El hombre se transformó en bípedo

Como muestra de evidencia fósil para respaldar el antiguo uso de herramientas, Washburn llama la atención sobre la extrema pequeñez del diente canino del australopiteco macho. En todos los otros grandes primates que viven en tierra chimpancé, gorila y, particularmente, babuino el canino de los machos es un diente grande, un verdadero colmillo. Uno de sus usos puede suponerse que es la defensa personal contra los grandes y peligrosos predadores que viven en tierra, a los cuales están expuestos. A un homínido macho que está en condiciones de recorrer la tierra sin tal diente, lógicamente debemos proporcionarle otros medios de autodefensa. La respuesta de Washburn: herramientas y armas.
El argumento de que el uso de armas estimula el bipedismo, naturalmente puede invertirse, tal como muchos expertos han señalado; en particular, el antropólogo británico Bernard Campbell y el sudafricano J. T. Robinson, actualmente profesor de la Universidad de Wisconsin. El argumento contrario supone que el hombre era bípedo desde la época en que bajó por primera vez de los árboles, y que fue esa característica la que le dio la oportunidad de llegar a usar herramientas y liberó sus manos para llevar cosas. Si un homínido caminó sobre dos piernas desde el comienzo, entonces según el argumento la selección natural inevitablemente pudo mejorar tanto la pelvis, los huesos de la pierna y del pie, como la musculatura del homínido, para hacerle más fácil moverse de esa manera.
Puede haber desacuerdos en si el uso de herramientas estimuló primero el caminar o si el caminar estimuló el uso de herramientas, pero no hay absolutamente ningún desacuerdo en la importancia del uso de herramientas para estimular el desarrollo del cerebro y para incitar a los homínidos a seguir adelante por el camino hacia la naturaleza humana.
Merece señalarse que, aun cuando los chimpancés usan y fabrican herramientas, no las necesitan. Pueden andar bien sin ellas. Si no hace nada más, el chimpancé prueba al menos que un primate antropoide con buena destreza manual puede desarrollar una tradición de uso de herramientas elementales, permaneciendo algún tiempo en la tierra donde hay objetos para coger. Nunca se sabrá qué fue lo primero que aprendió el chimpancé para coger las termites con una paja, o cuánto tiempo tardó en convertirla en una actividad establecida. Jane Goodall no está aun totalmente segura de cómo lo hace el chimpancé actualmente: si tienen la inteligencia innata para concebir tal actividad por sí solos, o si es algo que cada nueva generación aprende de la anterior. Ella sabe que los más jóvenes tienen una oportunidad de aprender de sus mayores y lo que hacen es observarlos atentamente, copiando a menudo lo que ellos hacen.
Otro talento que observó Jane Goodall entre los chimpancés de Gombe fue el de arrojar cosas. Sus narraciones respecto a esto son muy interesantes por varias razones. En primer lugar, revelan que el rasgo fue bien definido; una cantidad de individuos arrojaron algo y en diversas circunstancias. En Segundo lugar, sugieren que los lanzamientos del chimpancé, aunque a menudo desastrosamente erróneos, eran de hecho útiles. En la vida del chimpancé hay gran cantidad de alardes y exhibiciones agresivas. Durante tal actividad un animal saltará arriba y abajo, agitará sus brazos, gritará, chillará, y acometerá. Este comportamiento es aún más desconcertante si es acompañado por una lluvia de palos, escombros o piedras. El hecho de que sea útil, naturalmente, explica por qué está ahora establecido como parte del equipo de comportamientos de la especie. En su actual grado de desarrollo del lanzamiento, el chimpancé no es, ni mucho menos, un atleta consagrado. Por la falta de práctica, no puede lanzar lejos con la seguridad de que acertará al blanco propuesto por cerca que esté; nada que impresione a un explorador humano. Pero debemos recordar que la acción no debe impresionar a los humanos, sólo a otros chimpancés, babuinos, leopardos y animales semejantes. Para tal auditorio es extremadamente efectivo. Tirar cosas tiene un valor selectivo, y podemos suponer que, si se dejara a los chimpancés hacerlo durante un tiempo suficiente, llegarían a ser mejores lanzadores de lo que son.
Lo cierto es que el potencial para mejorar existe entre ciertos individuos. Hubo uno así en Gombe Stream llamado Worzle (Jane Goodall dio nombres a todos los chimpancés tan pronto como pudo reconocerlos, para identificarlos fácilmente). Worzle realizó la notable hazaña de llegar a ser un soberano lanzador de piedras como consecuencia de haber estado expuesto a un extraordinario desafío. Para atraer al grupo hacia la región del campamento donde sería más fácil observarlos, pero aún en un hábitat natural, Jane Goodall hizo la experiencia de arrojar bananas. Pero esta concentración poco natural de alimento también atrajo a los babuinos que vivían en los alrededores, y condujo a interminables confrontaciones. Los babuinos rápidamente aprendieron a qué chimpancés, mayoritariamente hembras y jóvenes, podían intimidar arrojándose contra ellos. Pero nunca pudieron echar a Worzle, quien se mantenía en el terreno cogiendo cualquier cosa que estuviera a su alcance y tirándola contra ellos. A veces eran hojas. Una vez, para deleite de los babuinos, fue un manojo de bananas. Pero, lentamente, Worzle aprendió que las rocas eran mejores, y a medida que pasó el tiempo confió cada vez más en las rocas y comenzó a usarlas cada vez más grandes.
Uno de los acontecimientos más extraordinarios que se llevó a efecto en Gombe fue la subida de un chimpancé llamado Mike desde una posición muy baja entre los machos adultos del grupo hasta una posición dominante. Mike consiguió esto por la notable proeza intelectual de encontrar una nueva y muy terrorífica arma con la cual intimidar a otros machos, que hasta entonces tenían el hábito de rodearlo, pateándolo y empujándolo con impunidad. El gran descubrimiento de Mike fue que Jane Goodall tenía latas de petróleo en su tienda de campaña. Pudo entrar en ella, cogió dos o tres latas de 15 litros y después, deliberadamente, se echó encima de un grupo de machos de alto rango que estaban cerca, acicalándose unos a otros tranquilamente.