, haciéndolo pasar por los establos del rey Augías, que no habían sido limpiadlos en treinta años; arrojó del lago Estínfalo a las aves de pico y alas de hierro, que devoraban carne humana; domó al toro salvaje que desolaba a Creta, y a los caballos del rey de Tracia, que echaban fuego por las fauces y bebían sangre; asociado con Teseo, venció y tomó prisionera a la reina de las Amazonas; vencedor del gigante Gerión, que tenía tres cuerpos, le quitó sus valiosos bueyes; en el jardín de las Hespérides, en Mauritania, robólas manzanas de oro custodiadas por un dragón que nunca dormía; descendió al infierno y capturó a Cerbero, el perro de tres cabezas guardián de la entrada, el cual devolvió luego a Hades.
Cumplió muchas otras hazañas y participó en numerosas expediciones. Por amor a la reina Onfálica, de Lidia, se sometió a humillantes caprichos, pero más tarde se casó con Deyanira. Hirió mortalmente de un flechazo al centauro Neso, que intentaba raptarla, y éste, en venganza, hizo creer a Deyanira que su túnica empapada en sangre y veneno podía asegurar la fidelidad conyugal. Cuando Deyanira temió perder el amor del héroe, le ofreció dicha túnica, lo que provocó su muerte. Pero Zeus le otorgó la condición divina por sus beneficios a la humanidad.