El pensamiento a los chimpancés

Concediendo esta capacidad de usar herramientas y de innovar el pensamiento a los chimpancés, y presumiblemente a los pre chimpancés, y aceptando que la tranquilidad inmutable del medio selvático en el cual los chimpancés han vivido durante millones de años no ha estimulado una evolución tan rápida como podría haber ocurrido en otro medio; aceptando todo esto, ¿cuáles son las condiciones o dónde está el medio en el cual un animal dotado en forma similar pudo haber evolucionado más rápidamente?
Muchos antropólogos piensan que fue sencillamente el terreno abierto en el borde de las selvas que se convierte en pradera herbosa y sabana. Un nuevo medio con nuevos recursos alimentarios, nuevas oportunidades y nuevos peligros, podría suponerse que fue explorado de una nueva manera por un animal con un nuevo potencial. Se cree que aquí nuestro antepasado homínido fue adquiriendo las características especiales que lo condujeron hacia la naturaleza humana. Pero encontrar teorías para explicar esa revolución no es fácil. Si el babuino falló en transformarse en humano por ser un primate inferior cuadrúpedo, y por eso fue incapaz de desarrollar una tendencia hacia el uso de herramientas y el bipedismo; y si el gorila y el chimpancé fallaron por estar confortablemente establecidos en sus propios terrenos selváticos y, por lo tanto, no tenían ningún estímulo evolutivo para salir hacia la sabana y asumir la forma erguida de vida, cómo explicamos el éxito del “tercer primate”, como Charles Darwin hace tiempo llamó a nuestro antepasado? Para tratar esto de manera convincente, debe ser encontrado algún tipo de argumento que sitúe a los antepasados homínidos en tierra, en las orillas de las selvas o en las praderas abiertas, y después otro argumento para explicar la interacción de tal medio con los rasgos homínidos para producir un hombre.
Una forma de tratar ambos argumentos a la vez es examinar el tema de la realimentación positiva: los efectos de refuerzo que se supone que han tenido los atributos especiales del protohombre, estimulándose unos a otros para el desarrollo mutuo y rápido hacia delante. La realimentación positiva es un fenómeno ampliamente conocido. Sus efectos son claros en la formación de olas extraordinariamente grandes en el océano en condiciones correctas, o en las vibraciones progresivamente mayores que a veces se refuerzan en diversas máquinas; en efecto, las mismas olas ayudan a crear olas mayores, y las vibraciones también otras más fuertes. Hay razón suficiente para aplicar igualmente la realimentación positiva a los hechos evolutivos. Sin embargo, esto encierra un problema. Se manifiesta cuando los elementos que forman un modelo de realimentación son analizados en forma de preguntas y respuestas:
-Suponemos que sí. Al igual que los chimpancés, tenían el potencial y lo trajeron con ellos de la selva.
– Así que los antiguos homínidos usaron herramientas?
-Pero, ¿qué estimuló su desarrollo?
-i Y por qué?
-Una vez en campo abierto, necesitaron herramientas para defenderse.
-Y por qué tenían dientes caninos pequeños?
-Porque tenían dientes caninos pequeños.
-Porque ya no los necesitaban grandes. Se transformaron en erguidos, lo cual les dio grandes oportunidades para usar sus armas. Con armas estaban capacitados para defenderse; ya no fueron necesarios los grandes caninos como defensa.
Este es un clásico modelo de realimentación. Una vez que ha comenzado, no es difícil ver que cada elemento presionará sobre los otros, incluyendo un subproducto muy importante: el desarrollo del cerebro. El único problema es que el argumento es un círculo cerrado. jLos caninos no se achican porque necesites herramientas y posición bípeda para protegerte si tienes caninos pequeños! Este razonamiento ha sido señalado por el antropólogo británico Clifford Jolly, quien indicó que cuanto más perfecto es un modelo de realimentación, más imposible es hacerlo funcionar. Observó que, si cada cosa depende tan nítidamente de Pensando en este dilema, Jolly trató de encontrar las restantes, nada sucederá un elemento que no dependiera de los restantes, algo que adquiriera su empuje inicial de influencias externas. Al igual que muchos otros antropólogos, quedó impresionado por la notable diferencia entre los dientes de los antiguos homínidos y aquellos de los demás primates antropoides. Esos pequeños caninos e incisivos junto con los molares anormalmente largos debían ser explicados de alguna manera.
Como los dientes y la estructura de la mandíbula, lógicamente, están relacionados con los hábitos alimentarios, Jolly encontró lógico buscar un cambio intenso en la alimentación que pudiera explicar las peculiaridades dentales de los antepasados homínidos, un alejamiento de la seguridad basada principalmente en la fruta a una seguridad en otra cosa. Observando que el Homo sapiens moderno, totalmente evolucionado, aún depende de los granos de cereales las semillas de las hierbas para su dieta, comenzó a especular que en algún momento en el pasado, el antecesor homínido debió comenzar a comer una buena cantidad de semillas. Resulta complicada la investigación de Jolly sobre esta hipótesis, y alguna de las pruebas dentales que él cita está fuera del alcance de este libro, pero sus puntos principales conducen a suficientes caminos para hacer de su idea una hipótesis interesante.